Wednesday, November 16, 2011

Duguit en Buenos Aires, 1911-2011




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Entre los años 1908 y 1910 la Universidad de Buenos Aires acogió la presencia de varios juristas europeos. Así, en 1909, la del español Rafael Altamira y Crevea (1869-1951), que luego de atender la invitación que le cursara la Universidad Nacional de La Plata también impartió varias lecciones en la Facultad de Derecho de la UBA, ocupándose del estado de la enseñanza de la investigación de la Historia del Derecho en España, e igualmente conferenciando en la Facultad de Filosofía y Letras. En testimonio de aquella visita quedaría su obra Mi viaje a América. Libro de documentos, Librería General de Victoriano Suarez, Madrid, 1911 [reeditada en 2008 por la Universidad de Oviedo]. Contamos también con trabajos como los de Santiago Melón Fernández, “El Viaje a América del Profesor Altamira” [1987], en Santiago Melón Fernández (ed.), Estudios sobre la Universidad de Oviedo, Oviedo, Universidad de Oviedo, 1998b: 115-173, o Hebe Carmen Pelosi, Rafael Altamira y la Argentina, Pról. de Miguel Ángel de Marco, Cuadernos de América sin nombre nº 11, Murcia, 2005. En ese mismo período también visitó la UBA el italiano Enrico Ferri (1856-1929). Ferri había conocido Argentina en 1908, y dos años más tarde regresó para participar en las conmemoriciones del centenario de la Revolución de Mayo. Con esa ocasión dictó hasta un total de dieciséis conferencias tanto en la Facultad de Derecho bonaerense como en diveros teatros de la ciudad. Se las puede consultar en Folco Testena, Le conferenze di Enrico Ferri nella Repubblica Argentina. Raccolte e annotate. Con una conclusione polemica del raccoglitore e una presentazione del dottor Antonio Dellepiane, A. Guidi Buffarini, Buenos Aires, 1911.



En el caso de Duguit, que antes de llegar a Buenos Aires había conferenciado en Madrid y Coimbra, su primera intervención en la Facultad de Derecho y Ciencias sociales de la UBA tuvo lugar el 26 de agosto de 1911.



El texto de la presentación del conferenciante, a cargo del Decano del centro, Dr. Eduardo Luis Bidau y Goya (1862-1922), así como el de su conferencia, que tituló La transformación general de las concepciones jurídicas desde la declaración de los derechos del hombre de 1789 y el código Napoleón, aparecen recogidos en la sección ´Actos Oficiales´ de los Anales de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, T. I, 1911, pp. 609-618.



Conociendo del anuncio de la videoconferencia organizada por el Instituto de Investigaciones Jurídicas y Sociales "Ambrosio L. Gioja" me ha parecido de interés reproducirlos.

J. C. G.


----Primera conferencia del profesor León Duguit, de la Universidad de Burdeos, dada en la Facultad de Derecho y Ciencias sociales de Buenos Aires, el 26 de agosto de 1911.

PALABRAS PRONUNCIADAS POR EL DECANO DE LA FACULTAD DOCTOR EDUARDO L. BIDAU, AL PRESENTAR AL PROFESOR DUGUIT

Señores :

Después de Altamira y Ferri, viene á ocupar esta cátedra accidentalmente, un profesor y publicista de larga actuación en su país y cujas obras, frutos maduros de estudios intensos y paciente observación de los hechos sociales, le han atraído, con la notoriedad de su nombre, no solamente críticas é impugnaciones á sus ideas, lo que es natural é inevitable en cuanto señalan disidencias de opiniones, sino la injusta acusación de propaganda tendenciosa, que él rechaza en nombre y en defensa de la serena imparcialidad de su carácter de hombre de ciencia.

Ha querido la casualidad que en nuestro país, donde sobre todo en la época de la organización nacional, prestaron grandes servicios á la enseñanza, hijos inolvidables de la noble tierra de Francia, Amadeo Jacques, Alberto Larroque, Alfredo Cosson y tantos otros, sea el profesor León Duguit el primero de ellos que en esta facultad ejerza la función docente.

