Friday, December 28, 2007

Infancia en negro, por José Calvo González


When my mother died I was very young,
And my father sold me while yet my tongue
Could scarcely cry “Weep! weep! weep! weep!”
So your chimneys I sweep, and in soot I sleep.


La estrofa que hace de emblema a estas líneas pertenece al poema “The Chimney Sweeper”, de William Blake, recogido en Songs of Innocence (1789), y tiene por tema la mísera existencia de los niños deshollinadores en la Inglaterra del s. XVIII. Aparte su incisiva ironía, que repite aún con mayor mordacidad en otro del mismo título contenido en Songs of Experience (1794), aquellos gemidos (Weep! weep! weep! weep!) que a voz en grito salen de la boca del pequeño huérfano mientras es vendido por su padre, predicen en juego fonético el voceo comercial de la que será su faena: Sweep! sweep! sweep! sweep! De ahí y al último verso la confirmación del destino anticipado: “Así que vuestras chimeneas limpio y en hollín duermo”. Con las novelas de Charles Dickens nos llegará también el contexto socio-industrial del trabajo infantil durante el s. XIX (reacciones a The New Poor Law, de 1834). Los aficionados a la música lo captarán asimismo en The little Sweep (1949), de Benjamín Britten, ópera infantil op. 45, para cuyo libreto tuvo muy presente Eric Crozier los versos blakeanos y la historia de Oliver Twist.
Tal vez por todo ello nuestro cuadro mental acerca de aquella sórdida explotación de menores tiene una localización sólo británica y fundamentalmente victoriana. En realidad, sin embargo, se hallaba extendida por gran parte de Europa, como por ejemplo Suiza o Italia. Los niños entre tres y cuatro años de edad eran vendidos, o robados, para deshollinar los conductos de humos de chimeneas pequeñas. Con frecuencia sufrían quemaduras, a veces morían asfixiados.
Sus frágiles cuerpos quedaban para siempre con deformaciones óseas en columna y extremidades, a menudo además desarrollando lo conocido como cáncer de deshollinador (cáncer de escroto). Al cumplir siete dejaban de ser rentables si no producían beneficio en otra aplicación, como la sexual, y pasaban a engrosar la indigencia. Todos esos niños fueron siempre invisibles, incluso en la tizne de sus mejillas. Otros niños-esclavos siguen hoy igualmente transparentes a nuestra moralidad y justicia.
Lóguez Ediciones ha recuperado la historia que Lisa Tetzner (1894-1963) escribió entre 1940 y 41 con el título de Los hermanos negros. A su autora -considerada como precursora de la literatura juvenil antifascista en Alemania por Die Kinder aus Nr. 67 (1933-1949, 9 vols), donde narra la odisea de los niños de Europa durante la 2ª Guerra Mundial, partiendo del patio interior de una casa de Berlín- se la había publicado ya la editorial Noguer con ilustraciones de Theo Glinz el año 1961. Aquella edición, en 2 vols., no tuvo excesiva fortuna en su acogida. La actual, al margen de este antecedente, en nada más la concierne. Sigue siendo, claro, la misma historia, pero reescrita sólo con el lápiz de Hannes Binder (n. 1947), su actual ilustrador.
Es ahora, pues, novela en imágenes, que ajusta a representación gráfica el relato de Giorgio, uno de tantos niños oriundos de las aldeas suizas cercanas a la montaña de Tesino que a mediados del siglo XIX fue vendido por sus padres a un comerciante de Milán, y malnutrido y esclavizado convertido en deshollinador, y también su fuga y las diferentes suertes de su aventura.
El resultado de esta nueva propuesta narrativa, de excelente ejecución, es sumamente atractivo. La elección de ediciones Lóguez, especialista en literatura infantil y juvenil, da en un total acierto. Binder por lo demás cuenta en su haber con experiencia anterior en capacidad de adaptar textos literarios a técnicas de grattage sobre cartón, similares al cómic, y logrado éxito en la traducción de atmósferas proyectando planos en superposición que funcionan con efecto cinematográfico. Sus trabajos dentro del género policiaco con varios títulos del suizo Friedrich Glauser (1896-1938) son prueba incontestable.
Es éste, a no dudarlo, un modo inteligente de renovar entre los más jóvenes a los clásicos contemporáneos de una literatura que no sólo debe sentirse destinada a ellos. Una literatura, además, comprometida, de la que en el fondo editorial que ahora alberga Los hermanos negros existen otras muestras; este mismo año pronto a acabar, Qué blanca más bonita soy, de Dolf Verroen con ilustración de cubierta de Wolf Erlbruch, transportando a sus lectores a los tiempos de la esclavitud en una de las antiguas colonias holandesas del Pacífico.
Impulsos de renovación y compromiso que hacen más y más fácil cada día ser ganado por la seducción de libros juveniles como éstos, que en mi caso abiertamente les confieso es madura convicción de una ideología.
Hannes Binder/ Lisa Tetzner, Los hermanos negros. Novela gráfica, trad. de Eduardo Martínez, Lóguez Ediciones, Salamanca, 2007

Publicado en El Mundo. El Mundo Málaga (Málaga), Suplemento de Cultura ´Papeles de la Ciudad del Paraiso´, núm. 16, ed. de 28 de diciembre de 2007, p. 6.

Friday, November 30, 2007

Todorov: la literatura como "pretexto", por José Calvo González

La literatura en peligro, último ensayo de Tzvetan Todorov (Sofia, Bulgaria. 1939), acaba de traducirse al catalán (La literatura en perill), y la publica Círculo de Lectores/ Galaxia Gutenberg. No dispongo de esa edición. Leí por la francesa. Fue, curiosamente, en Barcelona, durante un pasaje dilatado en el Prat, el verano último, practicando turismo aeroportuario de duty free shop que, bien se sabe, sólo procura alternativas limitadas, aunque abundantes. Allí destacan últimamente chocolates y alta tecnología; aquéllos, belgas -Cote d'Or por supuesto- ésta -extrafina, como es lógico- en surtido de teléfonos diseño slim y ordenadores de mano con memoria flash no volátil. Con todo, a la cabeza de la oferta consumista continúan como siempre los perfumes y las bebidas, de variedad tan arrebatadora como embriagante. Muy raras veces se encontrarán lecturas (aparte las visuales de género book table). Una clase tal de recompensa es inusual. Sin embargo -misterios del voltario azar- el hallazgo de ese libro en aquella mal entretenida espera devino del imprevisto a la feliz satisfacción, y más cuando a tan grande sorpresa aún aguardaba otra mayor, agazapada –como suele suceder- en su interior.
Afirmar que este libro es una especie de «caída de Damasco» sería tal vez exagerar. No obstante, las repercusiones acaso puedan medirse en términos semejantes. Todorov abandona a un lado del camino armas y bagajes formalistas propios de su oficio para, más ligero de equipaje, afrontar la literatura como pretexto. A confesión de parte, sincera y espontánea, el autor reconoce que las estrategias teóricas sobre textos literarios asfixian aquello que la Literatura primordialmente aporta: un discurso sobre el mundo. La consecuencia es que el lector extravía la hipótesis de verdad de los textos – “promesa de sentido” me parecería mejor expresión, acudiendo a Elogio de la ficción, de Marc Petit (Espasa Calpe, 2000)- o su posibilidad de impugnación. En un gesto de atrición –al menos como conciencia por quizás no tanto de haber cometido un error, como contribuido a él- Todorov examina la oportunidad del modelo de enseñanza escolar (francés, pero análogo entre nosotros) donde se privilegia el enfoque semiótico, pragmático, de retórica o preceptiva en la inteligencia de los textos literarios, y si conviene seguir haciendo de él “la principal materia estudiada en la escuela”. “Todos esos objetos de conocimiento son construcciones abstractas, forjadas por el análisis literario para abordar las obras; ninguno respeta aquello de lo que hablan las obras propiamente dichas, su sentido, el mundo que evocan”; el análisis de la obras literarias que se practica en las escuelas “no debería tener por finalidad ilustrar los conceptos que acaba de introducir éste o aquél lingüista, éste o aquél teórico de la literatura, sino permitir el acceso a su sentido”, o sea, al “conocimiento de lo humano, que es lo que a todos nos interesa”. La literatura “revela el mundo y nos revela a nosotros mismos”. Una adecuada enseñanza de la literatura sería, por tanto, fundamental “para aprender a pensar poniéndose al lugar de cualquier otro ser humano”.
La propuesta de Todorov se orienta así al reencuentro con los textos, como pretextos -“la literatura no es un simple juego de palabras”- y a la recuperación del sentido. “Por regla general, el lector no profesional (...) lee esas obras, no para dominar mejor un método de lectura, ni para extraer de él información sobre la sociedad en que fueron creadas, sino para hallar en ellas un sentido que le permita comprender mejor al hombre y el mundo, para descubrir en ellas una belleza que enriquezca su existencia; haciéndolo, logra comprenderse mejor a sí mismo. El conocimiento de la literatura no es un fin en sí mismo, sino uno de los caminos reales que conducen a la realización individual”.
Demasiado a menudo la enseñanza de la literatura vive, por desdicha, de espaldas a esa fecunda perspectiva. “¿Por qué estudiar la literatura cuando ella no pasa de la ilustración acerca de los medios necesarios para su análisis?”. La enseñanza secundaria, que no se dirige a los expertos de la literatura, sino a lectores ordinarios, no puede tener el mismo objeto que la superior: su objeto ha de ser el placer literario per se, “no los estudios literarios”. El corolario de insistencia en la inversa y habitual metodología resulta conocido: es en la enseñanza escolar de la literatura donde se comienza a frustrar lectores –primeros lectores- porque se los equivoca sobre lo que la literatura puede ofrecer.
Cuando tanto se habla –en todas partes y con manifiesta futilidad- de educación en la excelencia vale repetir la pregunta que Todorov formula con barthesiana lucidez: “¿Y tener como profesores a Shakespeare y Sófocles, Dostoievsky y Proust, no es favorecer una enseñanza excepcional?”. Aplíquense los responsables de las políticas educativas a tratar de responder la interrogante; y, por supuesto, no sólo de enseñanzas medias, como tampoco con excepción de otras materias (hablo aquí como profesor universitario, y además como jurista).
Por lo demás es claro, también, que tratándose en exclusiva de la educación en literatura esa tarea no sólo atañe a los educadores. Está la crítica de las páginas culturales y, desde luego, están los propios escritores. Respecto a la primera Todorov avanzó posiciones ya en 1984 [su libro Crítica de la crítica (Paidós, 1992 y reimp. 2005), con el subtítulo no menos significativo de Una novela de aprendizaje]: “La crítica no debe, ni siquiera puede limitarse a hablar de los libros”; ha de “pronunciarse sobre la vida”. En cuanto a los segundos, su apreciación (sin pecado de chauvinismo) acerca de la creación literaria francesa (así pues tampoco pecaré yo si la extiendo a la española) no concluye precisamente en mérito: quienes logran vencer las tentaciones del experimentalismo formalista se entregan a la desesperación y al nihilismo, y el mejor de los mundos imaginados se confunde con la gratuita crueldad, la desesperación, si no con el puro solipsismo. El juicio, aparentemente recargado, dispone de suficiente comprobación bastando leer en las sinopsis de las solapas editoriales. El peso de la evidencia es demoledor.
La prevención que Todorov traslada sobre la literatura en peligro no debería tomarse a chanza. Se excede acaso en determinadas generalizaciones. Puede que alguna vez caiga en demasiada simplificación. Pero ni el argumento es insolvente, ni su inquietud está erizada de asechanzas sólo imaginarias.


