Saturday, March 26, 2011

LITERATURA, DERECHO Y CINE: Un tranvía llamado deseo y el Código Napoleón


A Streetcar Named Desire, New Directions, New York, 1947





TÍTULO ORIGINAL: A Streetcar Named Desire AÑO: 1951 DURACIÓN: 122 min. PAÍS: EEUU DIRECTOR: Elia Kazan GUIÓN: Tennessee Williams (Teatro: Tennessee Williams) MÚSICA: Alex North FOTOGRAFÍA: Harry Stradling (B&W) REPARTO: Vivien Leigh, Marlon Brando, Kim Hunter, Karl Malden, Rudy Bond, Nick Dennis, Peg Hillias, Richard Garrick, Ann Dere PRODUCTORA: Warner Bros. Pictures PREMIOS: 1951: 4 Oscars: Actriz (Leigh), actor sec. (Malden), actriz sec. (Hunter), direcc. artíst. B/N GÉNERO: Drama SINOPSIS: Blanche, que pertenece a una rancia familia sureña arruinada, es una mujer madura y decadente que vive anclada en el pasado. Diversas circunstancias la obligan a ir a vivir a Nueva Orleáns con su hermana Stella y su cuñado Stanley, un hombre rudo y violento. Su actitud remilgada y arrogante esconde un escabroso pasado que la ha conducido al desequilibrio mental. Su inestable conducta provoca conflictos que alteran la vida de la joven pareja. (FILMAFFINITY)



Elia Kazan (1909-2003)



Tennessee Williams (1911-1983) «Siempre he confiado en la bondad de los desconocidos», decía Tennessee Williams por boca de Blanche DuBois, Vivien Leigh en Un tranvía llamado deseo.