Podemos estar satisfechos de que sea él quien, con su palabra autorizada y en su claro y elegante idioma, establezca aquí esa corriente intelectual, ese contacto en todo tiempo visible entre el pensamiento francés y el pensamiento argentino que ha bebido y bebe con predilección en las fuentes inagotables de su brillante literatura y de su ciencia creadora y divulgadora. Y podemos estar satisfechos de que sea el profesor Duguit, porque abrigo la seguridad de que su palabra confirmará el juicio formado en la lectura de sus libros, á saber : que vamos á oír á un verdadero profesor, á un investigador obstinado y sin perjuicio de la verdad, á un pensador con vistas originales sobre la transformación futura de la sociedad civilizada contemporánea y de algunos de los principios jurídicos en que se asientan el derecho público y el privado.

CONFERENCIA DEL PROFESOR DUGUIT

La transformación general de las concepciones jurídicas desde la declaración de los derechos del hombre de 1789 y el código Napoleón. La concepción metafísica y la concepción realista del derecho. Eliminación constante y progresiva de la concepción metafísica del derecho subjetivo. Comprobación del hecho de solidaridad y de función social de individuos y grupos.

Señores :

Quiero que mi primera palabra sea un agradecimiento caluroso á la Facultad de derecho de vuestra gran ciudad, que ha tenido á bien asociarme durante algunas semanas á sus trabajos. Este será el gran honor de mi vida de profesor.

Gracias también desde el fondo del corazón al señor decano por su acogida tan cordial y por las palabras muy elogiosas con las cuales ha tenido la bondad de presentarme.

El objeto de estas conferencias es estudiar la transformación general del derecho, y particularmente del derecho civil en las sociedades americano-europeas, desde el comienzo del siglo xix, y especialmente desde dos actos celebres que señalan una etapa importante y ocupan un lugar eminente en la historia de las sociedades civilizadas : declaración de los derechos del hombre y del ciudadano de 1789 y el código Napoleón.

Haré este estudio desde un punto de vista exclusivamente científico. No traigo ninguna opinión preconcebida: no pertenezco á ningún partido: no soy miembro de ninguna iglesia: tengo el profundo respeto de todas las creencias : personalmente, no admito ningún dogma de cualquier orden que sea : hago ciencia, y exclusivamente ciencia, fundada en la observación imparcial de los hechos. Por otra parte, estas conferencias no son conferencias de vulgarización : son de orden exclusivamente universitario. Debo al gran establecimiento científico en el cual tengo el honor de hablar, al público ilustrado que me hace el honor de escucharme, debo á mí mismo entrar al corazón mismo de mi tema y tratarlo científicamente.

En primer lugar, ¿cómo debe entenderse el sentido y el alcance del tema que he elegido ? Comprenderéis que mi pensamiento no es indicar las transformaciones que la legislación positiva ha realizado en los principales países de Europa y América. Esto sería difícil y carecería de interés.

Por otra parte, soy de los que piensan que el derecho es mucho menos la obra déla legislación positiva que un producto constante y espontáneo de los hechos. Las leyes positivas, los códigos pueden subsistir intactos en la rigidez de sus textos : poco importa. Por la fuerza de las cosas, bajó la presión de los hechos, de las necesidades prácticas, se forman constantemente nuevas instituciones jurídicas. El texto perdura, pero ha quedado sin fuerzas y sin vida ; ó bien por una exégesis sabia y sutil se le da un sentido y un alcance no imaginado por el legislador cuando lo escribió.

Puedo, pues, hablar de las transformaciones generales del derecho y en particular de las transformaciones del derecho civil de una manera general, sin entrar en el detalle de las nuevas leyes positivas, desde la Declaración de los derechos del hombre de 1789 y del Código de Napoleón, en los países cuya legislación positiva se compone todavía de textos inspirados en los principios formulados en estos dos actos célebres; y creo poder decir que, á pesar de la diferencia en el detalle, de las divergencias de redacción son .todos los países americanos y europeos llegados al mismo grado de civilización y, en todo caso, todos los países de origen latino.

