Monday, December 21, 2015

De la guerra sucia. La 'Ley de fugas', algo de historia y literatura

Convienen algunas precisiones sobre la práctica de 'guerra sucia' conocida como ‘ley de fugas’ (while attempting to escape), consistente en la ejecución extrajudicial de un detenido durante su conducción simulando un intento de evasión. Contra la extendida opinión de que en España alguna vez existió una autorización legislativa habilitante de su ejercicio debe precisarse, no obstante, la completa falta de fundamento. Existió, en efecto, aplicación de la ‘ley de fugas’ durante el s. XIX en la persecución del bandolerismo andaluz. Asimismo en el s. XX, con la brutal represión de los movimientos anarcosindicalistas, particularmente en Cataluña, llevada a cabo por el general Severiano Martínez Anido (1862-1938), gobernador civil de Barcelona (1919-1922), al tiempo de la huelga general de 1919, y también por el Jefe de la Dirección General de Seguridad en esa misma ciudad, Miguel Arlegui Bayonés (1858-1924), entre 1920-1920. Carente de todo rigor será, sin embargo, sostener que en los años finales de la Restauración borbónica, Eduardo Dato Iradier (1856-1921), presidente del Consejo de Ministros, “legalizara” durante su último gobierno para la actuación de las fuerzas de orden público el expeditivo procedimiento de ‘ley de fugas’ (véase Carlos Seco Serrano, “El último gobierno de Eduardo Dato”, Boletín de la Real Academia de la Historia CLXXXVIII/Z (1991), pp. 251-302, en esp. pp. 290-291), sin que ello signifique que bajo presión de la cúpula militar, ciertamente, no mostrara tácita admisión. Desde luego, esa convicción impulsó al anarquista catalán Pere Mateu i Cusidó (1895-1982), quien le asesinó el 8 de marzo de 1921, y más tarde declararía: “Yo no disparé contra la persona de Eduardo Dato, son contra el gobernante que había autorizado la ley de fugas” (Carlos Seco Serrano, cit., pp. 301-302).
 
 

Dos elementos de juicio pueden ser incorporados a este punto. Uno, a través de la obra del periodista y novelista Francisco Camba Andreu (1882-1948), titulada La ley de fugas [Editorial Reus (t. VII de la col. ‘Episodios Contemporáneos’, Madrid, 1946), que en su edición original aparece con camisa ilustrada con dibujo –probablemente de Luis Gil de Vicario (1900-1959)– en el que se representan unas manos que quiebran violentamente los brazos de cruz de una balanza, bajo la que aparecen renunciadas la venda y la espada simbólicas de la Justicia.
 
 
 
Francisco Camba,  La ley de fugas. Instituto Edit. Reus. Madrid, 1946, 300 pp.
 
El otro, procede de Luces de bohemia (1924), de Ramón María del Valle-Inclán (1886-1936), en cuyas escenas VI y XI resuena, en claro eco, el dramatismo y la denuncia de la terrible ‘ley de fugas’.


Ramón María del Valle-Inclán (1886-1936)
 

 
Luces de Bohemia. Esperpento, Renacimiento [Imp. Cervantina], Madrid, 1924
 
ESCENA SEXTA

El calabozo. Sótano mal alumbrado por una candileja. En la sombra, se mueve el bulto de un hombre.-Blusa, tapabocas y alpargatas-Pasea hablando solo. Repentinamente se abre la puerta. MAX ESTRELLA, empujado y trompicando, rueda al fondo del calabozo. Se cierra de golpe la puerta.

MAX .- ¡Canallas! ¡Asalariados! ¡Cobardes!

VOZ FUERA.-¡Aún vas a llevar mancuerda!

MAX .- Esbirro!

Sale de la tiniebla el bulto del hombre morador del calabozo. Bajo la luz se le ve

esposado, con la cara llena de sangre.

EL PRESO.-¡Buenas noches!

MAX .- ¿,No estoy solo?

EL PRESO.-Así parece.

MAX .- ¿Quién eres, compañero?

EL PRESO.-Un paria.

MAX .- ¿Catalán?

EL PRESO.- De todas partes.

