Tuesday, January 19, 2016

Kafka y el pie de trinchera



Kafka era previsor y compró unas botas militares en julio del 14. Debían estar a buen precio, no era invierno y la guerra era aún muy limitadamente mundial. Pero toda esa prudencia heurística con el calzado de campaña fue, al cabo, ineficiente. Kafka no fue movilizado, jamás pisó una trinchera y los campos de batalla fueron siempre algo muy por detrás del horizonte de los tejados praguenses, mucho más allá de la Torre de la Polvora. Algo conoció sólo por persona interpuesta, su cuñado, durante uno de los permisos de éste a finales de otoño de aquel año, quien sí había sido movilizado, y estuvo en trincheras y pateó los campos de batalla con botas de soldado, convenientemente facilitadas por el ejército austro-húngaro, que también le proveyó del resto de la equipación reglamentaria. Lo que le contó de su experiencia está refigurado por Kafka en la escritura del cuento  “El topo gigante”. Lo demás, el inmenso resto de botas, trincheras y mutilados no está, no existe en la obra de Kafka. La guerra terminará en 1918. Pasada una década desde la fecha de inicio, es decir, aproximadamente en 1924, el topo vuelve a la excavación para construir -es "La construcción"- un complejo y laberintico sistema de túneles, un dédalo privado donde atrincherarse, donde tener su madriguera, o su tumba. Lo subterráneo es siempre más kafkiano que la aérea superficie. Toda otra relación de Kafka con la Gran Guerra es un ejercicio de ignorancia cronológica, inútil además cuando existen explícitos calendarios para desmentirlo. El único posible vínculo de Kafka con la Gran Guerra era la gran guerra, una colosal contienda, que Kafka libraba consigo mismo, clandestina -poco conocida de su derredor- y excavaba en la parte más profunda, en la cavidad más recóndita de su interior, y que le horadaba la piel del alma convirtiéndola en un tapiz lunar, semejante a la huella de miles de cráteres tras el estallido de obuses autopropulsados.
Pero uno, a veces -cuantas veces- oye, y hasta escucha -porque presta atención, por cortesía, aunque no debiera- tantas trivialidades, tanto hurto de tópicos atópicos, tanta banalidad ... ¿Confío en una 'transformación' del prójimo?. No, ya no permanezco a la espera de que esa metamorfosis acaezca. La razón es sencilla; estoy convencido de que el proceso de las pupas se ha iniciado, y en algunos especímenes está muy próximo a la eclosión. Por eso, me tomo el cuidado de revisar las suelas de mis botas, que golpeo con fuerza contra el suelo comprobando su buen estado, y también de acumular bastante repelente universal contra insectos.
 
J.C.G.

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