Pero si el derecho está así en perpetuo estado de transformación, si continuamente se están elaborando nuevas instituciones jurídicas ¿por qué limitar el campo de observación, por qué tomar la declaración de derechos de 1789 y el Código Napoleón, como punto de partida. Evidentemente, en la realidad de las cosas, hay una transformación continua y perpetua de ideas é instituciones. Pero se está obligado para facilitar la exposición á crear cuadros, distinguir períodos, distinción algo artificial seguramente, pero que es indispensable.

Por otra parte, estimo que hay realmente en la evolución general de los pueblos, ciertos períodos cuyo comienzo y fin son señalados por grandes hechos que no pueden substraerse á la atención del observador, que sería un grave error sociológico desconocerlo, que es necesario, pues, señalar estos distintos períodos y determinar las grandes corrientes que se manifiestan en cada uno de ellos.

Ahora bien, me parece imposible desconocer que en la evolución de las sociedades de cultura americano-europea, el código Napoleón y la declaración francesa de los derechos del hombre de 1789 indican la conclusión de una larga evolución en el orden jurídico, el coronamiento de una construcción jurídica, por lo demás, no sin grandeza y fuerza.

Los hombres de 1789 y los autores del código Napoleón y también es necesario decir la gran mayoría de jurisconsultos franceses y extranjeros de la primera mitad del siglo xix, salvo la escuela de Savigny, consideraban que había ahí un sistema de derecho definitivo que se imponía con el rigor y la evidencia de un sistema de geometría ; que, así como la geometría moderna reposa todavía sobre principios formulados por Euclides, de la misma manera en todos los tiempos, en tocios los países, el derecho de todos los pueblos civilizados no podría ser sino el desarrollo normal y racional de los principios inmortales y definitivos formulados en esos textos.

Ahora bien, ha resultado que, apenas concluida la construcción, las fisuras han aparecido. El siglo xix ha sido un período particularmente fecundo en todas los órdenes de la actividad humana. Se ha efectuado un movimiento considerable en el campo social. Pero este movimiento, en vez de ser como lo pensaban los hombres de la revolución francesa y la primera generación del siglo xix, este movimiento, digo, en lugar de ser el desarrollo normal de los principios formulados en 1789, ha sido una reacción formidable contra ellos.

Durante todo el siglo xix la obra destructora se ha cumplido. Pro- sigue todavía, pero con el siglo xx aparecen muy netamente los elementos de la nueva construcción jurídica que tampoco será definitiva. Nada es definitivo en el mundo, todo pasa, todo cambia; y el sistema jurídico que se está elaborando actualmente dará lugar un día á otro que los juristas sociólogos del porvenir tendrán que determinar.

Esta desaparición de las concepciones jurídicas de la Declaración de derechos y del Código de Napoleón y la elaboración de nuevas construcciones no son especiales á Francia. ¿ Estarán allí más adelantadas que en otras partes?. Tal vez los elementos del nuevo sistema jurídico aparecen más formados en ella que en otros países. Pero la transformación es general. Ella se manifiesta en todos los pueblos llegados á un mismo grado de cultura, tanto en Europa como en América. Está más ó menos adelantada, es más ó menos completa, aquí aparece respecto de un punto; allá se manifiesta en otro. Pero es general. Aparece con los mismos caracteres en todas las sociedades americano-europeos. Se hace sentir en todos los dominios del derecho, tanto en el derecho público como en el privado. Me propongo estudiarla particularmente en el derecho privado.

Los caracteres generales de esta transformación profunda de las concepciones jurídicas pueden, á mi entender, resumirse en las dos proposiciones generales siguientes que en las demás conferencias no haré sino desarrollar.

1° La declaración de los derechos del hombre, el código Napoleón y todos los códigos modernos que proceden más ó menos de aquellos dos actos, reposa sobre una concepción puramente individualista del derecho. Hoy se está elaborando un sistema jurídico, sobre la base de una concepción esencialmente socialista.