MAX .- ¡Paria!... Solamente los obreros catalanes aguijan su rebeldía con ese denigrante

epíteto. Paria, en bocas como la tuya, es una espuela. Pronto llegará vuestra hora.

EL PRESO.- Tiene usted luces que no todos tienen. Barcelona alimenta una hoguera de

odio, soy obrero barcelonés y a orgullo lo tengo.

MAX .- ¿Eres anarquista?

EL PRESO.- Soy lo que me han hecho las Leyes.

MAX .- Pertenecemos a la misma Iglesia.

EL PRESO.- Usted lleva chalina.

MAX .- ¡El dogal de la más horrible servidumbre! Me lo arrancaré, para que hablemos.

EL PRESO.- Usted no es proletario.

MAX .- Yo soy el dolor de un mal sueño.

EL PRESO.- Parece usted hombre de luces. Su hablar es como de otros tiempos.

MAX .- Yo soy un poeta ciego.

EL PRESO.- ¡No es pequeña desgracia...! En España el trabajo y la inteligencia siempre

se han visto menospreciados. Aquí todo lo manda el dinero.

MAX .- Hay que establecer la guillotina eléctrica en la Puerta del Sol.

EL PRESO.- No basta. El ideal revolucionario tiene que ser la destrucción de la riqueza,

como en Rusia. No es suficiente la degollación de todos los ricos: Siempre aparecerá un

heredero, y aun cuando se suprima la herencia, no podrá evitarse que los despojados

conspiren para recobrarla. Hay que hacer imposible el orden anterior, y eso sólo se

consigue destruyendo la riqueza. Barcelona industrial tiene que hundirse para renacer de

sus escombros con otro concepto de la propiedad y del trabajo. En Europa, el patrono

de más negra entraña es el catalán, y no digo del mundo porque existen las Colonias

Españolas de América. ¡Barcelona solamente se salva pereciendo!

MAX .- ¡Barcelona es cara a mi corazón!

EL PRESO.- ¡Yo también la recuerdo!

MAX .- Yo le debo los únicos goces en la lobreguez de mi ceguera. Todos los días un patrono muerto, algunas veces, dos... Eso consuela.

EL PRESO.- No cuenta usted los obreros que caen.

MAX .- Los obreros se reproducen populosamente, de un modo comparable a las

moscas. En cambio los patronos, como los elefantes, como todas las bestias poderosas y

prehistóricas, procrean lentamente. Saulo, hay que difundir por el mundo la religión

nueva.

EL PRESO.- Mi nombre es Mateo.

MAX .- Yo te bautizo Saulo. Soy poeta y tengo el derecho al alfabeto. Escucha para

cuando seas libre, Saulo: Una buena cacería puede encarecer la piel de patrono catalán

por encima del marfil de Calcuta.

EL PRESO.- En ello laboramos.

MAX .- Y en último consuelo, aun cabe pensar que exterminando al proletario, también

se extermina al patrón.

EL PRESO.-Acabando con la ciudad, acabaremos con el judaísmo barcelonés.

MAX .- No me opongo. Barcelona semita sea destruida, como Cartago y Jerusalén.

¡Alea ¡acta est! Dame la mano.

EL PRESO.- Estoy esposado.

MAX .- ¿Eres joven? No puedo verte.

El, PRESO.-Soy joven: Treinta años.

MAX .- ¿De qué te acusan?

EL PRESO.-Es cuento largo. Soy tachado de rebelde... No quise dejar el telar por ir a la

guerra y levanté un motín en la fábrica. Me denunció el patrón, cumplí condena, recorrí

el mundo buscando trabajo, y ahora voy por tránsitos, reclamado de no sé qué jueces.

Conozco la suerte que me espera: Cuatro tiros por intento de fuga. Bueno. Si no es más

que eso.

MAX .- ¿Pues qué temes?

EL PRESO.- Que se diviertan dándome tormento.

MAX .- ¡Bárbaros!

EL PRESO.-Hay que conocerlos.

MAX .- Canallas. ¡Y esos son los que protestan de la leyenda negra!

EL PRESO.-Por siete pesetas, al cruzar un lugar solitario, me sacarán la vida los que

tienen a su cargo la defensa del pueblo. ¡Y a esto llaman justicia los ricos canallas!

MAX .- Los ricos y los pobres, la barbarie ibérica es unánime.

