Wednesday, May 14, 2014

Derecho y Literatura. Selecciones. Robert Musil (1880-1942). Lo legal infraordinario


Accidente de dos camiones en Chippendale, 1940


Robert Musil (1880-1942) El hombre sin atributos (Der mann ohne eigenschaften, Imprimerie Centrale, Lausanne, 1930-1943, 3 t.) t. 1 cap. I. 'Accidente sin trascendencia'.

De repente, se detuvieron los dos ante una aglomeración imprevista. Algo insólito había ocurrido, algo se había resbalado y desviado bruscamente a un lado; un camión enorme, frenado de golpe, había rebasado la acera con una rueda. Igual que las abejas concentradas a la entrada de su colmena, se agolpaba la gente alrededor de un círculo que nadie se atrevía a franquear. En él estaba el conductor del camión, descolorido como un papel de envolver, explicando con burdos ademanes el accidente. Los circundantes tenían sus miradas fijas en él y las bajaban temerosamente al suelo donde un hombre, recostado en el bordillo de la calzada, yacía como muerto. Él mismo había sido causante del daño por su negligencia, según la opinión general. Turnándose se arrodillaban frente a él por hacer algo; alguien le abrió la chaqueta y se la cerró; unos le incorporaban, otros volvían a acostarlo; en definitiva, nadie pretendía otra cosa que cubrir el expediente hasta que el servicio de ambulancia se hiciera cargo de él y le prestara ayuda eficaz. También la señora y su acompañante se habían acercado y observaban al desafortunado por encima de las cabezas y de las espaldas encorvadas. Luego retrocedieron y vacilaron. La señora se sintió indispuesta con algo desagradable en la región cardioepigástrica que bien pudiera haber sido considerado efecto de su conmiseración; era una sensación vaga y paralizante. El caballero, tras unos momentos de silencio, le dijo:—«Estos camiones tan pesados disponen de un sistema de frenos con una distancia de aplicación demasiado diferida.» Al oír esto, la señora se sintió aliviada, y se lo agradeció al señor con una mirada atenta. Ya le sonaba aquella expresión de los frenos, pero no llegaba a comprender lo que significaba, ni le interesaba; se conformaba con saber que había posibilidad de reparar de alguna manera aquel siniestro tan deplorable, y que se trataba de un problema técnico que no era de su incumbencia. Empezó entonces a oírse la sirena de la ambulancia; todos respiraron hondo, experimentando la satisfacción de sentirse tan diligentemente auxiliados. Estas instituciones sociales son admirables. Hombres en uniforme corrieron hacia el herido, lo tendieron en una camilla y lo acomodaron cuidadosamente en el interior del vehículo, tan bien provisto y arreglado como una sala de hospital. Todos se llevaron de allí la casi justificada impresión de haber presenciado un acontecimiento legal y reglamentado. «Según las estadísticas americanas —sugirió el caballero— se registran cada año en Estados Unidos 190.000 muertos y 450.000 heridos en accidentes de circulación.»

—«¿Piensa usted que ha muerto?» —preguntó su compañera todavía bajo la influencia del sobresalto. —«Yo creo que no —contestó él—.Cuando fue conducido al coche parecía dar señales de vida.»



Der mann ohne eigenschaften, Imprimerie Centrale, Lausanne, 1930-1943, 3 t.


Robert Musil (1880-1942)

Derecho y Literatura. Selecciones
Selección de José Calvo González
Lo legal infraordinario

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