Thursday, July 10, 2014

De libros y primaveras emergentes en Praga



Esta crónica libresca ha de ser, por fuerza, breve. Bien que lo lamento. Praga como destino fue en ocasiones precedentes –la última en 2009, la primera en 1989– origen de un buen número de libros de arte de los que mi biblioteca se presume. Un reciente viaje, acompañado de mis hijas Alejandra y Marta, no lo organicé para compras librescas. Quería, principalmente, que ellas conocieran la ciudad, y se cautivaran de sus primaveras emergentes. Pocas jornadas para la estancia en una ciudad con tanto que mostrar limitarían en su compañía concederme las dilaciones y prórrogas exigidas ante las anaqueles de librerías a las que siempre he regresado. Hay dos, tres en realidad, responsables de casi todas mis compras praguenses, y ninguna en la ruta más turística que con mis invitadas iba a recorrer.

Pero siempre hay que reservar un espacio en la equipaje de vuelta para hallazgos espontáneos. Además, la tentación –conocida más que sospechada– puede surgir al giro de cualquier esquina en forma claramente reconocible de escaparate con libros, y si vencerla es difícil, resistirse inverosímil y hasta absurdo. Detuve mis pasos en la vitrina de uno que exhibía títulos sobre cubismo checo, con una obra sobre tipografía de ese estilo y otra dedicada a la gráfica de Josef Čapek (1887-1945). Sobre ambos asuntos dispone mi biblioteca de registros. Hube no obstante de renunciarlos, bien que no por la entereza de mi espíritu, sino a razón de horario comercial. También contra esa decisiva adversidad debe luchar el bibliófilo, sin que alcance a explicarse el motivo que hace posible la existencia de boticas de guardia, y no establecimientos que procuran la salud del alma sin comprometer en adeudos religiosos, como efectivamente son las librerías. La Civilización tiene esas paradojas, si no esos misterios. ¿Por qué el viático de los enfermos y no el de los lectores, en especial los adictos, cuyo laico alivio a los heridos por la letra impresa prestaría consolación al uncirles con el bálsamo de la gracia libresca, incluso a sabiendas de que el bibliómano carece de apaciguamiento y su ansiedad no tiene remedio? Existen arcanos insondables, sin duda. Así no sobreviviremos, y tampoco adelantará más la Humanidad; los signos de su destrucción se muestran con refulgencia de holocausto en el restricto horario de las librerías. La conciencia de la finitud se hace penetrantemente visible en el cartelito que a las mismas puertas del paraíso anuncia ‘Cerrado’. ¡Tantas veces Moisés!
Pero reconoceré que, si triste de mi ventura, no permanecí cuitado, pues me sé no el único dolorido. Lo primordial es no desfallecer en la fe del misericordioso Guttemberg. El resto se nos dará por septuplicado.
La tarde, nublada, anunciaba borrasca, a poco severamente interesada en mi persona de un modo muy particular. Y fue así como entre descarga y descarga de aguacero pasé en busca de refugio desde el porche de una galería artística a un portal, luego a la vertical de un alero poco valiente, y de allí al guardapolvo de un venerable del lugar que había agotado sus protecciones, y al ritmo que disminuían entrantes y salientes armónico con la menguada capacidad de absorción en mi vestimenta, y cuando ya me quedaba sólo como último abrigo un árbol custodio de la memoria otoñal, surgió frente a mi, pequeña y salvadora, Knihkupectví Kosmas, al núm. 3 de la calle Perlová, en Praha 1, con dos jóvenes dependientas absortas en el cuadre de la caja, lo que me permitió pasar al interior sin ser notado. Agazapado tras góndolas de libros que a modo de parapeto que me ocultaban consumí en sigilo el tiempo suficiente para burlar el diluvio, al menos momentáneamente. Sintiéndome observado por un paragüero del que ignoraba cuanto tiempo resistiría distraer alguno de sus utensilios y emprender la huída, hice por apartar la mirada de la tentación y dirigiéndola a otro punto, de pronto, un ejemplar entre todos me atrajo. Su título,¡oh milagro!, Frühling in Prag oder Wege des Kubismus. Saqué un pañuelo, sequé las manos, y lo tomé por el lomo. Acto seguido descubrí mi posición a las jóvenes acercándome al mostrador de pago mientras ordenaba ropa y recomponía el cabello. Creo que me tomaron por el espíritu de quien en medio de la inclemente tormenta hubiera recibido un rayo. En tales casos es lo más conveniente obrar con naturalidad y, evitando en lo posible gotear los alrededores, permanecer augusto escurriendo sobre el propio charco. Procedí a una breve pero inquisitiva ojeada y hojeada del índice y tras un tránsito de silencio bien calculado antes de recibir quejas o justificadas expresiones de sorpresa, si no de pasmo, lo extendí hacia ellas a un movimiento combinado con la exhibición de mi tarjeta de crédito. No aseguro el resultado, que en mi caso resultó razonablemente favorable, pero actuando con cierto donaire todo es posible. Contuve los lamentos de aquellas empleadas, sin llegar a silenciarlos, pagué el libro, que gentilmente introdujeron en una bolsa de plástico, y abandoné el establecimiento casi del mismo modo que lo había invadido minutos atrás, o tal vez con mayor diligencia. En tan breve espacio de tiempo el tifón, quizá enloquecido por no averiguar mi paradero, había vertió casi toda su pluviosidad y ahora desaguaba más tiernamente, alejándose en busca de mi rastro por la subida a los jardines del Petřín, donde yo había paseado durante la soleada mañana.
Por entrecalles y atravesando la gran Plaza de Staré Město me detuve en la terraza-bar de un hotel próximo –no recuerdo su nombre– al local de teatro negro TaFantastika, de donde poco después recogería a mis hijas que en ese momento asistían al espectáculo. Sí conservo en la retina recuerdo de la fachada del edificio frontal a la perpendicular de mi asiento, que era de una maravillosa belleza modernista. Con práctica de ‘relaxing cup of café con leche’ y al amparo de aquel espacio semicubierto, me regodeé en las páginas del libro que con cierta precipitación había examinado algo antes. Se trataba de una colactánea de textos teóricos escritos por cubistas checos, principalmente pintores, grabadores e ilustradores –Emil Filla, Bohumil Kubista, Friedrich Feigl, Vincenc Beneš, o el mencionado Josef Čapek, además de Vincenc Kramář, coleccionista, aglutinador de todos ellos y directo responsable de introducir la obra de Picasso en aquellos círculos– y traducidos al alemán, que tomaba su llamativo título –Frühling in Prag oder Wege des Kubismus (Deutsche Verlags-Anstalt, München, 2005, 384 pp. ISBN: 9783421052612)– de una crítica elaborada a mediados de mayo de 1907 para la revista de vanguardia Die Gegenwart (El Presente) por Max Brod (1884-1968), bajo rótulo de “Frühling in Prag”. Era la elogiosa bienvenida de Brod a la primera exposición del grupo OSMA, o Die Acht (Los ocho), que en aquellas fechas se mostraba en unos modestos locales arrendados en la calle Králodvorská, casco antiguo, no lejos de la Torre de la Pólvora.