Publicado en El Mundo. El Mundo de Málaga (Málaga), Suplemento de Cultura ´Papeles de la Ciudad del Paraiso´, núm. 15, ed. de 30 de noviembre de 2007, p. 10.

Wednesday, November 14, 2007

El Código civil de Andrés Bello y los cayucos, por José Calvo González

La causa es remota. De tan atrás que casi está perdida. Ahora es muy difícil de recuperar. La ha ido aplastando si no el olvido, acaso la desmemoria en la rutina. A diario, cada mañana, se depositan sobre la playa de la actualidad, que es donde vienen a parar las mareas sin resaca, noticias acerca del hallazgo de inmigrantes irregulares náufragos, y son siempre tan poco diferentes a las de ayer que una y otra vez parecen la misma. Cambia sólo el número, menos el lugar. La situación, por el contrario, nunca; invariablemente, naufragios. De modo más preciso, naufragios de inmigrantes irregulares. Y si su quebranto y desamparo puede todavía conmocionar, ya con menos frecuencia apasiona. Sentir pena es una emoción fácil comparada a la de compadecerse. Pena y compasión son disposiciones éticas del todo diferentes.
Pero no pretendo el desasosiego ajeno; con el propio tengo bastante para estremecerme. Busco poder verbalizar una reflexión que no me admite otro aplazamiento. Asumo, pues, el riesgo de resultar pietista, o acaso un benéfico ingenuo, aun cuando creo que ninguna de ambas cualidades, o aptitudes, me describe moralmente. Sobre todo porque aquí quisiera ceñirla a un terreno extramoral, y en lo posible jurídico.
Hace años que Hans Magnus Enzensberger compuso en La gran migración. Treinta y tres acotaciones (Anagrama, Barcelona, 1992, trad. de Michael Faber-Kaiser) dos parábolas. La primera da cuenta de un grupo de embarcados en una patera –por entonces no se había reparado en cómo la semántica puede servir a recalcular los índices estadísticos, distinguiendo esos botes de los ahora se nombran cayucos- durante la travesía entre las orillas de El Estrecho; a un lado la pesadilla de la desesperación, del otro el ensueño europeo. La angustia, entre golpes de mar, zozobrando en los costados de la balsa. Luego, al encallar de proa en tierra, el arribo a la desolación. Quien reclame circunstancias más particulares acuda a La Patera, de Mahi Binebine (Akal Literaria, Madrid, 2001, trad. de Marie-Paule Sarazin Binebine). En la segunda parábola se relata la actitud de muchos ciudadanos del Viejo Continente que consideran amenazadora la creciente llegada de inmigrantes.
La inteligencia del fenómeno se alcanza sin demasiado problema. La fragilidad ante el naufragio no está en la débil consistencia de las pateras o de los cayucos que transportan inmigrantes irregulares. Los naufragios ya se han producido mucho antes de subir a bordo. En realidad, Europa es la patera, Europa es el cayuco cuyo abordaje, tal que náufragos auténticos, ansían con tanta desesperación como agónica impotencia. Y, por tanto, los inmigrantes irregulares son náufragos dobles, náufragos de ida y vuelta, sobre todo en los casos de rescate y devolución a sus naufragados países de origen.
Las imágenes e informaciones en torno a quienes son la estiba de esas pateras o cayucos, que jamás alcanzan a salvavidas y cuya navegación se convierte tan a menudo en una derrota a la deriva de ninguna parte, si no en el naufragio clandestino, me llevan hasta otras aguas, más confiables para mí, donde puedo fondear esa dilación que no soporto. Forman la ensenada a la que el Derecho me ha traído finalmente. El Derecho, ese buen sextante, mi mejor instrumento para medir los ángulos, y que hasta hoy me ha permitido leer toda carta náutica y patronear con buen rumbo las corrientes variables.
“Los náufragos tendrán libre acceso a las playas”, prescribe el art. 604, inciso 2º del Código Civil de la República de Chile (Imprenta Nacional, Santiago de Chile, 1856), redactado por Andrés Bello (1781-1865). “Las naves nacionales o extranjeras no podrán tocar ni acercarse a ningún paraje de la playa, excepto a los puertos que para este objeto haya designado la ley; a menos que un peligro inminente de naufragio, o de apresamiento, u otra necesidad semejante las fuerce a ello; y los capitanes o patrones de las naves que de otro modo lo hicieren, estarán sujetos a las penas que las leyes y ordenanzas respectivas les impongan”, señala en su inciso 1º. El texto se reproduce en la legislación de otras repúblicas iberoamericanas, como el CCv. de San Salvador (D.L. de 23 de agosto de 1859) en su art. 585, el CCv. de Honduras (de 1º de marzo de 1906) art. 632, o el CCv. de Ecuador (Codificación Núm. 000. RO/ Sup. 104 de 20 de Noviembre de 1970) art. 639. En la sistemática de todos ellos figura al Lib. II De los bienes, de su dominio, posesión, uso y goce, y limitaciones, Tít. III De los Bienes Nacionales.
Reconozco que la primera vez que leí el precepto no pude evitar cierta sonrisa. Pensé si aquel ilustrado modelo de poeta, filósofo, educador, crítico y filólogo, además de legislador, que fue Bello (vid. Alejandro Guzmán Brito, Andrés Bello codificador. Historia de la fijación y codificación del derecho civil en Chile, Ediciones de la Universidad de Chile, Santiago, 1982, 2 vols.), no merecería también una entrada en los registros de la Literatura fantástica, al lado de los cultores de la Metafísica, a la que Borges inscribió como una de sus ramas principales. Hoy estoy convencido de que los congresistas chilenos que en 1855, y otros sucesivamente, aprobaron su texto gobernaban con toda autoridad el timón de su codificación jurídica. No eran pietistas ni ingenuamente benéficos: “Los náufragos tendrán libre acceso a las playas”.
Pero, una interrogante: y a nosotros, náufragos de la solidaridad, qué playa nos acogerá.
 