Es bien entendido que empleo esta palabra porque no tengo otra, que ella no implica en mi pensamiento ninguna adhesión á cualquier partido socialista, que indica solamente la oposición entre un sistema jurídico fundado en la idea del derecho subjetivo del individuo y el fundado en la idea de una regla social que se impone al individuo.

2º El sistema jurídico de la declaración de los derechos del hombre y el Código Napoleón reposaba en la concepción metafísica del derecho subjetivo. El sistema jurídico de los pueblos modernos tiende á establecerse sobre la comprobación del hecho de función social, imponiéndose á ]os individuos y á los grupos. El sistema jurídico del Código Napoleón era de orden metafísico; el nuevo sistema en elaboración es de orden realista.

Me explicaré. Digo desde luego que la noción fundamental, base del sistema jurídico de la declaración de derechos y del Código Napoleón y de todas las legislaciones positivas inspiradas en ellas, es la del derecho subjetivo, el derecho subjetivo del estado persona para la colectividad; el derecho subjetivo, del individuo ; que esta noción es de orden puramente metafisico, lo que está en segura contradicción con las tendencias de las sociedades modernas y con el realismo y — digamos la palabra — con el positivismo de nuestra época.

¿Qué es pues un derecho subjetivo? Las controversias sin fin que se levantan sobre la verdadera naturaleza del derecho subjetivo son la mejor prueba de lo artificial y precario de esta concepción, ¡No terminaría si citara todo lo que se ha escrito en Alemania, Francia, Italia y también entre vosotros sobre la naturaleza del derecho subjetivo. En definitiva todas estas controversias arriban á esta definición : es el poder que pertenece á una voluntad para imponerse á una ó varias voluntades, cuando aquella quiere una cosa, no prohibida por la ley. Los alemanes, especialmente el profesor Jellinek dice : "el derecho subjetivo es el poder de querer ó el poder de imponer á los demás el respeto de su querer.
Tomad lo que se ha convenido en llamar derechos y aquellos que os son más familiares, y veréis fácilmente que ellos se traducen siempre, al menos en apariencia, en el poder que tengo de imponer aun por la fuerza, á otros individuos mi propia voluntad. La libertad es un derecho : tengo el poder de imponer á los demás el respeto de la voluntad que tengo de desenvolver libremente mi actividad física, intelectual y moral. Tengo el derecho de propiedad: tengo el poder de imponer á los demás el respeto de mi voluntad de usar como lo entiendo de la cosa que poseo á título de propietario. Tengo el derecho de crédito : tengo el poder de imponer á mi deudor el respeto de la voluntad que tengo de que ejecute la prestación.

De manera que la noción de derecho subjetivo y esto es esencial á observar y á recordar, implica siempre dos voluntades en presencia: una voluntad que puede imponerse á otra voluntad, que es superior á otra voluntad. Esto implica una jerarquía de voluntades, en cierta manera una medida de voluntades, y una afirmación sobre la naturaleza la fuerza de la substancia- voluntad.

Y esto es, precisamente, y desde luego una afirmación de orden metafísico. Podemos bien comprobar las manifestaciones exteriores de s voluntades humanas. ¿ero cuál es la naturaleza de la voluntad humana? ¿cuál es su fuerza? ¿Puede una voluntad ser en sí superior á otra voluntad? Son estas otras tantas cuestiones cuya solución es imposible en ciencia positiva.

Por esto solo, la noción de derecho subjetivo se encuentra enteramente arruinada y tengo razón para decir que la noción de derecho subjetivo es una noción de orden metafísico que no puede ser mantenida en una época de realismo y positivismo como la nuestra.