 


La antología que los editores y traductores –Heinke Fabritius (ed.), Ludger Hagedorn (ed. y trad.) y Kristina Kallert (trad.)– recupera escritos de extraordinario valor para situar la atmósfera espiritual de la vanguardia cubista checa, cuya continuidad se prolonga en el conocidodo como rondocubismo, sobre todo aplicado a la arquitectura y el diseño de mobiliario urbano y doméstico así como de enseres, hasta bien entrada la década de los 70. Praga y alrededores rebosan de testimonios de esta corriente. Pero, además, lo reunido por los compiladores nos ofrece en la recuperación del texto de Brod un perfil que la amistad con Kafka ha desdibujado. La condición de amigo y albacea de Kafka se ha superpuesto a su creación crítica y literaria, produciendo una disipación de la propia obra. De Brod apenas se encuentran disponibles en nuestra lengua sino los Diarios y la biografía sobre su camarada; muy poco más o nada en ensayos, narrativa o poesía. Es por eso que, a mi juicio, “Frühling in Prag” es un escrito revelador y característico. Así, lo pone en conexión con los orígenes del movimiento de vanguardia europea dando a ver una toma de posición hacia la modernidad que no es irrelevante, como por inducción debe también presumirse en el mismo Kafka. La escritura kafkiana es, principalmente, moderna y –algo que se ha explorado menos, creo– no ajena a esa atmósfera de vanguardia que era respirable en los círculos praguenses vinculados a experiencias artísticas que procedían de Alemana. No significa esto que la literatura de Kafka encierre elementos cubistas; no necesariamente, al menos de la naturaleza que en Francia se encuentran presentes en los escritos, por ejemplo, de Max Jacob, sino que la crónica de las prácticas, ensayos y logros anteriores a la Iª Guerra Mundial no debería dejar de incluirle como otro más, singularísimo ciertamente, de los experimentadores de la modernidad. Praga fue, entre 1900 y 1914, matriz de primaveras emergentes, donde la extraña y frágil flor kafkiana también eclosionó. Y, naturalmente, en nuestro imaginario literario y estético Kafka es Praga, como Praga es asimismo Kafka, casi sin solución de continuidad. Sea dicho, claro sin demérito de Jaroslav Hašek o Jan Neruda, ilustres escritores a los que Praga también vio nacer.

