30 abr. 2018

TODO LO QUE USTED QUISO SIEMPRE SABER ACERCA DEL SEXO, PERO NUNCA SE ATREVIO A PREGUNTAR (A UN JUEZ)


No sé, no sé si los jueces deben ver más cine porno. Tal vez nunca hayan visto una producción de cine porno. Y me pregunto, ¿no producirá esta carencia algún déficit epistemológico? O tal vez sí hayan visto cine porno, pero no el suficiente. ¿Qué es suficiente? Es lo que te permite comprender; ‘suficiente’ es aquello que alcanza a lo capaz. No haber visto cine porno, o no lo suficiente te puede convertir en alguien no capaz para juzgar. A la aptitud de juicio puede colaborar una dosis visionado de cine porno., al menos en medida suficiente Así, prima facie, se puede conceptuar qué es porno y qué no lo es. Recuerdo haber leído hace muchos años un estudio de semiótica cinematográfica que incidía en el hecho de la no distancia temporo-espacial. En el cine porno todo sucede a lo largo de todo el tiempo; no hay cortes, no existe mediatez; todo es continuum, todo es inmediatez. En la vida real, rigen otros parámetros; las secuencias no son tan morosas, tan interminables y, sobre todo, tan inagotables. Por eso, constituye un error enorme –algo que rompe con la norma- creer posible subsumir una relación sexual en las imágenes de un film porno. En un film porno no sucede la vida; por eso, para tratar de paliarla, aquella insistencia en reproducirla sin interrupciones; y en eso consiste buena parte de ‘lo pornográfico’. De ahí, el beneficio de que los jueces visionen cine porno; para distinguir lo que sucede en el cine porno, de lo que sucede en la vida real. La ‘película’ de una relación sexual fuera de la pantalla no sucede como en la pantalla que proyecta una ‘película’ porno. Principalmente porque –a pesar de lo que cantaba Aute– no ‘todo en la vida es cine’. Estoy convencido de que si algunos jueces hubieran visto cine porno, y mejor suficiente cine porno, no confundirían epistemológicamente una relación sexual con el cine porno. Visionar cine porno enseñaría a los jueces –desde luego a algunos jueces– que no toda relación sexual es como se presenta en una relación sexual pornográfica. Cuando un actor o actriz de cine, o de teatro, tropieza y se cae, su caída es ‘de cine’, o ‘de teatro´. Recuerdo –me ha dado por recordar– una representación teatral de aficionados que caían, demasiado voluntariosos, sobre las tablas de un modo que era tan forzado que resultada inverosímil y toda la platea temía por su integridad. Hay un inverosímil suspendido en una proyección de cine porno; son necesarias, en verdad, muchas suspensiones de incredulidad. La más llamativa es la de los atletas de ambos sexos; varones inagotables y mujeres insaciables; varones donantes libérrimos y mujeres que reciben sus liberalidades con satisfacción incontenible, e incluso demandando la prodigalidad. Esa misma distribución de roles ya es pornográfica. Las relaciones sexuales no pornográficas ponen un límite a ambas portentosas naturalezas, y a también a aquella distribución predeterminada. La vida fuera del cine porno no es tan pornográfica como en el cine porno, no es cine porno. Por eso, y para comprenderlo, los jueces acaso deben –deberían– ver cine porno, al menos el suficiente. De lo contrario, pueden juzgar como pornográfico lo que no lo es, y aún reputar como no pornográfico lo que lo es. Creo que de esa confusión se alimentan algunos sueños, y los sueños –no le quitare razón a Aute por segunda vez- cine son. Algunos jueces tienen sueños de ‘cine porno’ porque creen que 'todo en la vida es cine (porno)'.
 
J.C.G.

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