8 jul. 2018

Los descendientes de R.U.R. (ROBOTS UNIVERSALES ROSSUM) y la imaginación jurídica

 
 
Expertises N° 437 - juillet - août 2018 du mois |
 
Science-fiction : quand l’imaginaire devient source de droit
Fabrice Defferrard, par Sylvie Rozenfeld
 
“La fiction d’anticipation, mal considérée à tort en France, a pourtant une forte influence sur notre vision de l’avenir. Selon Fabrice Defferrard, maître de conférences à l’université de Reims, elle est inspiratrice, voire source de droit. Isaac Asimov n’a-t-il pas inventé les Trois lois de la robotique auxquelles font référence tous ceux qui pensent le droit de l’intelligence artificielle et des robots ? Il nous explique en quoi ces Trois lois sont une source programmatique du droit. Il évoque les grands visionnaires du XXème siècle tels que George Orwell, Philip K. Dick ou Arthur Clarke mais aussi Star Trek, une des séries les plus juridiques qui soit, qui posent les grandes problématiques auxquelles nous sommes confrontées aujourd’hui. Il est également question de justice prédictive et du rôle de la littérature en tant qu’elle nous aide à penser le monde qui vient à nous”.
 
 
sommaire
Focus
Travail : un régime d’exception pour les plateformes
Par Sylvie Rozenfeld
En bref
L’information rapide sur le monde du numérique
Magazine
L’information légale et jurisprudentielle du numérique
Interviews
Science-fiction : quand l’imaginaire devient source de droit
Fabrice Defferrard par Sylvie Rozenfeld
La loi « cnil 3 » : un texte qui s’écarte peu du RGPD
Isabelle Renard par Sylvie Rozenfeld
Doctrine
Données personnelles
Le Cloud Act : origines et conséquences
Par Marc Lempérière
Prospective
Réguler l’IA, oui mais autrement…
Par Isabelle Galy & Rric Barbry
Cybersécurité
Directive NIS : un décret d’application en demi-teinte
Par Garance Mathias & Aline Alfer
Cryptomonnaie
Le Conseil d’Etat revoit la fiscalité du bitcoin
Par Camille Barroso
Prospective
Enjeux et perspectives des Smart Cities
Par Myriam Quéméner
e devient source de droit
 
XXX-xxx-XXX
Karel & Josef Čapek
R.U.R. y El juego de los insectos
Trad. de Consuelo Vázquez de Parga
Madrid: Alianza, 1966, 224 pp.
 

RUR se estrenó en Praga a principios de 1921, y en su momento fue un bombazo porque además de ser una de las primeras obras de teatro de ciencia-ficción e inventar el término robot, dejó las bases de lo que serían todas las obras posteriores sobre la relación entre el hombre y la máquina inteligente. Capek, que tampoco fue el primero en tocar el tema, lo hizo de tal manera que poco de original se encuentra en las obras que durante años han seguido su estela. Ni siquiera Asimov, obsesionado con él asunto, aportó mucho más a la relación entre hombres y máquinas, en incluso en algunos aspectos era más anticuado que el propio Capek.
La acción transcurre en la isla donde se ubica la Fábrica de robots universales Rossum, a ella llega Elena Glory, una joven idealista perteneciente la Liga de la Humanidad a una organización humanitaria dedicada a la liberación de los Robots. Domin el director de la fábrica, le cuenta la historia del viejo Rossum, decidido convertirse en algo parecido a Dios mediante la reproducción artificial de seres humanos, pero acabó produciendo una serie de máquinas para ser vendidas como trabajadores baratos. Elena tiene la certeza de que los robots tienen alma, por eso la actitud casi despreciativa hacia ello de Domin la repugna y todos sus esfuerzos van dirigidos a que tomen conciencia de si mismos, pero los robots son lo que son y se estrella ante su indiferencia.
Sin embargo, con el tiempo algo ocurre. Los índices de natalidad de la humanidad bajan hasta que dejan de nacer niños, a la vez, los robots, a causa de ciertas modificaciones sugeridas por Elena a los técnicos, van despertando a la consciencia y se empiezan a suceder por el mundo incidentes cada vez más graves en los que los robots asesinan a los humanos, finalmente solo quedan los habitantes de la isla que también acaban por ser exterminados. Una nueva humanidad ha ocupado su lugar.
Hay varias cuestiones interesantes en RUR. Capek no imagina a sus robots como artilugios mecánicos, sino como el producto de lo que hoy llamaríamos ingeniería genética. Describe cubas y estampadoras para procesar protoplasma, y crear cuerpos de robot. También indica que deben ser educados programados, pues no nacen como un lienzo en blanco.
También hay que señalar la confusión a la que puede llevar una maquina inteligente a un ser humano. Como si de un Test de Turing se tratara, el aspecto y ciertas respuestas racionales, que no por ello deben considerarse razonadas, pueden hacer creer que la máquina posee sentimientos y conciencia de si misma. Los robots que conoce Elena al principio de la obra no tienen nada de eso, y se lo demuestran una y otra vez, hasta que ella interfiere en el proceso de fabricación influyendo en la creación de robots sintientes.
Tampoco hay que olvidar que la obra se estreno tras la Gran Guerra, que dejó Europa traumatizada. Esa fue la primera guerra maquinista, en la que aviones, tanques, ametralladoras dejaron de ser artefactos más o menos ingeniosos para convertirse en máquinas de repartir muerte. El maquinismo del que en cierto modo advierte Capek es consecuencia de todo ello. Aunque mucho caso no parece que se le haya hecho.
Capek al final propone a los robots, más puros, menos influenciados por la historia y el odio, como herederos del planeta. Aunque en 1920 el maquinismo podía verse con recelo, lo que era incuestionable era la visión de la humanidad como centro del mundo, por eso más que destruirla, la renueva.
La obra es ñoña en algunos aspectos, como la propuesta de matrimonio que le hace Domin a Elena, o el tratamiento caballeroso hacia ella, supongo que son cosas del gusto de la época, pero eso no hace de menos al tema central, hasta que punto conviene jugar a ser Dios
 

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