Sunday, February 07, 2010

BALZAC Y LOS PERIODISTAS. LITERATURA Y DERECHO DE INFORMACIÓN


HONORE DE BALZAC
Monografía de la prensa parisina [Los periodistas]

Ed. a cargo de Pedro José Crespo
Prólogo de Javier Díaz Noci
Estudio Prel. de Antonio López Hidalgo («Los géneros periodísticos según Balzac»)
Comunicación social Ediciones y Publicaciones,
Sevilla- Zamora, 2010, 192 pp.
ISBN: 978-84-96082-43-4

Noticia editorial:
Han tenido que pasar casi dos siglos para que podamos leer en castellano esta obra del todo actual. Ahora que la prensa habla de la muerte de la prensa —tal como la conocemos— pocos libros son más oportunos en su salida a la calle que este de Balzac, uno de esos tan famosos del que muchos hablan sin haberlo leído.
Con la Monografía de la prensa parisina, Balzac nos ofrece un retrato de la época en el que refleja las pasiones, la mediocridad, los intereses de una profesión que ya entonces había definido su estructura y sus características. Por eso esta obra resulta hoy tan actual, es más, su actualidad es realmente sorprendente. La Monografía es, pues, un retrato agridulce de la profesión periodística del momento, en el que la audacia y la perspicacia de su pluma nos permiten esbozar una sonrisa mientras nos acercamos al corazón del periodismo francés entonces imperante para conocer a los hombres de la Prensa y sus costumbres, y mostrárnoslos «en el ejercicio de su sacerdocio».
Lejos de ser un opúsculo menor, la Monografía de la prensa parisina forma parte de ese gran cuadro que Balzac dejó inacabado a su muerte —La comedia humana—, un fresco monumental en el que pretendió retratar las pasiones de los hombres y las mujeres de su época. Celebremos como obra nueva la primicia en castellano que esta traducción nos ofrece, 167 años después, y divirtámonos como hicieron sus contemporáneos cuando la conocieron por primera vez.
Esta edición recupera los xilograbados originales que la acompañaron en su edición de 1843, grabados que nunca más, en las distintas ediciones francesas y traducciones a otras lenguas, se habían vuelto a utilizar.
Esta Monografía es un texto audaz y divertido, irónico y mordaz, e imprescindible para conocer la historia de la prensa. Como colofón a estas páginas, el autor se posiciona frente al periodismo con este axioma: «Si la prensa no existiese, sería preciso no inventarla».
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Por mi parte, recupero con esta ocasión un fragmento de la conferencia pronunciada el 9 de diciembre de 2005 dentro del III Master Universitario en Comunicación y Cultura, Ciclo “Nuevas fronteras de la cultura y la comunicación”. Sala Ámbito Cultural de El Corte Inglés Málaga. El texto completo se publicó luego con el título La intimidad en el espejo de los media. Una mirada desde la Literatura y el Derecho, en Derecho Comparado de la Información, Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM (Universidad Autónoma Nacional de México), núm. 8, julio-diciembre de 2006, pp. 97-136 [versión electrónica: http://www.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/decoin/cont/8/art/art6.pdf ], y en Derecho. Revista de la Facultad de Derecho. UNSA (Universidad Nacional de San Agustín). Nueva Era, Año 8, núm. 8, noviembre de 2006, Arequipa (Perú), pp. 339-358 [versión electrónica: http://www.unsa.edu.pe/escuelas/de/rev_derecho/REVISTA08/339-358_20_JCalvoG.pdf ].