Andrés Bello (1781-1865)
(Publicado el 14/11/2007 en Inmigración y Extranjería. Revista de Extranjería Intermigra. Espacio abierto de Interculturalidad y Derechos Humanos. Colegio de Abogados de Zaragoza [http://www.intermigra.info/extranjeria/], Revista de Noviembre de 2007. Disponible en http://www.intermigra.info/extranjeria/archivos/revista/CCBello.pdf)

Sunday, July 15, 2007

Recht und Literatur. Novedades bibliográficas

 






























Susanne Opfermann (Hg.)
Unrechtserfahrungen: Geschlechtergerechtigkeit in Gesellschaft, Recht und Literatur,
Ulrike Helmer Verlag, Königstein im Taunus, 2007. 179 pp. (Col. Frankfurter Feministische Texte, Sozialwissenschaften Bd. 8)
ISBN: 9783897412262

Abstract

Frauen haben seit Jahrhunderten Unrechtserfahrungen thematisiert und damit zugleich auch den Anspruch auf Anerkennung als Rechtssubjekte, als Frauen erhoben. Die Autorinnen dieses Bandes betrachten diese Erfahrungen in Vergangenheit und Gegenwart, in Politik, Gesellschaft und Literatur. Dabei geht es um Diskriminierung und Gleichheit, um Sexualitätsdiskurse, um Rechtsforderungen zum Schutz vor Gewalt in der Ehe, um die Erfahrungen von Asylbewerberinnen, aber auch um symbolische Repräsentationen von Unrechtserfahrungen in der Gegenwartsliteratur in Ost und West, Japan und den USA


Inhalts

Vorwort, Susanne Opfermann
"Unrechtserfahrungen" – Über das Aussprechen einer Erfahrung mit Recht, das (bisher) keines ist, Ute Gerhard
Diskriminierung und Gleichheit – aus verfassungsrechtlicher Perspektive, Ute Sacksofsky
"Bürgerverrat" – Unrechtserfahrungen im historisch-biographischen Kontext: die jüdische Lehrerin Elisabeth Cahn, Brita Rang
Unrechtserfahrungen im deutschen Rechtsstaat. Ansichten aus dem Feld Asyl und Geschlecht, Barbara Friebertshäuser/Brigitte Kubisch/Uta Ruppert
Vom Sprechen über Scham und Ehre zum Anspruch auf Lust und Begehren – Sexualitätsdiskurse in 100 Jahren Frauenbewegung, Ulla Wischermann
Vom Züchtigungsrecht zum Gewaltschutzgesetz: Rechtsforderungen der neuen Frauenbewegung zum Schutz vor Gewalt in der Ehe, Sibylla Flügge
Der dunkle Weg der Kirino Natsuo –Unrechtserfahrungen als Thema japanischer Gegenwartsliteratur, Lisette Gebhardt
Unrechtserfahrungen und Geschlechterverhältnisse literarisch inszeniert – Hisaye Yamamoto, Alice Walker, Don DeLillo: drei Fallstudien, Susanne Opfermann
 
 
Susanne Opfermann is Professor of American Studies at Johann Wolfgang Goethe University in Frankfurt, Germany, and the author of Discourse, Gender, and Literature: American Women Writers of the Nineteenth Century [ZEITSCHRIFT FUR ANGLISTIK UND AMERIKANISTIIK, 45 (3), 1997], and ed. with Yvonne Roth Elizabeth Stoddard: Stories [Northeastern University Press, 2003].

Friday, June 15, 2007

Law and Literature. Novedades bibliográficas. EEUU


Sue Chaplin,
The Gothic and the Rule of Law, 1764-1820,
Palgrave, New York, 2007, 240 pp.
ISBN-10: 0-230-50755-7


The Gothic and the Rule of Law" is the first full-length theoretical and historical study of the relation between early Gothic fiction and an emerging modern rule of law. The work identifies not only a political and cultural, but also an ontological relation between what critics have conceptualized as 'Gothic' and the nature and function of modern juridical power. It represents a highly significant contribution to Gothic criticism and to law and literature scholarship.


Acknowledgements
Introduction: Thresholds
Fictions of Origin
'Written in the Black Letter': The Gothic and/in the Rule of Law
Spectres of Law in The Castle of Otranto
Clara Reeve and the Problem of Romance
The Law's Gothic Space: Sophia Lee's The Recess
A Maternal Tale Unfolds: Radcliffean Gothic
A Supplement: Gaston de Blondeville
Before the Law: Godwin's Caleb Williams
In Excess: St Leon and Melmoth the Wanderer
Conclusion: Frankenstein - Reproducing the Gothic
Bibliography
Index


Monday, June 11, 2007

Recht und Literatur/ Law and literature. Novedades bibliográficas



Gert Hofmann (ed.)

Figures of law : studies in the interference of law and literature

Francke, Tübingen, 2007, 244 pp.

ISBN 978-3-7720-8211-5

ISBN 3-7720-8211-4




Description


The main objective of this book is to search for such figures of law in literature and media representation, which represent human weakness and futility on one hand, but mirror on the other hand certain aesthetic and rhetoric qualities of the law phenomenon; these figures of law often appear to have fallen outside the Law"s conventional reach, while at the same time in a defiant way appealing to it. Privileged by their de-centred perspective they manifest and measure the complexities, capacities and limitations of the human case of law. The law of the Law (Derrida), it seems, has an essentially poetic quality. Figures of Law seeks to open the literary discourse on the human condition of law. It investigates literary ways to mirror and articulate the question of law split between sovereign power and human futility, between violence, force, and trauma.




Contents


Dialogue on the zero point of language. A lawless prelude / Gisela Dischner and Gert Hofmann

Introduction/Gert Hofmann

Law and literature and the right to death / Adam Thurschwell

The near-dead and the non-dying body / Paul Hegarty

The envelope and the letter: reflections on law's ambience / Tim Murphy and Gerard Staunton

Spilling the beans: teaching and contract law / Graham Allen

‪"Aus einem Bette aufgestanden‪". Anmerkungen zum, Verhältnis' zwischen recht und literatur / Christine Künzel

(Un‪)precendented texts: what comes and goes 'before the law' / Caitriona Leahy
Die schwierige freiheit der postmoderne. Zum Verhältnis' von Gesetz und buch bei Edmond Jabès / Carola Erbertz

Files, not literature / Cornelia Vismann

Madonna and whore: the perplexing media and legal response to the female child molester / Catherine O'Sullivan

Heinrich Heine's figure of justice / Andreas Stuhlmann

Images of law in pre-famine Gaelic Ireland / Neil Buttimer

‪"Alle Gesetzlichkeiten sind langweilig.‪" Ungeschriebene gesetze in Theodor Fontanes Roman Effi Briest / Hans-Joachim Jürgens.




Gert Hofmann (Mellrichstadt, 1958), Department of German, University College Cork. His research interests include Theory of literature and aesthetics; German idealism, classicism, anti-classicism; anthropology and aesthetics of theatre and performance art; Hoelderlin; 20th century literature.