Es lo que Augusto Gomte, el gran pensador, había afirmado hace ya más de medio siglo en términos muy enérgicos que os pido el permiso de citaros. «La palabra derecho debe ser descartada del verdadero lenguaje político como la palabra causa del verdadero lenguaje filosófico. De estas dos nociones teológico-metafísicas, una (la de derecho) es en adelante inmoral y anárquica, como la otra (la de causa) es irracional y sofística... No puede existir derecho verdadero sino cuando los poderes regulares emanaron de voluntades sobrenaturales. Para luchar contra esas autoridades teocráticas, la metafísica de los cinco últimos siglos introdujo pretendidos derechos humanos que no desempeñaban sino un oficio negativo. Cuando se ha intentado darles un destino verdaderamente orgánico han manifestado pronto su naturaleza antisocial tendiendo siempre á consagrar la individualidad. En el estado positivo que no admite título celeste, la idea de derecho desaparece irrevocablemente. Cada uno tiene deberes y hacia todos pero nadie tiene derecho propiamente dicho... En otros términos nadie posee ya otros derechos que el de cumplir siempre su deber. »

Y, sin embargo, sobre esta concepción artificial y caduca de derecho subjetivo, la declaración de los derechos del hombre, el código napoleón y las legislaciones que proceden de es los dos actos, han establecido todo el sistema jurídico. Los textos son bien conocidos : « Los hombres nacen y son libres é iguales en derechos ; estos derechos son: la libertad, la propiedad... » (Declaración de derechos de 1789, artículos 1° y 2º.) El código Napoleón, articulo 544 : « La propiedades el derecho de gozar de una cosa de la manera más absoluta ». Y si tomo el texto de vuestra constitución, el capítulo tiene por título : Declaraciones, derechos y garantías ; el artículo 14 : « Todos los habitantes de la nación gozan de los derechos siguientes conforme á la ley que reglamenta su ejercicio». Y el artículo 2540 de vuestro código civil que define la propiedad : « El derecho real en virtud del cual una cosa se encuentra completamente sometida á la voluntad de una persona. »

A esta noción metafísica de derecho subjetivo se ligaba una concepción puramente individualista de sociedad y de derecho objetivo, es decir, del derecho impuesto como regla de conducta á los individuos y á la colectividad personificada en el Estado.

Esta concepción individualista tiene un lejano pasado ; ella es el producto de una larguísima evolución ; ella reconoce su origen en la filosofía estoica. Ella había llegado en xvi y xviii siglos á una fórmula completa y definitiva y que puede resumirse así :

El hombre es por naturaleza libre, independiente, aislado, titular de derechos individuales, inalienables é imprescriptibles, derechos llamados naturales inherentes á su calidad de hombre. Las sociedades se han formado por la aproximación voluntaria y consciente de los individuos, que se han reunido con el objeto de asegurar la protección de sus derechos individuales naturales. Sin duda por el efecto de esta asociación se establecen restricciones en los derechos de cada uno, pero solamente en la medida en que esto es necesario para asegurar A libre ejercicio del derecho de todos. La colectividad organizada, el Estado, no tiene otro fin que el de proteger y sancionar el derecho individual de cada uno. La regla del derecho, ó el derecho objetivo tiene por fundamento el derecho subjetivo del individuo. Ella impone al Estado la obligación de proteger y garantir los derechos del individuo; ella le prohíbe hacer ningún acto que atente contra ellos. Ella impone á cada uno la obligación de respetar los derechos de los otros. El límite de la actividad de cada uno tiene por fundamento y medida la protección del derecho de todos.

Esta concepción puramente individualista del derecho era tan artificial como la concepción del derecho subjetivo. Como ésta era un producto histórico ; tuvo su valor de hecho en un momento dado, pero no podía subsistir.

Desde luego, estaba íntimamente ligada á la noción de derecho subjetivo, y si, como creo haberlo demostrado, esta noción de derecho subjetivo era una noción de orden metafísico que no puede ser mantenida en nuestras sociedades modernas, muy penetradas de realismo y positivismo, la concepción individualista debe también desaparecer.

Por otra parte, considerada en sí misma, la concepción individualista es insostenible. Esta idea del hombre natural, aislado, independiente, teniendo en su calidad de hombre derechos naturales anteriores á la sociedad, y llevando esos derechos á la sociedad, es una idea completamente extraña á la realidad. El hombre aislado é independiente no ha existido jamás, el hombre es un ser social, no puede vivir sino en sociedad ; ha vivido siempre en sociedad.

