Friday, April 08, 2011

Krakóv (III). Por Kazimierz.

Kraków, 4/sábado 2/2011 (PM)
Regreso a mi hotel en Kazimierz, cerca de la sinagoga (ul. Kupa) fundada en 1638 por Izaaka Jakubowicza. Aún callejeo un poco más: Jakuba, Josefá, Miodowa... Desde la hornacina acristalada (han golpeado y hundido el vidrio blindado) en el muro de una calle empedrada contemplo el cementerio judío; lápidas vacilantes, a veces firmes como hitos camino a una muda eternidad. Las memorias son guijarros que se acumulan piedra sobre piedra. A este camposano hebreo le faltan las 65.000 tumbas de Auschwitz-Birkenau. Miro en el cielo; está limpio.
Continúo hasta Szeroka 12, la antigua casa de Helena Rubinstein; allí me albergo. En la plaza han blanqueado la fachada de uno de los inmuebles. Una alba imprimación que parece hecha de una sola vez. Algún inquilino dejó olvidada ropa tendida. El blanco unánime no admite excepeciones. ¿Cómo añadir esta imagen morosa al panorama del barrio judío, de qué modo interpretarla?




He hecho reserva de mesa en Alchemia (ul. Estery 5). Allí se cena en semioscuridad, a la lumbre de velas. El encanto no es únicamente de tipo romántico. Sobre las mesas pequeños floreros con tulipanes de color amarillo, fucsia y cárdeno.
Descanso y algo de lectura. He traído conmigo Escenas de la vida burguesa. Perlefter y Fresas, de Joseph Roth.
J.C.G.

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