A la mañana siguiente de adquirir este libro, y para entonces con meteoros más benignos, visité junto a mi mujer, Maria José, y mis dos hijas, el Castillo, complejo de edificios –Catedral, Convento y Basílica de San Jorge y Palacio Real– de abigarrada mixtura de estilos constructivos que van desde el gótico al cubista –este por intervención de Pavel Janák (1881-1956) - para abandonar el recinto por el Callejón del Oro, donde los orfebres y doradores al servicio del Palacio habitaban pequeñas viviendas y talleres adosados a su muro frontero. Una de aquellas casitas la alquiló Kafka para escribir, entre 1916 y 1917, algunos capítulos de El Castillo, y es –presumiblemente– la que en la actualidad sirve a los visitantes de punto de venta de souvenirs del escritor. Soporta este merchandising –que es el obligado pago que le cobra la ciudad a los turistas ansiosos de epicúrea inmortalidad literaria– con estoica resignación en un gaje de estilo kitsch que, en general, sobrelleva mejor que el Rabbi Judah Loew con su Golem. Pero entre los artículos en comercio no todo es trivial. Se encentran disponibles algunas de las obras en traducción a varias lenguas, y también varios trabajos del biógrafo Harald Salfellner en absoluto despreciables. Traje de regreso a Málaga uno de ellos, Franz Kafka e Praga: una guida letteraria (trad. de Manuela Boccignone, Vitales, Praha, 2011, 120 pp. ISBN: 9788072533061), en obsequio a Maria Pina Fersini, doctoranda de la Università degli Studi de Firenza en estancia de cotutela en la Universidad de Málaga, lectora modélica, investigadora infatigable, y excelente persona.

Reproduzco aquí la cubierta con reseña del índice.


Nota biografica
Infanzia • Anni universitari • Vita
lavorativa • Le prime pubblicazioni
• Gli amici • La malattia • La
morte prematura
La Praga di Franz Kafka
Una città al centro dell'attenzione
• Tanti popoli, una capitale •
L'orgoglio borghese e la protesta •
Declino e rinascita
Gli inizi della
famiglia Kafka a Praga
Un abile commerciante • Sorelle •
Il negozio del padre • Cuoche mordaci,
tristi governanti
L'itinerario praghese di Kafka
La Piazza della Città Vecchia • Il
Ponte Carlo • L'Università di Praga
• I caffé • Piazza Venceslao • In
piscina • Il Vicolo d'Oro • La Città
Piccola • L'ultima dimora
A passeggio per Praga
Fra i viottoli di Praga • Passeggiate
• Belvedere • Parco arboreo • Parco
Chotek • Davanti al castello • Parco
Cittadino


Cuando redacto estas líneas me encuentro de regreso en Málaga. Confío volver a Praga, y que lo hagan igualmente amigos de cualquier parte del mundo. Yo viajo junto a ellos, sin cargar con el peso de maletas, cuando ellos lo hacen. Mis impresiones y aventuras por las librerías de los países que visito son igualmente, a mi forma y manera, un modo de incorporarles a mis desplazamientos. Aquellos que disfruten del lujo que es Praga, no se olviden de mi. En particular si encuentran un ejemplar de Vincenc Kramář - od starých mistrů k Picassovi (Národní galerie v Praze, Praha, 2001, 280 pp.; ISBN: 9788070352477), que hasta ahora siempre se me ha resistido. Agradeceré el recuerdo y también su compra, cuyos gastos públicamente me comprometo a reintegrar. Dejo testimonio de la cubierta para facilitar la tarea de eventuales benefactores evitando la posibilidad de lamentables equívocos.
 

Disculpen en todo caso este atrevimiento; lo mío con los libros ya saben que es una enfermedad, incurable además.


J.C.G.

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