“En Les illusions perdues [3] (1837-1843) y Les journalistes. Monographie de la presse parisenne [4] (1842), presenta Balzac la imagen de la práctica periodística de la época y una acre diatriba de sus profesionales, desde propietarios, directores y articulistas hasta las diferentes “camarillas”. El padre del realismo romántico critica sin paliativos la “toute puissance” de los periodistas, su afectación y jactancia, su espíritu venal y versátil (“el periodismo –escribirá- es la gran plaga de este tiempo”), la banalidad de sus juicios (“Para un periodista, todo aquello que es probable es verdad”), denunciando asimismo las interesadas campañas sostenidas por los “petits journaux” partidistas (“Mettre en entier les discours des députés que appartiennent à la couleur du journal”) y la desmedida influencia que ya por entonces ejercían sobre las instituciones (“el poder ha descendido de las Tullerías a los periodistas”, “la presse tient à faire les affaires du pays”; “la prensa ha organizado el pensamiento y el pensamiento pronto va a hacer explotar el mundo. Una hoja de papel, endeble instrumento de una idea inmoral, puede nivelar el globo”). Sus acometidas no carecían de antecedentes; dos ilustrados tan notables como Denis Diderot (1713-1784) o Voltaire (François-Marie Arouet, 1694-1778), habían coincidido en denunciar el primero -con ocasión de su crítica a las gazettes inglesas- la mediocridad, la corrupción y la subordinación de ciertos periodistas, y el segundo que “La presse, il faut l´avouer, est devenu l´un des fléaux de la societé et un brigandage intolérable” [5]. Y ya al margen de la ficción literaria, la visión que el Balzac “en zapatillas” nos ofrece es todo menos vaga e indefinida: por ejemplo, a su amigo Léon Gozlan (1803-1866) le escribe: “No me gusta el periodismo. Puedo decir incluso que lo aborrezco. Es una fuerza ciega, sorda, perversa, rebelde, sin moralidad, sin tradición, sin objetivos concretos y dignos” [6]. Pero de Balzac creo no obstante que interesa destacar en especial lo relativo a los rasgos culturales y aspectos deontológicos del fenómeno, en cuanto que si bien referidos a la esfera de la vida pública pueden resultar esclarecedores a la hora de su traslación al ámbito de la intimidad: “Ser periodista –dijo- es pasar a ser procónsul en la República de las letras” [7], y junto a ello el disolvente análisis, ausente de todo escrúpulo, que el terrible personaje de Les illusions, Claude Vignon nos ofrece: “El periodismo, en vez de ser un sacerdocio, se ha convertido en un instrumento para los partidos; de instrumento ha pasado a ser comercio, y como todos los comercios, carece de fe y de ley. Todo periódico es una tienda donde se venden al público palabras del color que busca. Un periódico no está para esclarecer sino para alagar las opiniones. Así todos los periódicos serán, en un tiempo dado, cobardes, hipócritas, infames, mentirosos, asesinos; matarán las ideas, los sistemas, los hombres y, por eso mismo, florecerán”.

[3] Honoré BALZAC, Les illusions perdues, Livre de Poche, Paris, 1972. Existe edición española, Las ilusiones perdidas, con Pról. de Manuel de Lope y trad. de J. R. Maestre, Suma de Letras, Madrid, 2001.
[4] Honoré BALZAC, Les journalistes. Monographie de la presse parisienne. Suivi Des salons literaires, Arléa, Paris, 1991.
[5] VOLTAIRE, "Conseils à un journaliste", Édition critique par François Moureau con la colaboration de Dieter Gembicki, en Œuvres complètes. T. 20A ("Œuvres de 1739-1741"), Voltaire Foundation, Oxford, 2003, p. 449-516. Vid. también Jean SGARD, "Voltaire et la passion du journalisme", en Christiane MERVAUD -Sylvain MENANT (eds.), Le siècle de Voltaire, Hommage à René Pomeau, The Voltaire Foundation, Oxford, 1987, t. II, pp. 847-854,.
[6] Léon GOZLAN, Balzac en zapatillas, trad. de J. Casán Herrera., Edit. Planeta, Barcelona, 1991, p. 154.
[7] Honoré BALZAC, Les illusions perdues, cit., p. 198.

(El párrafo corresponde a las pp. 101 y 102 de la edición mexicana, y a las pp. 340-341 de la peruana.)

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