1 may. 2018

Más sobre 'manadas', jueces y cine porno




Mi pequeño post de ayer, naturalmente, concernía al caso ‘Manada’ y a la actuación de los jueces –todos– que han emitido la resolución. E, igualmente, procuraba con la provocación generar reflexiones como las vuestras, siempre inteligentes. A mi modo de entender, este ‘caso’ no era excesivamente complejo, o difícil. No había demasiados hechos ‘difíciles’, y ninguno perdificilis, es decir, de esos que yo modestamente llamo ‘disipados’. Había un hecho fácil, por admitido entre las partes; que la relación sexual se había producido. Lo que quedaba por establecer era, como casi siempre, la ‘ocurrencia’ fáctica y, de ahí, valorar a) si relación se había producido de manera consentida o no; b) Y, de no haber sido consentida, de qué modo o en qué medida se desarrolló su dinámica, con violencia o intimidación, o no. Respecto a lo primero (a), existía un elemento probatorio como era la grabación de aquella relación sexual, de cuya valoración cumple responder a la cuestión (b). Y no es indiferente detenerse en el tipo de material probatorio en cuestión, una ‘documental’ videográfica. Lo señalo porque así como con otros medios y elementos de prueba (testificales, testimonios o informes perciales) los tribunales disponen de cuantificaciones operativas o parámetros jurídico-doctrinales o jurisprudenciales, en el caso de la inmensa mayoría de la experiencias relacionadas con la ‘cultura visual del Derecho’ –en EEUU lo llaman ‘visual jurisprudence’– y que incluye desde una grabaciones de cámaras de vigilancia hasta la reconstrucción virtual de un accidente de tráfico, siguen ‘a ciegas’. Esto, claro, también afecta a los profesionales de la abogacía y, desde luego, a la formación que se suministra en la Facultades de Derecho, donde parece que acaban de descubrir, alborozados, el daguerrotipo. Por lo demás, he indicado la palabra ‘documental’ así, entrecomillada, porque es evidente que tampoco los criterios de valoración del documento (un atestado policial, un testamento u otras) son aplicables a un video.
En el caso de una grabación de contenido sexual los problemas de puntualización objetiva del hecho, de valoración de probatoria y expresión del rendimiento de la prueba practicada acaban por convertir el ‘hecho fácil’ en un hecho ‘dificultoso’. El que yo sugiera que los jueces visionen ‘cine porno’ y lo hicieran, al menos, en una medida suficiente –expresión que adeudo a la sutileza lingüística británica (“It's enough”, “It is enough for me”) y excluye ‘lo demasiado’ (“it's too much for me”)– ofrece una (conscientemente provocadora) alternativa de ‘capacitación’, es decir, una herramienta con la se puede colmar o colmatar un conocimiento insuficiente, que es necesario poseer a efectos de ‘puntualización’, ‘valoración’ y ‘expresión del rendimiento’. Porque, de lo contrario, podría suceder –y, de hecho, así me parece que ha sucedido– que los jueces de este ‘caso’, todos, acaso ‘padecieran’ el pernicioso efecto de un sesgo cognitivo. Y éste sería, en mi opinión, creer que la vida (sexual) es como una película porno, y que una película porno es tan real como la película de la vida (sexual). Lo cual, sea dicho de paso, es en los dos sentidos erróneo. Ya traté de matizar el por qué.
Aparte de ello, y como cuestión no única, pero sí formando parte de la medular, está la dificultad ‘normativa’ de determinación de la violencia o intimidación, restante de haber apreciado, al menos el voto mayoritario, que no existió consentimiento. Mi impresión general es que este voto ha construido un ‘bonus’ de sentencia, pero ello no impide examinar el argumento y, de conclusión, aceptarlo o no. Yo no lo comparto. Creo que sólo Quijote puede confundir ‘rebaños’ con ejércitos, si bien su error de apreciación no se hubiera producido tratándose de una ‘manada’. Tampoco creo que sea necesario tener sillón en la RAE, además de en la Audiencia, para comprender qué es una ‘manada’. Quienes integraban la ‘Manada’ formando de ese modo un hato, o también una ‘cuadrilla’ –expresión muy sanfenminera– y mejor un ‘pelotón de gente’, establecían por sí mismo la condición de ‘prevalimiento’. Pero no era una ‘manada’ que paciera en el valle de Baztan o del Roncal, ante la que la razón aconseja no perturbar su paz, no. Aquel conjunto de ciertos animales de la misma especie -dudo entre los elefantes africanos y los búfalos- que andaban reunidos en torno a la chica de 18 años estaba ‘en marcha’ y no precisamente de paseo. Y una manada en marcha no produce ‘sólo’ prevalimiento sino, como mínimo, intimidación. ¿Quién puede ‘parar’, de qué modo cabe ‘detener’ a una ‘manada’ de animales que está en estampida, y descarga a la carrera y sin miramiento alguno por nadie ni por nada, el furor de su deseo sexual? Hubo intimidación derivada de una situación de prevalimiento –aprovechar positivamente las ventajas y prerrogativas que se poseen con respecto a la víctima por razón de una posición de superioridad general– pero en prevalimiento no meramente posicional y presencial o estático, porque esa situación de superioridad física no indica únicamente previsibilidad de un mal mayor ulterior derivado instrumentalmente del aprovechamiento malintencionado, sino exigibilidad en términos de ultimátum intimidatorio e invencible. Así actúa una ‘manada’ cuando una ‘manada’ actúa. La 'Manada' en cuestión actuó. Y así lo veo yo, y es como lo veo porque, me parece, que los jueces de este caso no han visionado ‘cine porno’, o no lo suficiente, y pueden haber creído que lo que lo sucedido entre la ‘Manada’ y la chica de 18 años comprimida y embestida entre las cuatro paredes del cuartucho era una inserción de la ‘película’ de la vida real en una ‘película’ de género pornográfico, o, bien, y lo que es peor, que llevados por sueños de ‘cine porno’ hayan creído que 'todo en la vida es cine (porno)'.
Eso se remedia de una única y excelente manera: para no acabar construyendo un argumento pornográfico lo mejor es ir a ver ‘cine porno’. Es instructivo en múltiples posibilidades y, además, evita la 'alarma social' creada, que es un argumento de tipo consecuencialista que también convendría haber integrado en la sentencia, y del que nadie habla; ¿o será mejor no hacerlo, y que se quede para otra oportunidad enlque las sentecian sean, junto a respuestas técnicas, asimismo docet?
 
J.C.G.

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