Sunday, June 08, 2014

Arte y Derecho. La 'Mano de Justicia'


Se denomina de este modo el cetro que algunos monarcas portaban en su mano izquierda durante la ceremonia de coronación. Se trata de un bastón de longitud variable, generalmente de unos dos pies de largo, rematado en una mano de marfil. Aparece así en imágenes del rey de Francia y Navarra, Louis X (1289-1316), llamado ‘el Batallador’ y también ‘el Terco’.



Y aún en anteriores a esa fecha, como para el caso de Hugo (940-996), Duque de los francos y conde de París, conocido por el sobrenombre Hugo de ‘Capeto’


Su tradición, con todo, es más antigua y remonta al Viejo Testamento, como ligada a la iconografía de Dios Padre, cuya representación entre los siglos IV y VIII fue figurada mediante una mano que surge y se extiende de entre las nubes. Así, en la afrenta de Caín y Abel, la orden a Noé de construir el arca, el sacrificio de Isaac, la entrega a Moisés de las Tablas de la Ley y en las arrebatadas visiones del profeta Ezequiel, donde “Allí la mano del Señor descendió sobre él” (1:3), y era “el viento huracanado que venía del norte, y una gran
nube (1:4), cuando “El espíritu me arrebató y me llevó, y yo fui, amargado y lleno de furor, mientras la mano del Señor pesaba fuertemente sobre mí” (3:14). Para el Nuevo Testamento las escenas de la mano divina corresponden al bautismo y transfiguración de Jesús.


Todo ello, a su vez, conecta con la palabra hebrea iad, que tanto significa mano como potencia o poder, por lo que la ‘Mano de Dios’, que es siempre la derecha, remite a la idea de Poder divino. De ahí que los reyes la exhibieran como derivando su potestad del Supremo.


Una ‘Mano de la Justicia’, tallada en marfil y recamada de piedras preciosas al estilo de la Escuela de Francia, que data del siglo X, se conserva en la Basilique de Saint-Denis en el Departamento de Seine-Saint-Denis. Muestra una mano que bendice por lo que insinúa a la conjunción en el Soberano de la potestad religiosa y el poder de juzgar y hacer justicia.




La ‘Mano de la Justicia’ está así presente en ceremonia de coronación de Napoleón Bonaparte (1769-1821) como Emperador Napoleón I, que tuvo lugar, con asistencia poco activa del Papa Pío VII, el 2 de diciembre de 1804 en la catedral Nôtre Dame de París, quien limitóse a pronunciar las palabras siguientes: “Amar la justicia y detestar la iniquidad, pues es para semejante fin que Dios os ha consagrado emperador”. Napoleón I en su  imperial trono fue inmortalizado por Jean-Auguste-Dominique Ingres (1780-1867) en 1806.

J.C.G.


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