11 jul. 2018

Bibliotecarios y Letrinas

 
Jorge Luis Borges (1899-1986) escribió en el cuento La Biblioteca de Babel (1941): “El hombre, el imperfecto bibliotecario, puede ser obra del azar o de los demiurgos malévolos; el universo, con su elegante dotación de anaqueles, de tomos enigmáticos, de infatigables escaleras para el viajero y de letrinas para el bibliotecario sentado, solo puede ser obra de un dios”.
 
 
 
Interpretation of Jorge Luis Borges's 'La biblioteca de Babel' (1941)
by Andrew DeGraff (from 'Plotted. A Literary Atlas', 2015)
 
Esta nota, en efecto, concierne al lugar en que el bibliotecario sentado se alivia de los 'ventis ventris et alia materia fluit'. El tema, por más que escatológico no es, sin embargo, menos literario; en el "Ensayo sobre el lugar silencioso (Alianza Literaria, 2015), de Peter Handke (1942), se describen tales dependencias en modalidad de baños públicos y privados, aunque no sólo., por más que el título induzca.
 
 
 
Empero, tratamos de permanecer a la puerta.
 
 
Con todo, quien urgido de emergencias o atraído por la curiosidad siempre podrá explorar esas estancias intimadas por fuera de la Literatura, pero aún dentro de la Biblioteca.
Lléguese en tal caso hasta la parte trasera del jardín de la Huis Den Wolsack, sita en Ámsterdam, donde encontrará el Hofkamer, edificado en 1772, y cuyo retrete de libresca taza forma parte del llamativo mobiliario de la finca. Una auténtica letrina en que bien pudo inspirarse Borges para el inodoro de su babélico bibliotecario sentado.
 
 
 
 
 
 
 
Dígase, no obstante, que el propietario del inmueble –un rico comerciante llamado François Adrien Van den Bogaert– lo dispuso para que sus honorables visitas, si conmovidas por el in promptu de algún intestino movimiento en el bajo bandullo, excusaran el disimulo de la apretura con útil reserva de interés por la instrucción y la lectura.
 
 
J.C.G.

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