Urbs et Orbis, por José Calvo González


La lectura es una acción sensitiva antes incluso que intelectual. La inmediación sensible en que el lector se produce con la escritura está encauzada en los videntes a través del derramamiento de la mirada, y mediante el tacto entre quienes la visión permanece ahondada en una cuenca de oscuridad. El acto de leer comporta ejercicios de recepción que, previos a cualquier constructo estético o hermenéutico (Iser, Jauss, Ingarden y otros), consisten en operaciones perceptivas. También, como Calvino mostró al comienzo de Si una noche de invierno un viajero, en determinadas rutinas ambientales. Pero me interesa destacar aquí las conducidas desde los sentidos. Así, leyendo en un libro nuevo se puede percibir el bienoliente de la tinta estrenada, o si fuera en una edición vetusta la aromática impregnación de otros perfumes acumulados en el tiempo transcurrido. En un libro la lectura ojea y hojea las páginas. En un libro la lectura es una audición interna, al menos desde San Ambrosio, sorprendido por San Agustín en su celda de Milán leyendo sin mover los labios, y que San Gregorio Magno aprovechó para ruminatio de la Palabra por razón de los sentidos en profundo. En un libro el apetito del lector puede convocar el placer gustativo del aperitivo, esos momentos tónicos y golosos de lectura fragmentaria y ocasional, o alcanzar incluso la ávida voracidad de la devoración completa, a veces hasta física, como en el apocalíptico “Toma y cómelo; te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel” (10:9), que fue sazón tóxica de la trama en El nombre de la rosa y mortal develamiento en la heliogábala deglución del bibliotecario ciego Jorge de Burgos.
Me lleva el hilo de esta reflexión al ejemplar de la obra que, coeditada por la Asociación de Escritores de Mérida (Mérida. Venezuela, 2006) y el Centro Nacional del Libro, el correo con su autora, Margarita Belandria (Canaguá. Estado Mérida, 1953), me obsequió pocas semanas atrás de ésta. Sus impresores lo han compuesto como un libro que ha de invitar al lector a convertirse en prestímano, pues en efecto se maneja entre las manos permitiendo una suerte de prestidigitación que trasmuta los géneros de su escritura. Basta la rotación de un molinete vertical para que de esa pirueta su lectura pase de la narrativa a la poesía, y viceversa. Así, Qué bien suena este llanto, una novela corta, voltea a Otros puntos cardinales, un poemario.
Ahora bien, lo asombroso de esta transformación no resulta en ese malabar, aún si hábil y muy atractivo. En realidad, siempre más allá del buen oficio de los diagramadores, la pericia técnica de la imprenta o el feliz diseño de los textos, tanto el mérito de la magia como el prodigio de la acrobacia sólo e íntegramente pertenecen a la escritora. Y es que Belandria, profa. del Dpto. de Metodología y Filosofía del Derecho de la Universidad de los Andes, posee la virtud de una voz literaria capaz de dos registros, prosa y verso, relato y poema, que como indistintos cara y cruz, anverso y reverso, hace girar con la sugestiva destreza de un arte de palabra personal y propia. En Qué bien suena este llanto, continente de una profusa creación de personajes, algunos con recorrido de vida ficcional paralela a la mejor tradición del mágico realismo latinoamericano, tiene la viva riqueza del lenguaje responsabilidad extraordinaria al fabricar el embeleso de un imaginario cautivante. Belandria prueba sobrado buen oído del habla natural y espontánea, que capta, traslada y hace circular con agilidad y fluidez. Léxico caudaloso y abundancia de historias se funden con efecto de circundar el albur emocional de una mujer cuya identidad acotan la generación de un cosmos familiar, donde el protagonismo es coral, y la demarcación contextual entre dos momentos en la Venezuela contemporánea, aunque apenas indicados como hitos de referencia o señalizaciones liminares; caída del dictador Marcos Pérez Jiménez en 1958 y devastadoras inundaciones de finales del 1999 por desbordamiento de ríos y quebradas de las vertientes Norte y Sur del Cerro El Ávila, al noroeste de Caracas, cuando también acababa de promulgarse la Constitución Bolivariana, que asimismo otro torrente anegó y arrastró más tarde. Serán así dos historias. Una, la historia privada de un desencuentro amoroso en tiempos tal vez paradójicos, pero más utópicos que hoy. La otra, una historia amor social, de amor civil o cívico, amor en la ciudad, amor ciudadano, cuyo colofón es la última línea: “los pueblos son como los niños: luego tiran aquello por lo que han llorado”.
En cuanto a Otros puntos cardinales, que toma título en el verso final de “Otros tejados” (“Cuando los aguijones de la soledad se claven en nuestros aposentos/ estarán nuestros ojos/ en espejos desteñidos/ en tejados diferentes/ Otras puertas/ se abrirán a nuestras sombras/ Mañanas menos tibias./Crepúsculos más pálidos/ Otros puntos cardinales”), reúne casi medio centenar de composiciones, de imprecisa data, salvo tres de ellas, fechadas de mitad de los 80 al 95. Les incumbe en su mayor parte un alma adelgazada en la tristeza, doliente por el retorno –eso es la nostalgia- “a la niña que juega con zafiros”. Pero este susurro de ovillar recuerdos y soledades será sólo una memoria fascinada, pues al cabo, “la voz que desciende vertical/ que despoja y que calcina” desgarra el cendal descubriéndola desolación y ceniza; “Nada poseo salvo el tedio fracturado/ en un montón de cristales desteñidos”, o “ya son nubes las horas de la niña”. Es hasta entonces la cartografía de un orbe mustio, de querencia equinoccial, en mareas de días iguales a las noches, que es tanto como “de noches sin mañanas”, que es tanto como durar “en la tarde que jamás declina”, en “la noche larga que sigue con lealtad/cada una de mis horas”, “en la noche infinita” de cualquier día. El canto, que así sabe situarse (“Ilusiones salvajes tejió/con tesón la fantasía./ Vengo de un mundo/ donde nada duerme”; “Yo, domicilio de todo lo perdido”) indaga en adelante el hallazgo de otro orbe, de puntos cardinales diferentes, guiado hacia extravagantes latitudes, lo que no equivale a lugares descaminados o desorientadas regiones. Ese nuevo orbe donde el pálpito no recibe la taja del desencanto y la desesperanza de “perennes mañanas sin rocío”, que ya se entrevé levemente en alguna estrofa de “Queda lumbre”, vislumbra más nítido en “Una larga larga mirada” (“atisbo la esperanza,/ me aproximo”). Y sobreviene, acaece y surge en “Mago”: “Antes de ti las horas yertas (…) Cuatro letras pronunciadas/ encienden los candiles y la vida./ Entonces mis ojos estrenaron nueva luz”. Proferir ese Tetragrámaton natural, no el de aquel impronunciable nombre del Eterno, impía nominación del Verbo, o sea, articular la dicción que evoca el más íntimo de todos los misterios humanos, el Amor (“Vivo solamente si me dueles,/si ardes como antorcha entre mi carne”), resulta en cuatro alternativos puntos cardinales, puntos de fuerza, únicos verdaderamente capaces de refigurar el mapa del mundo.Mi lectura de este libro, múltiple y unitario a la vez, concluye en la deseante espera de un no demorado nuevo título, ojalá que ya muy próximo.
Publicado en El Mundo. El Mundo Málaga (Málaga), Suplemento de Cultura ´Papeles de la Ciudad del Paraiso´, núm. 13 ed. de 1 de junio de 2007, p. 6.

Wednesday, May 16, 2007

Relato al otro lado, por José Calvo González



Yo soy tú, yo soy yo, soy quien se me parece
Y me parezco a aquellos que hacen juntos el camino
Para buscar alguna cosa y para cambiar la vida
En lugar de morir por un sueño insatisfecho
(G. Moustaki, Je suis un autre, 1972)


Hace tiempo que no oigo canciones de Moustaki. No recuerdo bien cuánto. Sí, no obstante, la primera audición. Fue al comienzo de mis estudios de Derecho, durante la preparación de un examen de Derecho político. El catedrático de la asignatura ya no pudo explicar ese curso académico de 1974-75 la constitución salazarista. Con la Revolução dos Cravos Portugal había iniciado el proceso constitucional que desembocaría en 1976, y hubo que preparar el tema por cuenta propia, con lo que se decía en los medios de comunicación nacionales. Pero como yo aspiraba a nota, aquellas fuentes no bastaban, y así, empleando la pericia delincuente de un ladrón cajas de seguridad, giraba meticuloso el dial de un enorme y antiguo aparato de radio Philips de los años 50 que había en mi casa hasta hacerlo ondular con la frecuencia de Radio Renacença, donde programaban emisiones de crónica política. Fue de esa forma como logré una mejor escucha informativa y una calificación sobresaliente. La crisis económica de 1973, una tímida apertura política y los crecientes brotes de agitación social protagonizados por trabajadores y estudiantes combinaron con el descontento entre los mandos del ejército, el Movimiento de las Fuerzas Armadas (FMA), dando lugar a un levantamiento militar que el 25 de abril de 1974 derribó, sin gran esfuerzo, al gobierno de Américo Thomás, haciendo desaparecer una de las por entonces últimas dictaduras europeas. El himno de aquellos días era “Grándola Vila Morena”. Ese año también apareció el disco “Les amis de Georges”, que serviría a Moustaki para homenajear a su admirado Georges Brassens, incluyendo la canción “Portugal”, con música de Chico Barque, como saludo a la revolución. La oí con bastante recurrencia en las pausas musicales de aquellos informativos radiofónicos.
Me trae todo esto, otras nostalgias al margen, el último libro de Georges Moustaki (Alejandría, Egipto 1934), Siete cuentos fronterizos, editado por Belacqua. No me creo el único en poder amonestar la traducción del título original, Sept contes du pays d´en face, que hubiera permitido mayor fidelidad como Siete cuentos del país de enfrente. Las fronteras, ciertamente, son en este libro menos imaginadas que reales, pero no están ni en un modo ni en el otro donde el título. En cualquier caso, prescindiendo de un alféizar que va vertido como repisa (p. 69), el resto de la labor traductora salva al interior de sus páginas más objeciones. También, aparte de éste, están publicados en España Canciones (Fundamentos, 1984, 2 t.), Las hijas de la memoria (Gedisa, 1990), autobiográfico, e Hijos de la memoria (Nuevas Ediciones de Bolsillo, 2001) de narraciones breves. Se trata, pues, de la segunda colección de relatos cortos.
Su oportunidad la dicta la emoción voluntariosa de contribuir al entendimiento entre musulmanes y judíos en Oriente Medio. El conflicto en esa zona lo sitúa Moustaki en la existencia de un Estado europeo como el israelí, rodeado de Estados árabes y musulmanes. Opino que la guerra interminable que atenaza esa región tiene orígenes algo anteriores y de naturaleza más variada. Igualmente que ese mismo argumento, d´en face, excluiría a Turquía de la UE. Discrepo, pues, con el autor, pero prefiero hablar aquí antes de literatura que de geopolítica.
Me importa siempre, sobre todo, aquello que en el relato sirve para educar. No pretendo, desde luego, el resurgir de la fabula docet, moralizadora. Las narrativas que adoctrinan o indoctrinan nunca fueron bien con mi educación sentimental e intelectual en el relato. Vengo a referirme a que hoy es fácil constatar un paulatino déficit de “educación en el relato” y, en consecuencia, también para poder arribar desde él a una cultura mejor, que es como decir a una mejora del mundo que tantas veces no comprendemos, precisamente por falta de relatos que lo expliquen de otra manera posible.
En esto reside el valor educativo de este pequeño libro de fábulas, que cuenta acerca de mundos posibles en la frontera, ahora sí, de la desesperanza y la incredulidad. El mundo inexplicable, el mundo incomprensible, lo habitan quienes recelan de la historia que está al otro lado. La influencia educativa del relato permite la mirada al país de enfrente.
Y, ¿qué es lo que desde estos relatos se alcanza a ver más allá del confín de este mundo? Sencillamente todo lo que está más allá de todo lo que puede separar, de la frontera misma, sea que ésta tome la forma de nación, de ideología, de fe religiosa o análogos intereses; de todo cuanto, en definitiva, nos enfrenta. El territorio en adelante es, por el contrario, la posibilidad de un mundo alternativo.
Su paisaje, por ejemplo, integra la lógica paradoxal en diversas perspectivas. Unos niños quieren jugar un partido de fútbol y el muro que les separa acabará convertido en el muro cuyo derribo les une. Un joven y virtuoso tañedor de laúd oye finalmente el sonido de la música verdadera, de la que su instrumento era sólo caja de resonancia. Un triunfal gobernador al que la paz se le hace insoportablemente invencible y conduce a su pueblo a la guerra civil. Un duelo tramado de malentendidos y despropósitos continuos que sólo puede terminar en tragedia absurda plena de dolor. Un colono judío, Abraham, tan identificado con el aferramiento a la tierra que para no desarraigarse se traduce con la identidad de Ibrahim. Unos niños que traviesan el juego del miedo de los mayores y a ocultas ríen de ellos. Un trovador, Hassan, que canta al amor, muere de amor y en amor retorna eterno desde el canto del que ama y el amor cantado más allá de la muerte por otro trovador, cuyo nombre es también Hassan, quien asimismo canta al amor…, y morirá de amor y en amor retornará.
Este es el panorama del relato al otro lado. La ficción que cuenta del país de enfrente. Libro compuesto de inversiones y reversiones. Escenario de la condición humana, más a menudo incongruente en el ordenado régimen de la vigilia que en el disturbado sistema de los sueños.


