Thursday, March 24, 2016

Miguel de Cervantes, el disimulo del discreto




Jordi Gracia
Miguel de Cervantes. La conquista de la ironía
Taurus, Barcelona/Madrid, 2016, 472 pp.
ISBN: 9788430618064

 
Esta biografía aspira a despojar a Cervantes de los 400 años de historia que le han caído encima para acercarnos a su dimensión humana y sentimental, a su condición de firme hombre de armas e inagotable hombre de letras, al escritor único y a su vitalidad arrebatada, a su defensa de la mujer y a su afán por entender la existencia como nadie la había entendido hasta entonces: en la encrucijada moderna de la ironía. Esa ha acabado siendo su mejor intimidad.
Ni desvalido ni predestinado, Cervantes logró escapar de su tiempo para plantarse en el centro del nuestro porque solo los clásicos viven como auténticos modernos. Pero ninguno lo es tanto como Cervantes en el Quijote, cuando ya la edad le encorva la espalda, sigue entera la alegría y nada le amarga el ánimo. La ironía y el ideal se dan la mano por primera vez en una novela imposible en su tiempo y tan genial hoy como entonces. Algunas de las razones para ese sortilegio están en esta biografía escrita con impulso narrativo, a pie de calle, fidedigna y renovadora.
 
 
 
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Ilustración: ULISES
 
 
Luis Alemany, “Miguel de Cervantes fue feliz”. Diario ‘El Mundo ed. de 12/03/2016

 
"¿Odiar un poco al biografiado? Eso lo tuve muy claro con el libro de Ortega y Gasset. En ese libro, parte del trabajo era blindarme contra la antipatía que sabía que iba a sentir contra Ortega. Cervantes es más difícil de odiar, pero sí recuerdo un momento en el que me topaba con el dogmatismo que tenía de joven, su manera de ir en contra de los musulmanes y no era difícil sentirlo un poco... lejano".
Jordi Gracia habla de su Cervantes, La conquista de la ironía (Taurus), la tercera gran biografía en su carrera después de las de Ortega y Dionisio Ridruejo. También es la más heterodoxa, la que menos tiene que ver con su trabajo de filológo/historiador de la cultura. La que más se parece a la literatura: el amor, la envidia las aventuras, la guerra, las bromas... Esos son sus temas. "El proyecto consistía en imaginar la figura moral de Cervantes a través de 1.500 documentos que se conservan sobre su vida pero que apenas nos dicen nada y, sobre todo, a través de su obra completa. Y, en paralelo, contemplar cómo se va engendrando la genialidad que es el Quijote. Cómo las modulaciones en la vida de Cervantes llevan a ese momento pletórico y explosivo al final de su vida. La idea es una pequeña extravagancia para mí pero encajaba en mi disponibilidad para la felicidad".
La felicidad es la palabra clave. La conquista de la ironía retrata a un Cervantes que, en contra de lo que se suele pensar, no es un marginado ni un hombre derrotado por la vida. Y eso pese a la apariencia: cuando acabó el segundo Quijote, Cervantes tenía seis dientes y joroba, estaba calvo, sufría (seguramente) problemas de próstata y de diabetes... No era un hombre de aspecto ni actitud extravagantes ni tampoco un transgresor, sino un viejo socarrón. Pero se murió haciendo bromas. "¿Quién puede despedirse así si está resentido?", pregunta Gracia.

Autoayuda cervantina

El gran atractivo de su Cervantes es que su vida parece un buen modelo moral para envejecer. El libro retrata a un hombre capaz de viajar desde el dogmatismo de la juventud hasta el escepticismo sin convertirse en un cínico ni en una persona angustiada. "Es que ésa es una de las esencias del Quijote, es una manera de negociar con la realidad y los ideales sin perder el talante; relacionarse con el mundo sin convicciones absolutas ni relativismos ni envaramiento. Ese estar disponible para la falibilidad de la vida es lo que le da un aliento muy natural y vital al Quijote". Cervantes fue una persona tan moderna como para no creerse nada y no tomarse nada en serio, pero, al mismo tiempo, ser bueno para la gente que le rodea y, quizá, feliz.
"Cervantes escribe el Quijote en un momento en el que su mundo se está acabando: se han muerto Felipe II, Juan de Austria y Alejandro Farnesio. Las causas a las que se había entregado, por ejemplo la liberación de Argel, ya no interesaban. O la lucha contar los luteranos en Inglaterra... Eran causas en las que había creído y que ya no importaban, pero él no renegó de ellas, sólo las emplazó a otro ugar. Cervantes entendía que las cosas pueden ser y no ser y que si son, son tienen componentes nobles y otros dañinos". ¿Y a qué suena eso? "¡Al Quijote! La risa que se hiela, el personaje que es admirable y a la vez es patético..."
Entonces, ¿por qué aparece la palabra ironía en el título del libro de Gracia? La ironía, solemos pensar, tiene algo de agresión En cambio, el humor en Cervantes es compasivo... "Hay un sentido de la ironía que tiene que ver con el humor burlón que a veces puede ir contra alguien. Cervantes practicó la sátira de joven y después la deploró. Y hay otro sentido de ironía que es más estructural, que es una forma de pensar la experiencia humana sin ninguna creencia absoluta", explica Gracia. "Vivir en la ironía es entender una idea y su contraria. Es ver mejor. Es una conquista".
La ironía lleva hasta Lope de Vega, el enemigo mortal de Miguel de Cervantes. "Hubo, al principio, un momento de amistad y admiración mutua. Cervantes, que era 20 años mayor, fue el primero en apreciar el talento de Lope y nunca, ni en el momento más amargo, dejó de reconocerle el mérito a su teatro". Pero Lope era una bestia, un loco, un narciso que quería llevarse él solito toda la gloria que en el mundo hubiera. Cervantes lo retrató un poco socarronamente. "Se burlaba un poco de sus petulancias. El tono es el de 'anda ya, Lope, ¿a dónde vas con estas ínfulas'. Pero Lope se rebotó, se puso agresivo y empezó el ataque. Que si Cervantes era un cornudo arrogante, que si el Quijote era una extravagancia...".
En eso acertaba. "Claro que es un libro extravagante. Es un libro único escrito desde la libertad que ya no mide su futuro con nadie y tiene una libertad tal que puede experimentar hasta el límite", explica Gracia.
Al final, resulta que la historia de Cervantes y Quijano es muy parecida a la de Marcel Proust y El tiempo perdido: tenemos a un escritor valioso pero que no ha escrito nada realmente crucial y que ya está "en el tiempo de descuento", como dice Gracia. Entonces mira hacia atrás y da con una historia insólita en cuyo hilo encuentra la manera de darle un sentido a la vida. A la suya y a la de los demás. "Cervantes murió con 69 años y estaba en plenitud. Con 69 años, en el siglo XVII no eras viejísimo pero sí que eras bastante viejo. Piense en que Quevedo, con 40 años, dijo que se sentía acabado. Y hay un dato interesante. La gente que le rodeaba tenía 30 años menos que él". Cervantes se sentía querido y conectado al mundo. Sabía de su talento y del valor del Quijote, aunque le quedaba el pequeño sinsabor del desdén de la alta cultura. "Hay un momento de la segunda parte del Quijote en el que Cervantes bromea con que el emperador de China quiere llevárselo de tanto que le había gustado. Pero detrás del chiste había una verdad: el Quijote ya se había traducido al español y al inglés. A Cervantes le sentó maravillosamente el éxito pero también de eso se reía".

 
Fuente: accesible en http://www.elmundo.es/cultura/2016/03/12/56e2e7fa268e3e1b7a8b458f.html

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