Tuesday, December 02, 2014

Derecho y Literatura. Tribunales e infusiones



Walter Richard Sickert (1860-1942), Café des Tribunaux, Dieppe (c. 1890). Tate Gallery, London


El cuadro de Walter Richard Sickert (1860-1942), con título de Café des Tribunaux, Dieppe (c. 1890), conservado en la Tate Gallery de Londres, es sólo una escusa. Cierto que Sickert tuvo relación con el mundo judicial derivada del caso del Destripador (Jack the Ripper), por su costumbre en utilizar como modelos para desnudos a prostitutas, bien que tampoco retratadas en posturas excesivamente escandalosas. E, igualmente, que aprovechó la oportunidad brindada por la devoción inglesa hacia la mermelada de crímenes a la hora del primer café de la mañana y decidió cambiar la cartela de varios de sus lienzos en una serie que acabó intitulando "The 'Camden Town murder'".   

Pero, en realidad, hoy no me interesan los Cafés, por más cierto que en las inmediaciones de los órganos jurisdiccionales de muchos lugares en todo el mundo abunden cantinas de esa naturaleza. Las cafeterías reúnen a juzgadores, justiciables y a defensas técnico-jurídicas acodados a una misma barra, o los reparten en establecimientos próximos entre sí. Cuando existe separación, en unos veremos confraternizar a magistrados deliberantes, que son jueces, con los postulantes, que identificamos como fiscales. En otros, al abogado que concierta la declaración de algún testigo, explica determinada diligencia procesal a su cliente, o le traduce el veredicto. Los procuradores de los Tribunales tramitan entre ambos. Hoy, el café, no me interesa tanto, sin embargo, como el té.

En Diario de un fiscal rural, de Tawfiq Al-Hakim (1899-1987), que tradujo y prologó el eximio arabista Emilio García Gómez (1905-1955) el año 1955, hallaremos referencia a esa otra infusión, cuya índole se extracta con los juzgados y tribunales en una solución muy particular. El hayy Jamis, ordenanza del Tribunal, con amontonada sabiduría por más de veinte años de experiencia, en elocuente tono de acibarada confesión, comenta: “no aprovecha en los Tribunales más que el té amargo, con el gusto del Fernet”, a lo que el joven Fiscal únicamente puede reponer: “El té de los Tribunales y el trabajo de los Tribunales, todo es amargo” (Diario de un fiscal rural. trad. y pról. de Emilio García Gómez, Ediciones del Viento, La Coruña, 2003, p. 67).

El proceso como "Time for tea". El contradictorio como "Tea for Two". El veredicto, quizá, como "cold-brewed tea". En cuanto a la verdad judicial, procédase como en la lectura de los "Posos del Té".  

J.C.G.

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