Tennessee Williams. Photo Alfred EisenstaedtTime & Life PicturesGetty Images 1.1.1956
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Stanley (acercándose más a ella, pacientemente): -En el estado de Louisiana existe algo que se llama el Código Napoleón, de acuerdo con el cual todo lo que le pertenece a la esposa le pertenece al marido y viceversa. Blanche: -¡Caramba! ¡Su aire impresiona, señor Kowalski! ¡Parece usted un juez! (Lo rocía con el vaporizador y ríe.) Stanley (aferrándola de la muñeca derecha): -Si no supiera que usted es la hermana de mi mujer, pensaría ciertas cosas de usted. (La suelta.) Blanche: -¿Por ejemplo? Stanley (apartándole la mano): -No se haga la tonta. ¡Usted sabe qué quiero decir! Blanche (dejando el vaporizador sobre la mesa): -Bueno, pongamos las cartas sobre la mesa. Eso me conviene. (Se vuelve hacia Stanley.) Sé que soy bastante embustera. Después de todo, la seducción en una mujer se compone en un cincuenta por ciento de ilusión. Pero cuando se trata de algo importante digo la verdad y la verdad es ésta: yo no he estafado a mi hermana ni a usted ni a nadie en mi vida.
Stanley: -¿Dónde están los documentos? ¿En el baúl? Blanche: -Todo lo que tengo en el mundo está en ese baúl. (Stanley va hacia el baúl y comienza a hurgar en la gaveta de arriba.) ¿En que está pensando, por amor de Dios? ¿Qué hay en el fondo de su cerebro infantil? ¡Permítame que lo haga yo, será más rápido y más sencillo! (Se acerca al baúl, apartando a Stanley. Cierra la gaveta de arriba, abre la segunda, toma dos sobres de papel Manila que pone sobre la tapa y luego extrae una caja de latón de las usadas para guardar escrituras.) Generalmente tengo mis documentos en esta caja de latón. Stanley (escudriñando la gaveta por sobre su hombro): -¿Qué hay ahí debajo? Blanche: -Cartas de amor. (Al foro, se oye «La Varsoviana.») Amarillas de vejez, y todas del mismo. (Stanley toma las cartas y va a la derecha. Blanche, con un grito, repone la caja de latón en su gaveta.) ¡Devuélvamelas! (Lo sigue. Stanley les arranca las cintas a las cartas y mantiene a raya a Blanche cuando la joven se le acerca por la izquierda y luego por detrás, en vanas tentativas de recobrar las cartas.) Stanley: -Primero, les echaré una miradita.
Blanche (jalando del brazo de Stanley): -¡El contacto de su mano es un insulto para esas cartas! Stanley (mirándolas): -¡Déjese de farsas! Blanche (forcejeando para arrebatárselas): -¡Ahora que las ha tocado, las quemaré! (Las cartas caen al suelo. Blanche corre al centro, se hinca de rodillas, las recoge y las ata con la cinta.) Stanley: -¿Qué son? Blanche (de rodillas): -Poemas. Los escribió un joven que ha muerto. ¡Lo herí como querría herirme usted a mí, pero no puede hacerlo! Ya no soy joven y vulnerable. Pero mi joven marido lo era, y yo... Bueno, qué más da. ¡Devuélvamelas! Stanley: -¿Qué quiere decir con eso de que tendrá que quemarlas? Blanche (atando las cartas): -Perdón. Debo de haber perdido la cabeza por un momento. Todos tenemos algo que no queremos ver en manos de los demás, a causa de su... carácter íntimo. (Parece desfallecer de agotamiento cuando guarda las cartas en su bolsa, la cierra y la cuelga de su brazo derecho. Vuelve al baúl y trae dos grandes sobres con documentos legales. Stanley se le acerca. La música de «La Varsoviana» se extingue. Blanche le tiende a Stanley uno de los sobres.) Ambler y Ambler. Stanley: -¿Qué es eso de Ambler y Ambler? Blanche (mirando la caja de latón): -Una firma comercial que nos hizo préstamos sobre el valor de la propiedad. (Pone la caja de latón encima del sobre.) Stanley: -¿De modo que la finca se perdió a causa de una hipoteca? Blanche: -Debió de ser eso lo que ocurrió. Stanley: -¡No quiero ningún si...,y..., o pero! ¿Dónde están los demás documentos? (Se acerca a la mesa, le arrima la silla, se sienta de espaldas al público y examina los papeles.) Blanche (examinando el último sobre con documentos del baúl): -Hay miles de documentos vinculados con Belle Rêve y que surgieron a lo largo de siglos, a medida que nuestros imprevisores abuelos y padres y tíos y hermanos permutaban parcela tras parcela la tierra por sus épicas fornicaciones... para decirlo sin ambages. Esa palabra nos despojó de nuestra plantación, hasta que finalmente sólo quedaron, y Stella puede comprobarlo (se acerca a Stanley con los papeles), la casa sola y unos veinte acres de tierra, inclusive un cementerio al cual ahora se han retirado todos, menos Stella y yo. (Sacando los documentos del sobre y poniéndolos en manos de Stanley, sobre la mesa. Esgrime el sobre vacío.) ¡Ahí están todos los documentos! ¡Se los regalo! ¡Lléveselos, estúdielos!... ¡Apréndaselos de memoria, si quiere! Me parece espléndidamente natural que Belle Rêve se haya reducido por fin a ese manojo de papeles en sus grandes y competentes manos. (Arroja el sobre vacío sobre la mesa. Se oye música de jazz.) ¿Habrá vuelto Stella con mi refresco de limón? (Se adelanta hacia la puerta de la calle.) Stanley (recogiendo los papeles): -Tengo un amigo abogado que los estudiará a fondo. Blanche (cierra la gaveta del baúl. Entra en el dormitorio para llevarse su sombrero y sus guantes que están sobre la cama. Se queda parada junto a la silla del tocador, poniéndose un guante): -Regáleselos junto con un tubo de aspirinas. Stanley (sentado aún, algo avergonzado): -Como comprenderá, de acuerdo con el Código Napoleón... un hombre tiene que interesarse por los asuntos de su mujer... sobre todo ahora, que Stella va a tener un hijo. Blanche (impresionada): -¿Stella? ¿Stella va a tener un hijo? (Se sienta y dice, débilmente:) Yo no lo sabía.

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