Friday, May 29, 2009

Flor imaginada, por José Calvo González





Karel Čapek
El año del jardinero
Ilustraciones de Josef Čapek
trad. de Esteve Serra
José J. de Olañeta, Editor
Palma de Mallorca, 2009
144 pp.


Por más que el título convoque a almanaque o a publicación especializada, la obra cultiva sin embargo propósitos muy distintos. Son, me parece, la ironía florecida de buen humor y el optimismo inmarchitable. Sus páginas conmoverán menos al botánico, o al fitólogo, e incluso al filólogo, por más que en éste algunos de sus tesones recuerden las muchas faenas de jardinería; cavar, excavar, escardar, sachar, desyerbar la lengua. Emocionarán, sobre todo, a quienes creemos que jardín no es una palabra, sino una metáfora, y mejor una parábola.
Karel Čapek ha escrito un apólogo sobre la fragilidad del muestrario de maravillas que es la vida en el lapso que abarca un año, donde tampoco de esta medida resulta un régimen para gobernar el tiempo, sino alegoría de lo transitorio, fugaz, breve, un exemplum para el testimonio de secuencia en los días, que es igualmente -siempre- un relato.
Checo de Bohemia, Karel Čapek escribió esta obrita deliciosa un año antes de publicar Viaje a España, de 1930 (eds. Hiperión, 1989). Les había precedido el inquietante R.U.R (Rossum's Universal Robots) de 1920, que popularizó la autóctona “robota”, expresión que quizá antes nació pronunciada como Golem del rabbi Lev en la pluma milagrosa de Gustav Meyrinck. Murió el año 1938, dos después de publicar La guerra de las salamandras, la que más le dio a conocer; una sátira de ciencia ficción acerca de cómo la astucia política y la gran industria pueden con decisión entregarnos al apocalipsis (eds. Hiperión, 1992). En El año del jardinero colaboró su hermano Josef, dibujando unos divertidos “monos”. Fue pintor kubišta -en el honesto cubismo checo de Emil Filla, Bohumil Kubišta, Václav Spála…, que germinó por simientes picassianas en el jardín coleccionista de Vincenc Kramář- y también poeta y escritor de cuentos infantiles (Nueve Cuentos y Uno de Propina, Siruela, 2003). Murió en el campo de concentración de Bergen-Belsen (1945), cuando la salamandra nazi y los negocios de la guerra sembraron con fuego el locus amoenus del “mundo de ayer” europeo. Josef había nacido en 1887, Karel en 1890.
El año del jardinero alberga momentos impagables. “Contrariamente a lo que cabría esperar, el jardinero no sale de una semilla”; y “Hay cien maneras de crearse un jardín: la mejor es todavía llamar a un jardinero”. O este otro: “podría hablar de los colores lujuriantes del otoño… Pero quisiera rendir homenaje a otra belleza de nuestro otoño checo y cantar su gloria. Quiero hablar simplemente de la remolacha”. Ya iríamos para entonces por octubre, con el calendario muy deshojado. Pero por detrás, un surco de sinsabores y adversidades, ya por suerte adelantados, que el jardinero logró soportar e ir venciendo en una exhibición de paciente entusiasmo silencioso, hasta la marcha musical triunfante de mayo. Más atrás enero y febrero, meses en que prepara la tierra y “se cultiva sobre todo el tiempo”, para ir pronto con marzo a la incertidumbre y la sorpresa de las yemas y los permisibles brotes. Pasó también la lluvia bienhechora de abril y el verano todo, desmayante y seco. Y cuando otoño sucede, resta aún noviembre y diciembre, con nuevos plantíos y las nieves. Retorna luego enero.
Es la vida del jardín, ininterrumpida de avatares y prodigios. La vida misma, sí, porque jardín no es una palabra, sino una metáfora, y mejor una parábola.
La lección que los hermanos Čapek regalan en la lectura e imagen de esta obra es que hay que estar a la vida todo el tiempo, como el año del jardinero, y todavía más, por delante de ella. Decir, como los jardineros dicen al ver las rosas florecidas: “florecerán aún mejor el año que viene…”. La fabula docit es: “Lo verdadero y lo bello están delante de nosotros”.
Publicado en El Mundo. El Mundo Málaga (Málaga), Suplemento de Cultura ´Papeles de la Ciudad del Paraiso´, núm. 31, ed. de 29 de mayo de 2009, p. 11.

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