Thursday, October 13, 2011

Balada triste de las Seis de Brent

Un buen amigo me da aviso de la entrada que hoy aparece en el Oppenblog (http://blogs.elpais.com/oppenblog/2011/10/requiem-por-las-bibliotecas.html) de Walter Oppenheimer, actual corresponsal de El PAÍS en Londres, y que aquí reproduzco

Réquiem por las bibliotecas
Por: Walter Oppenheimer 13 de octubre de 2011



Kensal Rise Library (Brent)




Cuando en enero pasado un grupo de activistas consiguió vaciar en apenas unos días la biblioteca de Stony Stratford para demostrar que seguía siendo necesaria y salvarla así del programa de ajuste del gasto de su ayuntamiento, no solo estaban luchando por su biblioteca, sino por otras 400 que están amenazadas en el conjunto del Reino Unido. Logrando que en apenas unos días la biblioteca prestara sus 16.000 volúmenes, consiguieron convocar la atención mediática de medio mundo y salvarla del cierre, al menos por un año.
Pero los habitantes de Brent, un barrio especialmente multicultural del noroeste de Londres, no han tenido tanta suerte. El Tribunal Superior de Londres ha avalado la decisión del consejo municipal de cerrar seis de sus 12 bibliotecas. Entre ellas figura la de Kensal Rise, inaugurada por Mark Twain en 1900, y que ha centrado la campaña de protestas en Brent con la ayuda de una página de Internet, Save Kensal Rise Library, y la colaboración de conocidos intelectuales como el novelista Alan Bennett, el comediante Phil Jupitus o el músico Robin Hitchcock. Los cantos de requiem se oirán también por otras cinco bibliotecas de Brent con menos lustre histórico pero igualmente necesarias, como las de Cricklewood, Neasden, Barham Park, Preston y Tokyngton. A ellas les seguirán cientos de bibliotecas cuya suerte dependía de lo que ocurriera con la sentencia de Brent.

La campaña para salvar las bibliotecas de Brent ha logrado el apoyo de 10.000 firmas y ha recaudado 30.000 libras (34.500 euros), pero no ha convencido a los jueces de que el ayuntamiento tenía otras alternativas con menor impacto negativo para la población en su objetivo de reducir costes frente a la crisis.
Al margen de cuestiones legales, el problema de fondo es la utilización de la crisis por la clase gobernante para llevar el agua a su molino. Al exacerbar el programa de recortes con el que ganaron las elecciones de 2010 (en realidad, ganaron solo a medias: han tenido que formar coalición con los liberales-demócratas) , los conservadores de David Cameron y su lugarteniente en el Tesoro, George Osborne, han dado la impresión de que se aprovechaban de la crisis para defender una posición sobre todo ideológica: reducir el papel del Estado en la vida política.
Lo mismo se puede decir de los ayuntamientos. Nadie niega que son uno de los mayores perjudicados del ajuste en el gasto público decidido en Westminster, pero el cierre de bibliotecas (y es solo un ejemplo) parece sobre todo una decisión oportunista porque es algo que muchos no se atreverían a hacer si no hubiera crisis a pesar de que es un servicio con menos demanda que en el pasado y por lo tanto menos rentable. Pero, ¿se habrían atrevido a cerrarlas sin el paraguas de la crisis? En definitiva, las bibliotecas no tienen por qué ser un negocio rentable, sino una inversión en el bien común con beneficios intangibles pero no por eso menos necesarios. Al cerarrlas a la sombra del ajuste fiscal, los políticos se visten de empresarios parea no tomar decisiones políticas




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