Sunday, January 12, 2014

Carabel, el inocente nato, o Lombroso tête en bas




Wenceslao Fernández Flórez, EL MALVADO CARABEL, Renacimiento, Madrid.1931.

¡Si usted quisiera dejar de ser honrado!... ¡Qué presunción tan ridiculamente vanidosa!... ¡Si es que no puede usted ! Se nace bueno y se nace malo, y quizá algún día nos expliquen que el secreto está en tal o cual glándula, y que la deficiencia, la imperfección corresponde precisamente a los buenos. Presumir de virtud es como presumir de páncreas. Pero la virtud no es más que una impotencia, entiéndalo usted bien. Hay la incapacidad de dar una puñalada, como hay la incapacidad de digerir, para ciertos estómagos, un determinado manjar. Hay la incapacidad de robar, como existe, para muchos hombres que padecen de vértigo, la de pasearse tranquilamente por el borde de un tejado. Se nace así. Y esos individuos honorables que un día dejan de serlo no es que se hayan vencido a sí propios, sino que siempre tuvieron, latente, agazapada, en espera de una ocasión, la potencia maléfica.
— ¿Y el malo que se hace bueno?
— Un sencillo fenómeno de depauperación. Las fuerzas se agotan.


Wenceslao Fernández Flórez (1886-1964), "El malvado Carabel", cap. IX, en Obras completas, Aguilar, Madrid, 1955, vol. II, p. 977.




Wenceslao Fernández Flórez (1886-1964)

2 comments:

Alberto said...

Dada la determinación genética y, por ende, la privación de libre albedrío para optar por el crimen o por la honradez, parece que lo 'justo' sería trazar una línea, una frontera denominada Lombrosía, que dividiera el globo terráqueo en dos lotes, pues no lo sería recluir a los criminales en las estrecheces de las cárceles. Uno de los lotes sería, pues, para los delincuentes, con el nombre de Leviatán y cuya capital podría ser llamada con el nombre conjunto de "Sodoma y Gomorra" y al otro correspondería el nombre de "Buen Samaritano", donde vivirían los honrados, los justos y cuya capital podría ser bautizada como "Valle de los No Circuncidados".

Un grupo de funcionarios bien entrenado o una maquinaria sofisticada determinaría si tal o cual hombre o mujer pertenece a uno u otro colectivo. Las decisiones, tanto contrarias como favorables a su pertenencia a la comunidad de los justos, sólo podrían ser recurridas ante el Tribunal de Apelaciones de Fisonomías, formado por un otorrinolaringólogo, un cirujano maxilofacial, un neurocirujano, un cirujano plástico y un profesor de la cátedra dedicada al estudio de las tesis de Lombroso, sin que cupiera recurso de tipo alguno frente al fallo de este tribunal.

La pertenencia al grupo de los delincuentes acarrearía el inmediato "destierro" a Leviatán, previa ablación de clítoris y circuncisión. No cabría castración, dado que los justos aceptarían en su infinita justicia y rectitud la existencia de asesinos, homicidas, violadores, ladrones, estafadores, etc., siempre y cuando no cruzaran la Lombrosía.

Las primeras generaciones de recién nacidos también serían sometidos a examen, para descartar de ese modo cualquier posible error de diagnóstico respecto de sus antecesores. En el supuesto de que el Tribunal de Apelaciones de Fisonomías, el único existente, por innecesarios cualesquiera otros, fallara designando al sujeto objeto de examen como leviatánico, éste en su adolescencia sería sometido a una terapia de preparación para su integración al mundo de los malhechores, consistente en enseñarles las artes más perversas y deshonrosas existentes y obsequiándolos al final del tratamiento con la obra de Thomas de Quincey 'El asesinato como una de las bellas artes'.

Si los guardias fronterizos de Buen Samaritano fueran interpelados por hombres, en principio criminales, del otro lado de la verja electrificada, al clamor de "Soy justo, debe de haber habido un error de diagnóstico", el Tribunal de Apelaciones de Fisonomías estudiaría el caso, atendiendo especialmente a posibles modificaciones defraudatorias en la apariencia del sujeto. Para estos casos, se incorporarían al tribunal otros dos cirujanos plásticos.

Durante las primeras centurias de funcionamiento de Buen Samaritano podrían tener lugar crímenes, debidos a un mal diagnóstico, pero no después, de modo que cualquier "atrocidad" acontecida a partir del siglo III de la Era Buen Samaritano, sería considerada una acción benévola, justa, recta.

José Calvo González said...

Magnífico, Alberto. Sólo se me ocurre una addenda. La creación de un Laboratorio y Museo Criminológico, que llevaría el nombre de 'Cesare Lombroso' en merecido reconocimiento a sus aportaciones a la Humanidad y el progreso de la Ciencias Penales, donde se conservarían cráneos, mandíbulas y reproducciones en yeso de narices, labios y orejas de los más notables criminales. El Ministerio de Educación para la Justicia promovería las visitas escolares como parte de la formación ciudadana de los educandos. La venta y distribución de kischts (lapiceros, cuadernos, agendas, reposalibros, testigos de lectura, pañuelos de bolsillo, corbatas, posters, calendarios, etc.) se sacaría a público concurso. Los beneficios se reintegrarían en la mejora de los sistemas de localización, interceptación y neutralización de incorregibles.