Friday, January 27, 2017

En la universidad alemana. Recuerdos de Francisco Ayala sobre Triepel, Schmitt y Heller

Francisco Ayala (1906-2009)

“Desde mi llegada a Berlín, quizá ya al día siguiente o al otro, había empezado a frecuentar los pasillos y aulas de la Universidad, si biblioteca. Mi primer contacto con la tan idealizada institución supuso para mí un completo desencanto. Entre a la clase de un profesor de Derecho político o constitucional, Triepel, hombre de gran reputación, cuyo mérito me había sido encarecido de forma especial por Pérez Serrano; me senté entre la multitud de estudiantes, que hacía ruido, entraban y salían, arrastraban los pies, comían manzanas o naranjas y conversaban sin prestar la menor atención a aquel señor que, sobre el tablado, parapetado tras de enormes bigotazos, emitía –según lo que pude entender- conceptos bastante elementales. Todo, tan contrario a lo que yo me había figurado. Reflexioné, para no renunciar  a mis ilusiones, que aquello sería sin duda una de esas clases para escolares primerizos que un gran profesor se ve con frecuencia obligado a dictar, reservando sus altos saberes para grupos selectos en seminario especializados; y, desde luego, mi reflexión era razonable e iba encaminada; pero eso no quita para que, apenas asomar las narices al templo de Minerva, recibiera en ellas un jarro de agua fría.


 Heinrich Triepel

Después de haber explorado algo el panorama me puse en relación con un docente relativamente joven, Hermann Heller, cuyos libros adquirí y me esforcé en descifrar (¡qué trabajosa prosa la suya,  en contraste con la de Carl Schmitt, de quien traduciría yo más tarde en España la Teoría de la Constitución!) y cuyas lecciones –las de Heller, digo- escuché como oyente libre, pues de poco podía valerme el seguir cursos regulares cuando lo que yo necesitaba y esperaba de mi estancia en Alemania era cosa bien distancia.
 
 
Hermann Heller
 
 
Carl Schmitt
 
Quiero consignar aquí que muy pocos años más tarde –poquísimos, ¡tan imprevisibles son las vueltas de la fortuna!- tendría yo la triste satisfacción de poder ofrecerle refugio en nuestra Universidad a este Hermann Heller, fugitivo de Hitler. Mi antiguo profesor pertenecía al partido socialdemócrata, y fue uno de los contados dirigentes de partidos obreros que intentaron organizar alguna resistencia contra el impetuoso nazismo. Pudo huir de Alemania. Para entonces yo era ya en Madrid secretario de la Facultad de Derecho; y bajo el decanato de don Adolfo Posada se creó en ella una cátedra para Heller. Sólo un par de años pudo ejercerla el desdichado. Nuestro hombre que – siendo soldado en las trincheras de la Iª Guerra Mundial- había contraído una dolencia pulmonar por efecto de los gases asfixiantes agravada ahora con la peripecia hitleriana, no tardaría en su sucumbir al peso de su corazón enfermo. Recuerdo bien el momento de inhumar si cadáver; recuerdo a don Adolfo Posada, a Pérez Serrano, a otros profesores y estudiantes, rodeando a la viuda, figura corpulenta cubierta de crespones desde la cabeza a los pies, todos parados al borde de la tumba, en el cementerio madrileño del Este…”

 



Francisco Ayala, Recuerdos y olvidos. 1. Del paraíso al destierro. 2. El exilio. 3. Retornos. Madrid: Alianza, 1988, pp. 159-160.

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