Wednesday, April 13, 2016

Monstruario jurídico. El sistema judicial: un montón de largos tentáculos.


Takahashi runs his finger round the perimeter of his  coffee cup, “So once I started having thoughts like this, everything began looking different to me. To my eyes, this system I was observing, this 'trial' thing itself, began to take on the appearance of some special. weird creature.” “Weird  creature?” “Like. say, an octopus. A giant octopus lin'ng way down deep at the bottom of the ocean. It has this tremendously powerful life force, a bunch of long, undulating legs, and it's heading somewhere, moving through the darkness of the ocean… It takes on all kinds of different shapes—sometimes it's 'the nation,' and sometimes it's 'the law,' and sometimes it takes on shapes that are more difficult and dangerous than that. You can try cutting off its legs, but they just keep growing back. Nobody can kill it. It's too strong, and it lives too far down in the ocean. Nobody knows where its heart is. What I felt then was a deep terror. And a kind of hopelessness, a feeling that I could never run away from this thing, no matter how far I went. And this creature, this thing doesn't give a damn that I'm me or you're you. In its presence, all human beings lose their names and their faces. We all turn into signs, into numbers

Haruki Murakami, After Dark (2004), Random House, 2011, cap. IX, p. 97
 

Takahashi pasa la yema del dedo por el borde de la taza de café.
–Y en cuanto empecé a pensar de esa forma, hubo muchas cosas que se me aparecieron bajo un prisma diferente. Vi el sistema judicial, en sí mismo, como un ser vivo especial, extraño.
–¿Un ser vivo especial?
–Sí. Un pulpo, por ejemplo. Un pulpo gigantesco que habita en las profundidades marinas. Tiene una vitalidad extraordinaria, avanza por el fondo negro del océano haciendo serpentear un montón de largos tentáculos. Mientras asistía a los juicios, no pude evitar imaginármelo de esa forma. Y ese ser vivo adopta diferentes formas, ¿sabes? A veces adopta la forma del Estado; otras, la de las leyes. También puede adoptar formas retorcidas, más complejas. Y aunque le cortes una y otra vez los tentáculos, vuelven a crecer, siempre. Nadie puede acabar con él. Es demasiado fuerte, vive en una sima demasiado profunda. Ni siquiera sabemos dónde tiene el corazón. Yo, en aquellos momentos, sentí terror. Y me desesperaba pensar que, por muy lejos que intentara escapar, sería incapaz de huir de él. Aquel ser no piensa que yo soy yo y que tú eres tú. Ante él, todos perdemos nuestro nombre, todos dejamos de tener un rostro. Todos nos convertimos en un signo. En un simple número.
 
Verne (1828-1905)
Twenty Thousand Leagues Under the Sea
Captain Nemo observes an giant octopus from the viewing port of the submarine Nautilus
 
Lord Alfred Tennyson (1809-1892)


The Kraken
Below the thunders of the upper deep;
Far, far beneath in the abysmal sea,
His ancient, dreamless, uninvaded sleep
The Kraken sleepeth: faintest sunlights flee
About his shadowy sides: above him swell
Huge sponges of millennial growth and height;
And far away into the sickly light,
From many a wondrous grot and secret cell
Unnumbered and enormous polypi
Winnow with giant arms the slumbering green.
There hath he lain for ages and will lie
Battening upon huge sea-worms in his sleep,
Until the latter fire shall heat the deep;
Then once by man and angels to be seen,
In roaring he shall rise and on the surface die.
‘The Kraken’ en Alfred Tennyson, Poems, Chiefly Lyrical, Effingham Wilson, Royal Exchange, Cornhill, London, 1830. p. 154
El Kraken
Bajo los truenos de las superficie,
en las grietas del mar abismal,
el Kraken duerme su antiguo sueño sin sueños.
Pálidos reflejos se agitan alrededor
de su oscura forma;
vastas esponjas de milenario crecimiento y altura
se inflan sobre él, y en lo profundo de la luz enfermiza,
pulpos innumerables y desmedidos baten
con brazos gigantescos
la verdosa inmovilidad,
desde secretas celdas y grutas maravillosas.
Yace ahí desde siglos, y yacerá,
cebándose dormido de inmensos gusanos marinos
hasta que el fuego del Juicio Final consuma la hondura.
Entonces, para ser visto una sola vez por hombres y por ángeles,
rugiendo surgirá y morirá en la superficie.
 


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