16 jun. 2018

Carpentier, que equivocó la ventana, me abrió otra desde donde Kafka vio la Ventana triangular de la Pirámide de la Ley (acaso de la Justicia)


¡Y tú te pones a mirar por la ventana!
Franz Kafka, El Proceso

 

Un fragmento 'De lo real maravilloso americano', de Alejo Carpentier (1914-1982), incluido en Tientos y Diferencias (Montevideo: Arca Editorial, 1967) y que pretende ofrecer argumento donde secundar “la más estupenda sensación de una atmósfera praguense vivida en sus misterios y posibilidades”, dice del siguiente modo:

Cuando en su Diario dice (en 1911) que se encuentra conmovido por una visión de escaleras situadas a la derecha del puente Cech, recibe "por una pequeña ventana triangular" (sólo en aquella ciudad asimétrica, donde se conjugan todas las ocurrencias de una arquitectura fantástica, puede haber una ventana triangular) toda la gracia y la vigencia barroca de las escalinatas que ascienden hacia la ilustre ventana de la Defenestración… (p. 111).

 
Alejo Carpentier, Tientos y diferencias, Montevideo: Ed. Arca, 1967
 

La referencia conduce al día 28 de octubre de 1911, en cuyo Diario Kafka escribió:

La visión de una escalera me impresiona hoy muchísimo. Ya muy de mañana, y varias veces desde entonces, me alegró ver desde mi ventana el fragmento triangular de la baranda de piedra de la escalera que, a la derecha del Puente Checo, baja hasta el nivel del muelle. Muy empinada, como si sólo ofreciera una rápida indicación. Y ahora, al otro lado del río, veo sobre el talud una escalerilla que conduce al agua. Siempre ha estado allí, pero sólo en otoño e invierno, con la retirada de la escuela de natación que la oculta, queda al descubierto, y allí se une al juego de las perspectivas, en la verde hierba oscura bajo los árboles pardos.

 

No se requiere preciso mapa de Praga y bien magnetizada brújula para orientarse con mejor norte que lo hizo Alejo. El Čechův most y la escalerilla que a su al lado derecho, próxima a la antigua Escuela Civil de Natación, desciende hasta las aguas del Moldava, donde Kafka y su amigo Max Brod practicaban el remo y la natación, no se encuentra mínimamente próxima a la Torre de la Defenestración, adosada a las edificaciones del Castillo, desde cuya ventana más alta arrojaron a los emisarios del Emperador un 23 de mayo de 1618, ni es visible desde ventana triangular ni de cualquiera otra geometría.
 
 
Čechův most
 
 
Torre de la Defenestración
 
 
Václav Brožik (1851-1901). Defenestrace pražská, 1618 (1889)
 
Pero es cierto, sin embargo, que Kafka sentía una peculiar atracción por las ventanas, y que a través de muchas de ellas es posible percibir –como sostuvo Carpentier– la “atmósfera praguense vivida en sus misterios y posibilidades.” Así, por ejemplo, creo que una vez la mirada kafkiana sugirió la visión desde una lucerna triangular que no tenía forma de ventana.

Para desarrollar la figuración de una ‘ventana triangular’ es necesario probar su hipotética localizacón. Arquitectonicamente una ventana de tales características puede muy bien ser parte de las luces y vanos de un desván o una buhardilla. En la visita que K. y su tío hacen al domicilio-bufete del abogado Herr Dr. Huld el primero expresa a éste una duda. Le pregunta, en concreto: “¿Pero usted trabaja en el Palacio de Justicia o en el Tribunal de las buhardillas?”. En la aventura procesal de Josef, este capítulo contiene, además, referencia a una mirilla a la puerta del inmueble desde la que un ojo observa a la llegada de la visita.

Tenemos, pues, una ventana triangular apropiada a la disposición espacial de un edificio judicial abuhadillado y un ojo que inquisitorialmente, observa, a través de la rejilla, a quienes esperan del otro lado de la puerta. Siempre hay una espera ante la Ley, o sus representantes. Previamente, no obstante, existe en ese mismo capítulo una observación por parte de K., todavía hallándose en su oficina al momento de la llegada del preocupado tío, relacionada con una ventana –las ventanas abundan en toda la novela– y su situación procesal. A preguntas del tío, muy intranquilo, sobre lo que había llegado a sus oídos, sucede lo siguiente:


K no respondió: sabía lo que vendría a continuación, pero, repentinamente relajado al dejar el fatigoso trabajo, se apoderó de él una agradable lasitud, por lo que se limitó a mirar por la ventana hacia la calle de enfrente, de la que desde su sitio sólo se podía ver una pequeña esquina, la pared desnuda de una casa entre dos escaparates de tiendas.

––¡Y te dedicas a mirar por la ventana! ––exclamó el tío alzando los brazos––. ¡Por amor al Cielo, Josef ¡Respóndeme! ¿Es verdad? ¿Puede ser verdad?


La “pequeña esquina” se compadece con una ‘sección triangular’, y si aplicamos al fragmento una sinécdoque, entonces el entendimiento simultáneo –que eso significa aquel recurso literario– hace que la ventana se triangule. ¿Podría ser esta ventana triangular la equivocada ventana de Carpertier abierta a “las escalinatas que ascienden hacia la ilustre ventana de la Defenestración”?  Bien, podría ser; o, bien podría ser.
Pero, pienso, no es lo importante averiguar la ventana triangular desde la que K. observa. Lo que interesa es quién observa a K. –y qué ventana observó Kafka– desde una ventana cuya geometría ha de ser triangular.
La respuesta a ambos dilemas –de los que Alejo Carpentier es el principal responsable– se encuentra más avanzada la situación narrada en este capítulo. Está en el siguiente pasaje:
 

K avanzó lentamente por la calle, como si tuviera tiempo o como si el juez de instrucción le estuviera viendo desde una ventana y supiera que K iba a comparecer.

La situación, pues, se desarrolla como si un juez de instrucción le observara desde una ventana. Si esa ventana fuera triangular y K. se moviera lentamente por una calle escalonada camino de su defenestración, esa ventana sería equivalente a un Delta luminoso.
Existe en Praga un ojo inscrito en un triángulo, un ojo panóptico que todo lo ve, el ojo del Juez de Instrucción subido a una pilastra barroca. El ojo interior de un triangulo, rodeado de rayos de luz, empinado a lo más alto de la Columna de la Peste con la estatua de la Santísima Trinidad –del Dios trino, de las tres personas en una sola, el Triángulo– frente a la Iglesia de San Nicolás.
 
Boží oko v Praze. Trojice na Malostranském náměstí v Praze
 
 
Aquel es el Ojo de la Ley que todo lo ve. La omnisciente ventana triangular, o también la Pirámide de la Ley –anhelemos de la Justicia– ante la que hemos de Comparecer.
J.C.C.

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