Sunday, April 10, 2011

Kraków (y V). Castillo Real de Wawel y Catedral de San Wenceslao y San Estanislao

Kraków, 4/domingo 3/2011 (PM)

Venzo la pendiente de subida y al último repecho van ya apareciendo las primeras edificaciones del complejo que ahora integran la fortaleza Wzgorze Wawelskie y la Catedral de San Wenceslao y San Estanislao.

Desde un pequeño mirador se contempla un meandro del río Vístula. De allí a poco la esplanada que da panorámica completa de conjunto, con detalles arquitectónicos que no dejo a la infiel memoria.

Las restricciones fotográficas en el interior de la Catedral son totales. Pero mi interés es más empírico que espiritual. Contemplo los túmulos funerarios de varios reyes polacos, casi todos revestidos de ornato renacentista. Observo la connivencia de estos monarcas, más allá de su limitado tiempo en el mundo, con los príncipes de la Iglesia (arzobispos y otras dignidades del orden episcopal), que continúan en su perímetro. Es el "tandem" de poder terreno y espiritual que tan armónicamente marchó en la carrera de los siglos hasta bien entrada la modernidad, y allí resposa. La empiria me ofrece otra comprobación; sobre el tamaño del gótico local, no únicamente referido a esta catedral, que es mucho más recogido, más portatil.


Hay hermosos vitrales. Luz en filtro policromático de malvas, carmesíes, amarillos opalinos y verdes de fuego que produce atmósferas de quietud. El aéreo rosetón está sólo en piedra, desnudo, por lo que parece pendiente de su restauro. A la salida una estatua de Juan Pablo II, con cayado pastoral. Allí ofició sus primeras misas.

Y todavía una verificación añadida; concierne a Lech Kaczyński, fallecido en accidente aéreo el mes de abril del pasado año. Tanto se dijo por la prensa del escándalo de su inhumación junto a los reyes. Pues nada menos cierto. La mole casi cúbica de marmol dorado que es custodia de sus restos se encuentra en una cripta completamente adyacente a la Catedral, junto a varios héroes militares de la Guerra del 14, destacadamente el mariscal Józef Piłsudski; es la llamada Cripta en la Torre de las campanas de plata, coronada por la inscripción Corpora dormiunt vigilant animae, y el sarcófago presidencial ha quedado situado en el vestíbulo. Y ésa tampoco es la Cripa de los Bardos, donde se hallan poetas como Adam Mickiewicz, Juliusz Slowacki o Cyprian Kamil Norwid. Los reyes yacen en la Bóveda Segismundo. Cada cual, pues, en su lugar; y todos reunidos en el abrazo de la muerte. Lo demás son inventos y maledicencia. Otra cosa será discutir de su posible heoricidad. A mi no me corresponde, estoy seguro.

Avandono el Castillo y regreso hacia la ciudad. Almuerzo, sobremesa, paseo, descanso, lectura (¡qué bien escribre Roth, y que "burguesmente" divertido su Perlefter). Para cena de nuevo cocina hebrea; la polaca se agota a sí misma en patatas, aunque la crema de espárragos es una delicia. Mañana último día, con horario de regreso que aún me permitirá algún recorrido accidental.


J.C. G.

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