Además, hablar de derechos del hombre natural, aislado, del individuo tomado en sí, separado de sus semejantes, es hacer una contradicción in adjecto. En efecto, el derecho, implica, por definición, una relación entre dos sujetos. Si se supone un hombre aislado y absolutamente separado de sus semejantes, no tiene, no puede tener derechos. Robinson en su isla no tiene derechos, no puede tenerlos sino cuando entra en relación con otros hombres. El hombre, pues, no puede tener derechos sino cuando vive en sociedad y porque vive en sociedad. Derechos anteriores á la sociedad, no tiene, no puede tenerlos.

Y como, por otra parte, hemos visto que en realidad el hombre social no puede tener derechos subjetivos, todo el sistema jurídico, fundado en la noción de derecho subjetivo y la concepción individualista se derrumba, destruido en su misma base.

Pero al mismo tiempo se elabora sobre otras bases un nuevo sistema jurídico en todas las sociedades americanas y europeas que han alcanzado el mismo grado de cultura y de civilización ; un sistema cuya formación está más ó menos avanzada según los países, un sistema jurídico que lentamente, bajo la presión de los hechos, viene á reemplazar al antiguo sistema, y esto, sin la intervención del legislador, á pesar de su silencio, y, podría decir, á pesar á veces de su intervención en sentido contrario.

Reposa en una concepción exclusivamente realista, que elimina progresivamente la concepción metafísica de derecho subjetivo. Es la noción de función social. El hombre no tiene derecho; la colectividad tampoco. Pero todo individuo tiene en la sociedad cierta función que llenar; cierta tarea que cumplir. Y éste es precisamente el fundamento de la regla de derecho que se impone á todos, grandes y pequeños- gobernantes y gobernados.

Y esto es también propiamente una concepción de orden realista y socialista que transforma profundamente todas las concepciones jurídicas anteriores.

Es lo que me propongo mostrar en las conferencias siguientes.

Pero desde hoy, quiero tomar ejemplos que revelan de una manera concreta cómo se realiza la transformación, y en qué consiste. Tomo la libertad y la propiedad.

Y desde luego, la libertad, que se detine en la concepción individualista como el derecho de hacer todo lo que no perjudica á terceros ; y por lo mismo a fortiori el de no hacer nada. En la concepción moderna ya no es eso. Todo hombre tiene una función social que llenar, y por consiguiente el deber social de llenar, y el deber de desarrollar tan completamente como sea posible su individualidad física, intelectual y moral, para llenar esa función lo mejor posible y nadie puede 'trabar ese libre desenvolvimiento. Pero el hombre no tiene el poder de permanecer inactivo, no tiene el poder de entorpecer él mismo el libre desenvolvimiento de su individualidad, no tiene el derecho á la ociosidad, á la pereza y el gobernante puede intervenir para imponerle el trabajo. Hasta puede reglamentar su trabajo, porque los gobernantes no hacen así sino imponerles la obligación de cumplir la función social que le incumbe.

¿ Y la propiedad ? Ella no es ya en este derecho moderno ese derecho intangible, absoluto, que el hombre detentador de la riqueza tiene so-
bre esa riqueza. Existe y debe existir, ella es la condición indispensable de la prosperidad y de la grandeza de las sociedades. Las doctrinas colectivistas son doctrinas bárbaras. Pero la propiedad no es un derecho, es una función social. El propietario, es decir, el detentador de una riqueza tiene, por el hecho de poseer esta riqueza, una función social que llenar; en tanto que llene esta misión, sus actos de propietario son protegidos : si no la llena, si por ejemplo no cultiva sus tierras, la intervención del gobierno es legítima para constreñirlo á cumplir su función social de propietario.

Tales son, señores, las ideas fundamentales que dominarán estas conferencias, y tales son los puntos principales, que me propongo estudiar en ellas. Veis sin dificultad que tocan á todas las grandes cuestiones que se agitan en nuestras sociedades modernas : la cuestión de la libertad, de la propiedad, la libertad de asociación, la responsabilidad.

Estudiaremos estas cuestiones por el método de observación, por el examen imparcial de los hechos, y yo sé que tendré en vosotros oyentes que serán para mi verdaderos colaboradores.

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