Monday, January 28, 2013

50 aniversario de la muerte de Jean Cocteau (1963-2013)


Jean Cocteau
El cordón umbilical
Prólogo y notas de Alfredo Taján
Traducción de Antonio Álvarez
Ilustrado con dibujos de Cocteau
Desplegable interior a todo color
Editorial Confluencias (Col. Hispaniola)/ Instituto Municipal del Libro/
Fundación Picasso Museo Casa Natal,
Málaga, 2012, 137 pp.
Isbn: 978-84-938446-9-1


Adentrarse en la personalidad y en la producción artística de Jean Cocteau (Maisons Lafitte 1889 – Milly-la-Forêt 1963) significa vivir dentro de un sueño que, de pronto, se convierte en realidad. Él mismo se definió: soy la mentira que dice siempre la verdad. El trabajo fue el verdadero opio de Jean Cocteau, y su secreto artístico, pesado y grave, continúa dormitando en una recámara de difícil acceso. Injustamente acusado de diletante, detrás del cínico poseur se percibe el semblante sufriente de un poeta trágico cuyo arte poliédrico está conectado con la misma esencia. Este año 2013 se cumple el cincuenta aniversario de la muerte del Príncipe de los Poetas, valga su onomástica para hacer aún más relevante la edición de Le cordon ombilical, redactado en Marbella en 1961, donde Cocteau efectúa comentarios fulminantes de figuras como Picasso, Diaghilev, Stravinsky, Unamuno, Chaplin, Jean Marais, Panamá Al Brown, Edith Piaf, entre otros, y sobre todo, donde define a nuestro país como un poeta y reflexiona sobre el flamenco y los españoles.
Alfredo Taján
Director del Instituto Municipal del Libro de Málaga
El cordón umbilical, un diálogo agónico



La poesía –incuso para quienes la consideran un lujo inútil y asocial– representa una forma de privilegio, por lo tanto de injustcia, que en secreto envidian quienes la condenan. Para que las cosas sean menos confusas, digamos que las Letras presentan, desde hace varios siglos, un antagonismo feroz entre los escritores que nacen con ese terrible privilegio y aquellos a quienes los celos les llevan a creer que se obtiene artificialmente e imaginan, a menudo, que pueden alcanzarlo.

Jean Cocteau
El cordón umbilical


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Me hago, tras el en vilo acechante del furtivo y la rapidez de su escape, con un ejemplar de esta edición, sólo desde el viernes pasado en librerías. Ahora la disfruto y la comparto; esto último, claro, en comunión virtual, pues todo ardor de colectivización se me enfrió en el descontento de algún invierno, que en mis exfoliados almanaques podría ser un otoño, o también primavera.
Este libro es de verano marbellí, es diario en la Costa del Sol –“escribo estas notas en Marbella, en la costa andaluza”- y es futuro trunco, porque representa un comienzo en ir haciendo las maletas –un mundo, en realidad– de la memoria. Cocteau se concilia con ella, y temporiza –muy distinto de transigir, que es contemporizar– los personajes que fueron, y en 1953 eran todavía, la ropa, también a veces el disfraz, de la vida vivida. En ese vestuario incluía atuendos cómodos, indumentarias de festín, prendas de temporada y fondo de armario. Los personajes de nuestras vidas son esas vestimentas; y calculo con precisión la ambigüedad de la frase recién escrita.
Este libro fue una penúltima oportunidad que en 1962, un año antes de su muerte, se permitió Cocteau a sí mismo autorizando que Plon lo publicada en su colección ‘Yo y mis personajes’. Cocteau se contemplaba frente al espejo azulsalino de la Mar bella ataviado con los ropajes de su biografía: sus personajes, ternos variadísimos. De un boseador como Panamá Al Brown, del trino gurural de Edith Piaf, de la rusofilia parisina con Diaghilev, del actor Jean Marais, de Jean Genet –poète et voleur (y qué tan poco leído su Diario del ladrón, ahora ya en castellano)–, de los silencios musicales de Stravinsky, o del Quijote Unamuno –repito esto con milimétrica vaguedad–, y es natural de Picasso –.no sin algún arreglo de sastrería–, y asimismo de afectiva ternura del Chaplin irónico.


La edicion de 2012 que aquí comento ofrece un sensible libro; es agradable al tacto, la mirada, y huele a nuevo.
Su novedad es la primicia de su curso editorial en España, que merece bienvenida y elogio.
Al tacto compite con el “pur-fil Lafuma des papéterie Navarre” del primer bicentenar parisino impreso, y se ofrece en papel Gardapat y cartulina Fabria, de buen gramaje.
A la mirada, ampliamente aventaja la edición de Allia (Paris, 2003, 80 pp. ISBN: 2-84485-125-8); ya desde cubierta se relega la tentación –no siempre invencible en todas las editoriales del país– por reproducir un diseño, en este caso más propio de establecimientos de material eléctrico, y elige con buen gusto uno propio con la entrega de un aovado retrato -1921- que emula al toledano caballero de la mano en el pecho, si bien engolado de bufanda; tributo a una elegancia al filo del dandismo.


Del interior, por número de páginas e ilustraciones, esa distancia ya ganada tiende al infinito. Un lujo la recuperación impagable de los tres paneles que hicieron decoración en la tienda marbellí de su amiga Ana de Pombo, uno de ellos –Flamenco– al término de ojeo, sellando las hojas con lámina de estado plegado, magnífico.



Y por colofón un aforismo, o mejor un memorando “Lo que los demás rechazan de ti, cultívalo. Eso eres tú”.
Salvamento gozoso, pues, éste de letra memoriosa, de imagen varia, que otras solemnidades han de envidiar, y ni con dificultad acariciarán. Un ejemplo de gestión editorial. Un triunfo para mi biblioteca.

J.C.G.

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