Saturday, October 31, 2015

Obituario. Luis Díez-Picazo y Ponce de León (1931-2015)

Luis Díez-Picazo Catedrático de Derecho Civil y magistrado emérito del Tribunal Constitucional falleció el 31 de octubre




 
Por Andrés de la Oliva Santos, Catedrático de Derecho Procesal, Académico de Número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación
 
Me pide este medio una breve semblanza de Luis Díez-Picazo y Ponce de León, que falleció hace pocas horas, a la edad de 84 años. Es perfectamente conocido que, conforme a las clasificaciones al uso, a Luis Díez-Picazo se le consideraba un civilista. Y lo era: había alcanzado la cátedra de Derecho Civil, especialmente prestigiosa y disputada, con sólo 32 años de edad y sirvió esa cátedra en la Universidad de Valencia y más tarde, hasta su jubilación, en la Universidad Autónoma de Madrid, de la que fue Profesor Emérito hasta 2001. Podría considerarse inapropiado que un Catedrático de Derecho Procesal como yo se atreva, incluso por iniciativa ajena, a trazar una semblanza del eximo civilista. Pero ocurre que me considero suficientemente legitimado para honrar su trabajo jurídico y venturosamente sujeto a un gustoso deber de reconocimiento y gratitud.
Muchos años antes de conocerle personalmente, Luis Díez-Picazo, aún Catedrático de Valencia, ya había aparecido con fuerza en mi vida y en el camino de mi propia formación jurídica a causa de la detenida lectura de su monografía “La doctrina de los actos propios” (Bosch, Barcelona, 1963) y de sus “Estudios sobre la Jurisprudencia civil”. Eran dos obras de extraordinaria calidad, no sólo por lo que decían sino por el método y esfuerzo que denotaban, escritas por quien consideré desde entonces, y hasta hoy, un jurista integral, verdadero maestro, civilista, sí, pero de los que honraban, aun sin proponérselo expresamente, la consideración del Derecho Civil como columna vertebral y medular de la formación jurídica. Con su propia y acusada personalidad, Luis Díez-Picazo era discípulo del gran Federico de Castro y Bravo, como otros maestros (estoy pensando en Fuenmayor Champín) que le apreciaban máximamente como persona y como jurista y en los que yo pude durante años, por su cercanía física, apoyarme a diario en mi aprendizaje.
Está al alcance de cualquiera la interminable relación de obras de Luis Díez-Picazo y Ponce de León, prueba irrefutable de su incesante “curiositas” y de una superlativa e ininterrumpida laboriosidad. Y es innecesario que subraye aquí la inmensa proyección de sus obras generales, como el “Sistema de Derecho Civil” o los “Fundamentos del Derecho Civil Patrimonial”. Menos conocida es su muy larga e intensa labor como Presidente de la Sección de Derecho Civil de la Comisión General de Codificación, una de las pocas secciones verdaderamente vitales y activas de la vetusta Comisión General. Por no hablar de su trabajo en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, que presidió de 2012 a 2015. Sin descuidar ni lo más mínimo estos oficios públicos, Luis Díez-Picazo ha sido también, hasta su muerte, un abogado de máxima calidad.
Se puede decir, sin la menor exageración, que Luis Díez-Picazo y Ponce de León deja a la ciencia jurídica y a la vida social un precioso tesoro, que tenemos ahora nosotros la responsabilidad de aprovechar. Nos toca a nosotros obrar con lúcida inteligencia para valorar con obras ese tesoro. En este momento histórico, en que ha dejado esta vida un genuino jurista y un jurista con verdadero prestigio reconocido, un inmenso prestigio, no nos quedemos solos.
Permítaseme aprovechar estas líneas para reiterar a su viuda, mi querida María Teresa, y a sus hijos, especialmente a uno de ellos, Ignacio, querido antiguo alumno directo, discípulo y colega, mi compañía en su aflicción.
 

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