Publicado en El Mundo. El Mundo Málaga (Málaga), Suplemento de Cultura ´Papeles de la Ciudad del Paraiso´, núm. 12 ed. de 27 de abril de 2007, p. 10

Sunday, April 08, 2007

Biblia, Corán y jueces, por José Calvo González

La eficacia y homogeneidad del espacio judicial europeo presenta zonas de penumbra y lugares tenebrosos. Unas y otros están, sobre todo, en el derecho de familia. En fecha aún reciente (23.03.07) publicaban varios periódicos nacionales dos noticias servidas por la Agencia EFE, que no por menos habían de causar estupor a sus lectores. Una daba cuenta del acuerdo adoptado por unanimidad en el seno de la comisión disciplinaria del CGPJ resolviendo sancionar como falta grave -apoyaba la decisión en el apartado sexto del art. 418 de la LOPJ- e imponiendo multa de 600 euros a don Esteban Campelo Iglesias, juez-magistrado de la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Cantabria. Concluía así el expediente disciplinario que fuera incoado el 13 de septiembre pasado a instancias del Servicio de Inspección, después de que, en marzo de ese año, la Sala de Gobierno del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria remitiera al CGPJ determinadas actuaciones. Se derivaron éstas de dos sentencias dictadas en ocasión de procedimientos matrimoniales. En una, fechada a 29 de noviembre de 2005, el magistrado recomendó a un matrimonio separado acudir a la Iglesia católica para reconciliarse “poniendo en medio la fuerza de Jesucristo Resucitado” y, porque –según arguyó- en aquella ruptura matrimonial apreciábase la “intervención del maligno”, se extendía en consejos al matrimonio separado, acompañados de citas del Génesis, además comparando a la nueva pareja del hombre con el “fruto prohibido” del que habla este libro bíblico. La otra había sido dictada el 16 de enero de 2006 en ocasión de resolver un recurso de apelación, que fue confirmatorio de la absolución de un hombre al que su ex mujer acusó de amenazas y vejaciones por reclamar en un escrito depositado en su buzón el derecho a tener a los hijos de la pareja en las vacaciones de Navidad. En este caso, se invitaba a los contendientes, “en beneficio propio y de sus hijos a que intenten la reconciliación, mediante el perdón mutuo, objetivo sólo alcanzable si ponen en medio la fuerza de Jesucristo Resucitado”. La comisión disciplinaria consideró que tales expresiones y admoniciones eran “de todo punto innecesarias, improcedentes y extravagantes, así como manifiestamente irrespetuosas desde el punto de vista del razonamiento jurídico”.
Asimismo, los maquetadores de la página de ´Sociedad´ incluían referencia a otra resolución dictada esta vez por una jueza alemana, denegatoria de la vía rápida de divorcio, procedimiento de urgencia previsto en casos de malos tratos, a una musulmana de origen marroquí, de 26 años, madre de dos hijos con pasaporte alemán, separada desde mayo de 2006, que había manifestado sentirse acosada por su marido, sobre quien por causa de maltrato habitual pesaba ya orden de alejamiento. El argumento del que se asistía la magistrado al adoptar tal decisión tomaba base en el tenor de la sura 4,34 del Corán, que a su entender fundamentaba el derecho del marido a emplear la violencia contra las esposas rebeldes, y en la circunstancia de que la mujer, que había contraído matrimonio por el rito musulmán, debía conocer bien tal costumbre. Y así, en consecuencia, no podrá la demanda de divorcio plantearse antes de transcurrido un año de la separación. Desde luego, ignoro con qué arduas razones pueda haber querido avalar la titular de aquel juzgado de la Corte Regional de Frankfurt su tan singular analogía de las normas de evicción y vicio oculto del contrato (matrimonial) en una causa de divorcio, de toda índole y grado poco celosa de ortodoxia, y más si relacionadas con error in persona vel obiecto/ error in quiatilate personae [aparte, como es natural, consideraciones juridico-canónicas sobre efecto irritante del matrimonio o capítulo de nulidad; can. 1097 & 1. Error in persona invalidum reddit matrimonium. & 2. Error in qualitate personae, etsi det causam contractui, matrimonium irritum non reddit, nisi haec qualitas directe et principaliter intendatur]. Desconozco igualmente qué complaciente interpretación del supuesto “derecho de corrección” coránico haya servido de fundamento aquí, ya que ocasionalmente los tribunales germanos han tratado con mayor benignidad el maltrato en “delitos de honor” que otras conductas de violencia de género. Un dato puede resultar no obstante esclarecedor; la medida cautelar de alejamiento impuesta prohibía al marido acercarse a menos de 50 m., lo que evidentemente permite que permanezcan en todo operativas prevenciones “inspectoras” sobre la “honestidad” de la conducta de la esposa, como la observación, seguimiento, expectación e inquietación, que es fácil inferir son precisamente las denunciadas por ésta como acoso, siquiera en su manifestación ambiental. Luego, recuérdese el infame caso de Hatin Sürücü, de origen turco-kurdo, quien con 23 años resultó asesinada a manos de uno de sus hermanos por “honor” y “dignidad familiar” (Berlín, febrero 2005).
Todo ello me hace reiterar las dos frases con que abrí estas líneas.
La organización feminista Terre des Femmes ha considerado el caso beyond the pale, instando la apertura de un expediente disciplinario a la jueza, iniciativa que también apoyan los representantes de los dos partidos, democristiano y conservador, que gobiernan en Alemania. Por su parte, la asistencia letrada instante del denegado procedimiento de urgencia ya ha interpuesto el correspondiente recurso, que otro juez habrá de resolver, aunque seguramente no conoceremos el resultado, que ya no será noticiable.
Pero, en cualquier caso, hay contenida en lo anterior una invitación a reflexionar que no puede ni debe rehusarse. La “catecumenización” del magistrado español en el matrimonio católico y la intercesión de la gracia divina, o el reenvío de la jueza alemana a la Sharia o ley islámica que no prohíbe al hombre “pulsar” a la esposa rebelde, me trae a la memoria –tal vez porque no hay peor astilla (que es aquí sin embargo la mejor) que la del mismo palo- el cap. 1, 1-22 del Libro de Ester, que ahora les refresco.
Acontecido en los días de Asuero que, afirmado sobre el trono de su reino, dilatado desde India hasta Etiopía en más de veintisiete provincias, hallándose en Susa, capital de su monarquía, en el tercer año de su reinado, hizo banquete a sus cortesanos, para brillo y magnificencia de su majestad, el cual duró ciento ochenta días. Y aún después de éste hizo otro, por siete días, en el huerto del palacio real, abierto a todo el pueblo, con gran lujo y obsequio de mucho vino real, conforme a lo poderoso de aquel rey y la largueza de su esplendidez. Asimismo, la reina Vasti hizo banquete para las mujeres. El séptimo día, estando el corazón del rey alegre de vino, mandó a siete eunucos que trajeran a ésta a su presencia, tocada de corona regia, para mostrarla, porque era hermosa. Mas la reina Vasti no quiso comparecer, y el rey se enojó mucho, y se encendió en ira. Preguntó entonces Asuero a los sabios de su consejo, siete príncipes de Persia y de Media que alcanzaban a ver el rostro del rey, interrogándoles sobre qué se habría de hacer con la reina Vasti según la ley, por cuanto no había cumplido su orden. Porque si este hecho de la reina llegara a oídos de todas las mujeres, tendrían en poca estima a sus maridos, diciendo: El rey Asuero mandó traer delante de sí a la reina Vasti, y ella no vino; y habrá mucho menosprecio y enojo. Y sus ministros le exhortaron de este modo: Si parece bien al rey, salga un decreto real de vuestra majestad y se escriba entre las leyes de Persia y de Media, para que no sea quebrantado: Que Vasti no venga más delante del rey Asuero; y el rey haga reina a otra que sea mejor que ella. Y el decreto que dicte el rey será publicado en todo su reino, por inmenso que fuere, y todas las mujeres darán honra a sus maridos, desde el mayor hasta el menor. Agradaron estas palabras al rey, e hizo de acuerdo al consejo, pues envió cartas a todas las provincias, a cada provincia conforme a su escritura, y a cada pueblo conforme a su lenguaje, diciendo que todo hombre afirmase su autoridad en su casa, y que se publicase esto en la lengua de su pueblo.
Atender al sagrado verbo de este relato abrirá enormes posibilidades a la prosa jurídica de quienes imaginan el destino civilizador del derecho desde la letra de libros como el Corán o la Biblia. Acaso el repudio, con abandono total de la aborrecida, sea pronto una briosa institución jurídica entre los cristianos, desde la que bien buscada alguien encuentre aprobación para el incumplimiento de pensiones, y hasta en no lejano día tal vez sea legalizada la bigamia en ordenamientos como el nuestro. Muchas sorprendentes contingencias nos deparará el destino que, como en casi todo, es sólo cuestión de tiempo.
El de la rebelde Vasti, aclararé, sucedió que también lo sería. Pronto recuperó Vasti su dignidad real. La de persona, realmente, me es difícil creer que la perdiera nunca.
(Publicado en diario El Mundo Málaga (Málaga), ed. de 8 de abril de 2007, p. M4)