EL PRESO.- ¡Todos!

MAX .- ¡Todos! ¿Mateo, dónde está la bomba que destripe el terrón maldito de España?

EL PRESO.- ¡Señor poeta, que tanto adivina, no ha visto usted una mano levantada?

Se abre la puerta del calabozo y EL LLAVERO, con jactancia de rufo, ordena al preso

maniatado que le acompañe.

EL LLAVERO.- ¡Tú, catalán, disponte!

EL PRESO.- Estoy dispuesto.

EL LLAVERO.- Pues andando. Gachó, vas a salir en viaje de recreo.

El esposado, con resignada entereza, se acerca al ciego y le toca el hombro con la

barba: Se despide hablando a media voz.

EL PRESO.- Llegó la mía... Creo que no volveremos a vemos...

MAX .- ¡Es horrible!

EL PRESO.- Van a matarme... ¿Qué dirá mañana esa Prensa canalla?

MAX .- Lo que le manden.

EL PRESO.- ¿Está usted llorando?

MAX .- De impotencia y de rabia. Abracémonos, hermano.

Se abrazan. El carcelero y el esposado salen. Vuelve a cerrarse la puerta. MAX  ESTRELLA tantea buscando la pared, Y se sienta con las piernas cruzadas, en una actitud religiosa, de meditación asiática. Exprime un gran dolor taciturno el bulto del poeta ciego. Llega de fuera tumulto de voces y galopar de caballos.


Y al in fine, último cuadro, de la escena XI

ESCENA UNDÉCIMA

Una calle del Madrid austriaco. Las tapias de un convento. Un casón de nobles. Las luces de una taberna. Un grupo consternado de vecinas, en la acera. Una mujer, despechugada y ronca, tiene en los brazos a su niño muerto, la sien traspasada por el agujero de una bala. MAX ESTRELLA y DON LATINO hacen un alto

[… ]

Llega un tableteo de fusilada. El grupo se mueve en confusa y medrosa alerta. Descuella el grito ronco de la mujer, que al ruido de las descargas, aprieta a su niño muerto en los brazos.

LA MADRE DEL NIÑO.- ¡Negros fusiles, matadme también con vuestros plomos!

MAX.- Esa voz me traspasa.

LA MADRE DEL NIÑO.-¡Que tan fría, boca de nardo!

MAX.- ¡Jamás oí voz con esa cólera trágica'

DON LATINO.- Hay mucho de teatro.

MAX.- ¡Imbécil!

El farol, el chuzo, la caperuza del SERENO, bajan con un trote de madreñas por la acera.

EL EMPEÑISTA.- ¿Qué ha sido, sereno?

EL SERENO.- Un preso que ha intentado fugarse.

MAX.- Latino, Ya no Puedo gritar... ¡Me muero de rabia!... Estoy mascando ortigas.

Ese muerto sabía su fin... No le asustaba, pero temía el tormento... La Leyenda Negra en

estos días menguados es la Historia de España. Nuestra vida es un círculo dantesco.

Rabia y vergüenza. Me muero de hambre, satisfecho de no haber llevado una triste

velilla en la trágica mojiganga. ¿Has oído los comentarios de esa gente, viejo canalla?

Tú eres como ellos. Peor que ellos, porque no tienes una peseta y propagas la mala

literatura por entregas. Latino, vil corredor de aventuras insulsas, llévame al Viaducto.

Te invito a regenerarte con un vuelo.

DON LATINO.- ¡Max , no te pongas estupendo!


Para algunos enfoques de ‘Derecho y literatura’ en la obra valleinclanesca, rinde la consulta de José Pérez Fernández, Valle-Inclán: humanismo, política y justicia, Editorial Marfil, Alcoy (Alicante), 1976.

 
Por último, de la ‘ley de fugas’ aprovechó, y mucho, el funcionamiento de los mecanismos de represión político-social del franquismo  Véase Miguel de Castells Arteche, “En torno al Decreto-Ley de 21 de septiembre 1960 sobre Rebelión Militar, Bandidaje y Terrorismo”, Cuadernos para el Diálogo (diciembre de 1969) [Núm. Extra XVII ‘Justicia y Polítca’],  pp. 37-39.

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