Friday, April 06, 2007

La legge & il nulla, por Claudio Magris


DIALOGHI Claudio Magris e Natalino Irti a confronto sul rapporto tra gli istituti giuridici e il divenire storico

Caduti i valori di Dio e della natura il diritto si basa sulla volontà umana

«Dimmi, Pericle - chiedeva Alcibiade duemilacinquecento anni fa - che cos’è la legge?». Forse solo un’efficace costruzione, fondata (almeno oggi) sul nulla, dice un maestro di diritto come Natalino Irti, ordinario nell’Università di Roma «La Sapienza» e accademico dei Lincei, autore di testi fondamentali della sua disciplina - una quindicina di studi strettamente specialistici - e divenuto un punto di riferimento culturale in senso più ampio in alcuni libri di vasto respiro, quali L’ordine giuridico del mercato, Norma e luoghi. Problemi di geo-diritto, Nichilismo giuridico e Dialogo su diritto e tecnica (con Emanuele Severino). Il suo recentissimo volume, Il salvagente della forma, si impernia su un tema fondamentale, analizzato con accanita passione e con classica distanza in una vasta gamma di aspetti giuridici, filosofici, morali, scientifici, politici, letterari: il nichilismo puro e assoluto che oggi caratterizza secondo l’autore il diritto, il quale non può più richiamarsi, come un tempo, a valori universali che lo trascendono né alla tradizione, né a Dio né alla natura; non può reclamare «verità», ma si fonda soltanto sulla volontà più forte, capace di imporre l’ordinamento giuridico e l’ordine del mondo ad essa congeniali, e si risolve dunque nella politica. Come aveva visto Nietzsche, pure il diritto è volontà di potenza, è «tecnica» - destino dell’Occidente, secondo Severino, con il quale Irti intrattiene un intenso dialogo. Dinanzi a questa realtà, Irti non indulge né alle deprecazioni moralistiche né alle garrule apologie cui siamo abituati: ne prende atto con fermezza intellettuale, rigore logico (che distingue i giudizi di fatto dalle proprie convinzioni personali e spesso spiazza il lettore con inattese posizioni politiche) e un senso di fraterna partecipazione alle vicende degli uomini abbandonati dagli dei. Il ritratto della nostra realtà offerto da questo libro ne fa uno dei testi più forti, insieme a quelli di Severino, sul nichilismo in generale. Quest’ultimo, gli chiedo, ha pervaso la filosofia e la letteratura sin dalla fine dell’Ottocento; perché il diritto - se non sbaglio - ne è stato coinvolto più tardi?
- Irti: Non sbagli. Il nichilismo è giunto tardi al diritto. La «morte di Dio», cioè il declino dei fondamenti religiosi e metafisici, fu a lungo nascosta dietro surrogati terreni: Stati nazionali, secolare tradizione del diritto romano, energia unificatrice dei codici. Ma, nel giro di un secolo o poco più, anche questi surrogati, che sembravano garantire totalità e unità di senso, sono scesi al tramonto o hanno perduto forza di guida. Rimangono le forme, le procedure capaci di generare norme in ogni ora del giorno e in ogni luogo della terra. I contenuti sono determinati, di volta in volta, dalla volontà più forte ed efficace, che è in grado di possedere e dominare i congegni produttivi. Se nessuna norma è presidiata da verità, da un vincolo assoluto e oggettivo, allora tutte vengono dal nulla e nel nulla possono essere risospinte. Nichilismo è questo abbraccio del nulla, quest’assenza di un «da dove» e di un «verso dove». Né provenienza né destinazione.
- Magris: Kant diceva che la domanda «cos’è il diritto?» pone il giurista nello stesso imbarazzo in cui si trova il filosofo quando gli chiedono «cos’è la verità?». Nel tuo libro la verità è bandita dal diritto; le leggi non sono più vere o più giuste di altre, bensì più valide, più adatte ad organizzare il mondo secondo la volontà del legislatore, che in quel momento è la volontà politica più forte. Non è certo la natura che può offrire dei valori assoluti: per l’universo, con le sue stelle che collassano e le sue specie che distruggono altre specie, le leggi razziali di Norimberga non sono né giuste né ingiuste. Nei valori - compresi i comandamenti di Dio per il credente, come sa la grande teologia moderna - si può credere, ma non si possono dimostrare. Ma noi viviamo - e non potremmo vivere altrimenti - tracciando una netta distinzione tra valori che consideriamo transeunti e comunque discutibili (per esempio certe norme di comportamento sessuale, la preferenza per un’economia dirigista o liberista) e altri che consideriamo - per noi - degli assoluti: non siamo disposti a discutere se sia lecito torturare un bambino o organizzare Auschwitz. Naturalmente anche le leggi razziali di Norimberga sono cadute perché chi vi si opponeva è stato più forte, ma possiamo dire che esse erano soltanto meno valide, espressione di una volontà politica che si è rivelata meno forte, o non dobbiamo invece dire che erano ingiuste e infami e che lo sarebbero anche se il Terzo Reich avesse vinto e dunque se fossero tuttora valide e operanti? Pure il conflitto fra Antigone e Creonte, ha scritto in un bellissimo saggio Gustavo Zagrebelsky, esige una soluzione non solo morale bensì politica, ma questa politica non prescinde dalla morale. Forse i due postulati dell’etica kantiana non si fondano su nulla (certo non sulla natura), ma noi li viviamo come assoluti; li abbiamo elevati a valori universali sottratti al divenire storico - almeno a quello dell’umanità che conosciamo. Quando tu parli di «esemplare onestà» di un tuo critico o di altri valori, non solo li professi come vuole il tuo demone (direbbe Max Weber), ma dai per scontato che siano valori in sé, per la nostra umanità.Irti: Il diritto ha conquistato faticosamente la propria autonomia e laicità. Sciogliendosi da qualsiasi presupposto, si è consegnato per intero alla storia degli uomini, e perciò alle loro volontà, alle loro visioni del mondo, al loro istinto di potenza. Soltanto la fede, ossia la volontà di credere, erige «valori», i quali valgono appunto perché sono creduti e voluti. Questa è grandezza e tragedia dello storicismo. Tu stesso dici che i postulati dell’etica kantiana, noi «li viviamo come assoluti», noi «li abbiamo elevati a valori sottratti al divenire storico»: e, dunque, non li abbiamo accolti come dati oggettivi, vincolanti in sé e per sé, ma li erigiamo e sosteniamo con il nostro volere. La volontà, che li ha istituiti, è anche in grado di destituirli. Antigone è sublime figura della rivolta contro un certo diritto; ma a nessun diritto si può chiedere di prevedere e consentire la ribellione verso se stesso, cioè l’autodistruzione. La volontà contestata e la volontà contestante avanzano, ciascuna per sé, la pretesa di valere in modo esclusivo. Questa scissione segna tutta la storia del diritto. Se Antigone invoca un altro diritto, Creonte incarna il diritto come è, la dolorosa fermezza di chi manovra la barra nella tempesta. Jean Anouilh ha colto potentemente questo profilo.
- Magris: Fra le tante pagine bellissime del libro, c’è l’inoppugnabile demolizione logica dell’attuale pretesa ideologica del mercato di essere, diversamente dall’economia dirigista, un dato «naturale», mentre tu dimostri che esso è il risultato, «artificiale» come ogni altro, di una volontà politica oggi più forte, che lo vuole e lo impone, senza che ciò implichi da parte tua una posizione negativa nei riguardi del mercato stesso. Ma smascherare un’impostura ideologica non significa credere che esista una verità, in questo caso appunto il carattere artificiale del mercato?
- Irti: «Smascherare un’impostura» è soltanto proporre un’interpretazione delle cose, ed anche volere che il diritto sia la potenza regolatrice e l’economia la materia regolata. Verità? È forse un caso che ci troviamo oggi in dialogo un uomo di lettere e un uomo di diritto? Tu mi domandi proprio ciò che io domando a te, ciò che il diritto, chiuso nella gabbia del volere umano, non è capace di svelare. Forse la poesia, interrogando le menti e i cuori, e il cielo e la terra, può guidarci per qualche strada ancora ignota. Accogliamo anche noi l’estremo messaggio di Heidegger.
- Magris: Il tuo libro si intitola Il salvagente della forma. È questo che fonda l’affinità tra diritto e letteratura, la quale ha dato grandi contributi alla fisionomia dell’homo oeconomicus, dal romanzo inglese e francese - per citare solo qualche esempio - a Goethe, uno fra i primi a intuire il nichilismo del consumo. Gottfried Benn, grande poeta di un radicale nichilismo, diceva di scrivere «strofe su catastrofi», strofe perfette, che in qualche modo arginano il caos e la distruzione. Ma quella perfezione della forma dice un senso che la trascende, l’asciutta e struggente malinconia per la vita fuggitiva, il desiderio di salvarla, nella forma ma non solo per amore della forma. Ogni nichilismo autentico è avvolto da questo alone terso e struggente, non detto e indicibile. E forse la forza del nichilismo sta pure nella seduzione di queste parole - nichilismo, nulla - che affascinano come una musica insieme dura e melodiosa, un canto di sirene cui piace abbandonarsi...
- Irti: La salvezza è nella forma redentrice. Le tue parole sono già l’inizio di una strada comune.Natalino Irti, accademico dei Lincei, insegna Diritto civile e Teoria generale del diritto presso l’Università «La Sapienza» di Roma ; il suo libro si intitola Il salvagente della forma, pp. 175, € 18, Laterza.
Corriere della Sera (Roma), 6.4.2007, p. 47

Monday, April 02, 2007

Dinesen y la parábola del banquete, por José Calvo González




Isak Dinesen
El festín de Babette
Nórdica Libros,
Madrid, 2006. - 80 pp.

Karen Christence Blixen-Finecke (Rungsted, Dina-marca 1885-1962), Isak Dinesen en su pseudónimo literario más frecuentado, escribió en 1952 un cuento al que tituló El banquete de Babette, luego compendia-do junto a otros dentro de Anécdotas del destino (1958). Alfaguara lo publicaría en España por primera vez el año 1983. Lo hace ahora la editorial Nórdica Libros, recogiendo la traducción original de Francisco Torres Oliver, refrescada en la luminosa palabra festín, y al texto añade también la imaginación ilustradora Noemí Villamuza. Estrena así una novedad llena de belleza verbal, disfrutada además en la fantasía del dibujo. Dinesen se agrega a la colección que abrió con Lenz de Georg Büchner, al que fue propenso Kafka, ilustrado por Alfred Hrdlicka. En esa línea nos aguardan para esta temporada más lecturas maravillosas e imaginaria mágica.
La historia de Babette se data hacia 1885, en Berlevaag, poblado de la Jutlandia noruega, provincia del noroeste, establecido por un pastor luterano en comunidad piadosa. A la muerte de éste allí prosiguen sus hijas, Filippa y Martine, ya “lejos ambas de la primera juventud”, perseverando el testimonio paterno. Allí también acogieron Babette, sospechosa de communard, cuando el vientre balzaquiano de París se hallaba en plena digestión revolucionaria. Era cocinera y la tomaron de sirvienta por carta de recomendación de Achille Papin, cantante de ópera, antiguo pretendiente de Philippa. Tuvo asimismo en aquel tiempo Martine su enamorado, el apuesto teniente Lorenz Loewenhielm. Han transcurrido quince años y entre ellas tres la vida ha ido sucediendo en una sobria y hermética existencia. A tan enflaquecidas biografías correspondió la no menos lacónica dieta, rutinariamente parca, de una cocina sin ambiciones; frugal sopa de cerveza y enjuto guiso de bacalao por única sumaria complacencia. Y los calendarios siguieron adelgazando, a igual ritmo que sus desnutridas almas. Mas Babette juega un día la lotería, y el sorteo le premia. Diez mil francos le ha de traer esa suerte, que decide aplicar a la preparación de una cena que conmemore el centenario del nacimiento del venerable patriarca, reuniendo a la mesa a quienes fueron sus más fieles discípulos, ahora parece que algo distanciados. Tal idea y forma de festejar el aniversario ciertamente inquieta a las timoratas hermanas, dudosas de si el modo de celebración no será inapropiado. Pero, aunque medrosas, al fin acceden, porque nada y nunca antes les pidió Babette. Comienzan, pues, los prolegómenos para el festín. Filippa y Martine, entre apocadas y llenad de pasmo, asisten al recibo de viandas sabrosísimas y manjares deliciosos que Babette hace traer de París. A la suculenta pitanza de alimentos se acompaña la llegada de un surtido en vinos finos y apetitosos para mejorar el goce exquisito del condumio. El menú compuesto quiere regalar a los comensales con la expresión más exquisita de la culinaria francesa; un dominio, en todo desconocido de todos, que antaño estuvo elocuentemente reservado a Babette, meritísima chef de Café Anglais, el más afamado y principal restaurante de los bulevares parisinos. Los invitados, no obstante, han prevenido el paladar contra el contento del deleite; cualquier placer de los sentidos es indecente, y pecaminosa la delectación. Así, no saborean, y resisten el elogio. Sólo Loewenhielm, ya en el generalato, extranjero como Babette, despierta poco a poco a los disfrutes; la evocativa memoria de andanzas en la vida mundana le permitirá reconocer e identificar plato a plato delicadezas, suavidades, refinamientos, elegancias. Papin colaborará igualmente. Va el resto siendo despaciosamente atraído y seducido y hechizado. Entonces, una fascinante renovación acaece como epifanía, en festividad que disuelve recelos y aprensiones, que estimula a la dicha, que conmueve al júbilo. A los postres abre paso la alegría de corazón, antes limitada en emociones cohibidas, y van todos –menos Babette que permanece atareada en la cocina- a bailar y cantar bajo la Luna en mitad de la fría noche de aquella nórdica nación. Y la vida renace de lo inerte.
Gabriel Axel hizo con este cuento un ejemplar guión cinematográfico, y la película, que también dirigió, recibió galardón en Cannes, y Oscar en 1988 al mejor film en lengua no inglesa. A Babette la encarnó Stephane Audran. Ya antes, otro más de los contenidos en Anécdotas del destino, “Una historia inmortal”, aprovechó a las pantallas, rodado por Orson Welles, en España, con Jeanne Moreau (1966). Y en medio de ambas la adaptación por Kart Luedke de Out of Africa (1937), dirigida por Sydney Pollac, distribuida aquí como Memorias de África (1985), que cosechó siete oscares, aunque no a la memorable interpretación de Meryl Streep en el papel de Dinesen. A buena literatura, bien cine.
Babette es un relato sencillo, una parábola, donde saciarse de enseñanzas. Porque está llena de auténtica sabiduría, que no consiste en saber más sino saber mejor. En efecto, supo Dinesen que la “anécdota” alimentaria prestaba ocasión perfecta para actualizar una vieja, nunca rancia, metáfora. Es fácil, creo, acudir a los symposia platónicos, o al convivium romano, cuya riqueza etimologica además de guiar hasta banquete conduce a convivir como entenderse y comprenderse. Pero quiero intentar una alternativa diferente, y arriesgo la bíblica. Pasajes del Nuevo Testamento (Mateo 22, 1-10; Lucas 14, 15-24) hablan del convite anunciado a los más humildes y sumisos, que los poderosos excusaron o desatendieron, y del invitado pretencioso que sentó a la mesa en lugar preeminente y fue luego removido. Y en Ap. 19, 9 se llama bienaventurados a los llamados a la cena del Cordero. Hay sin embargo un fragmento del profeta Isaías (25.6) que condimentaría mejor que ningún otro el metarrelato de Dinesen. Es allí donde anuncia esta promesa: “Y Jehová de los ejércitos hará en este monte a todos los pueblos banquete de manjares suculentos, banquete de vinos refinados, de gruesos tuétanos y de vinos purificados. Y destruirá en este monte la cubierta con que están cubiertos todos los pueblos, y el velo que envuelve a todas las naciones. Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros”. Los últimos versículos declaran que ese banquete será salvífico, festín de la vida en plenitud, sin amenaza de muerte y dolor. La divinidad, como escribió santa Teresa a sus monjas, “anda entre los pucheros”. Dios metido en faena de perolas, calderos y fogones para la gran cena de la salvación. Dinesen concibe una todopoderosa cocinera Babette, capaz de aderezar con divino arte, de sazonar –sal de la vida- el insípido existir de mortificante austeridad que ha sometido a represión y castigo los cuerpos y espíritus de aquellos lugareños. Festín de comida y bebida reconstituyente y liberalizador. El arte del banquete como salvación total, que además alcanza e incluye también a Babette. Aquella cena espléndida como obsequio a sus invitados, pero también a sí misma. Porque el arte es siempre junto a salvación de otros, asimismo del propio artista. El artista que no convida al banquete de su arte no sólo nos priva de su disfrute, que es la representación más portátil de la eternidad, muere él mismo. La astenia fatalmente lo devorará, engulléndolo en una deletérea finitud.
Y ahora, la lectura ya está servida.




(Publicado en El Mundo. El Mundo Málaga (Málaga), Suplemento de Cultura ´Papeles de la Ciudad del Paraiso´, núm. 11 ed. de 30 de marzo de 2007, p. 14.

Friday, February 23, 2007

Oquendo de Amat y el efecto Bartleby, por José Calvo González




Hace algunos años Enrique Vila-Matas exhumó literariamente a un puñado de “raros”. Bartleby y Compañía (Anagrama, Barcelona, 2000) evocaba a varios individuos de una asombrosa raza compuesta de escritores inéditos, o que interrumpieron su escritura luego de publicar uno o dos libros ejemplares, o que –como en un nuevo paso de tuerca a lo todavía más desconcertante – resguardaron su identidad. En el pasmo de esas extrañezas recordó a Rulfo, Salinger, Rimbaud, Alfau, Gracq, la problemática filiación de B. Traven (¿acaso Ret Marut?), el enigma Pynchon, y también al uruguayo Felisberto Hernández, que nunca concluía sus relatos; fueron todos ellos bartlebys. Tratando de inquirir los poderosos motivos que pudieron alentar tan insólito proceder apuntó la moderna desconfianza en las palabras. Les serviría de nexo común el que luego de alcanzar un estado de superior clarividencia, donde atinaron razón de haber sido ya todo dicho, concluyeron que únicamente era dable aspirar a la redundancia, la glosa o el furtivismo. De ahí sus irrevocables decisiones: mudez, parvedad, veladura.
Me he interrogado acerca de ese efecto Bartlebly poniendo énfasis de rastreador de continencias, abandonos y embozos. Creí hallar un afectado más para añadir a ese colectivo. Podía tratarse, pensé, de Carlos Oquendo de Amat (Puno. Perú, 1906- Navacerrada. España, 1936). No obstante, explicaré antes de proseguir, mi vacilación persistió durante mucho. Porque si de una parte me inclinaba su extrema moderación editorial, me erguía de otra que sin embargo en absoluto propendiera a una obstinada negativa a la acción. En efecto, su única obra, un poemario escrito entre 1923 y 1925, que tituló 5 metros de poemas, publicado el año 1927 en Lima por Editorial Minerva a instancia de Carlos José Mariátegui, su descubridor, consolida en el tiempo una atracción cercana a la nada barrtlebyana. Pero, también, su biografía, surgente entre nieblas de la mano del peruano Carlos Meneses (Tránsito de Carlos Oquendo de Amat, Inventarios Provisionales, Las Palmas de Gran Canaria, 1973) y hoy ya muy nítida con Roberto Milla (Oquendo, Hipocampo Editores, Lima, 2006, T. I.), rechazaba la terca pasiva inocuidad –el “preferiría no hacerlo”- del personaje de Melville (Bartleby, el escribiente, 1856). Por el contrario, Oquendo de Amat, de avance comunista, fue inquietado en Lima por la represión del dictador Augusto B. Leguía, que le encarceló, tuvo luego experiencia del exilio en la ciudad de boliviana de La Paz, donde asimismo conocería la tortura, y llegando a Panamá resultó retenido, y peregrinó por Costa Rica hasta su expulsión a México, hasta que al fin y a través de Francia vino a recalar en la España republicana. Su peripecia de agitprop le mantuvo hasta entonces en un andar sin sombra. Enfermado de tuberculosis en Madrid, murió con la Sierra del Guadarrama en los abiertos ojos cuando era 6 de marzo en el calendario de 1936.
Estuvo el primero en mencionarlo Mario Vargas Llosa, al recibir el Premio Rómulo Gallegos allá en Caracas por 1967 (La literatura es fuego). Más acá y adelante, igualmente Juan Manuel Bonet en su Diccionario de las vanguardias en España. 1907-1936 (Alianza, Madrid, 1995), de las que formó inventario completo con atención minuciosa y detalle especialista. Lo nombro yo ahora al recibo, por un obsequioso amigo arequipeño, de la obra que se bastó impar y unánime en la entera poética de Oquendo. Un lujo de amistad y un esplendor bibliográfico. Fortuna por cuenta doble.
La edición es facsimilar de otras que también lo fueron y se hallan en circulación, si bien con cortesía que las redime de erratas, y el agasajo del prologuista Oscar Aramayo, otorgando la merced de cinco poemas congregados desde la dispersión. Ha sido compuesta por Aquelarre Ediciones (Arequipa, 2006). Entre nosotros, María Manso y Rosa Lozano en la Editorial Ediciones el Taller del Libro (Madrid, 2004) hicieron tirada de 300 ejemplares, en montaje de estuche con ventana y encuadernación artesanal, pero omitiendo el disfrute de la xilografía que va a la carátula, diseño de Emilio Goyburi, esbozando cuatro rostros con telón de fondo. La bondad de su rescate, indultada esa falencia, vale la memoria. De justicia es también recordar otro salvamento anterior, en Editorial Orígenes (Madrid, 1985), con estudios de Carlos Meneses y José Luis Ayala. Pero la que desde hoy está en mi biblioteca se adorna de todas las mayores estimaciones.
5 metros de poemas es un libro-objeto. Postuló Oquendo abrir el libro “como quien pela una fruta”. En su pulpa están los dieciocho poemas, que impregnan el paladar con sapiencia. Las páginas van impresas en acordeón, al modo de algunos cuadernos de estampas japonesas, y despliegan su lectura con la paciente serenidad de un origami, el antiguo arte nipón de doblar el papel. A mitad de ellas se convoca a un intermedio de diez minutos, como el descanso de las salas de cine en sesión doble. Ese formato y otros arrojos delatan al Oquendo surrealista; así quedó registrado por Mihai G. Grünfeld en la Antología de la Poesía Latinoamericana de Vanguardia 1916-1935 (Hyperión, Madrid, 1995). La libre palabra de su verso, que asimismo licencia la rima, recoge los primeros ecos del ultraísmo en Perú, algo borrosos, y se aclara en las voces de André Breton, Tristan Tzára o Paul Éluard, bien timbradas a su vez en Rimbaud, Mallarmé, Valery y Apollinaire. De éste último hay además una resonancia particular en la ordenación especial de la página, con estructuras formal-visuales que memoran caligramas. Asimismo trafican homenajes al constructivismo soviético y, cómo no, al lenguaje de Philippe Soupault en los Poemas cinematográficos (1917). Del resto, la armonía del modernismo autóctono le pertenece por José María Eguren (Simbólicas y La canción de las figuras, 1911 y 1916, respectivamente) y César Vallejo (Trilce, 1922). Y toda esa fue la irradiación genealógica de fusiones estéticas que encendió su poética personal.
Acabando, orillo mi duda. ¿Se preservó Oquendo de Amat, fue la vanguardia que se guarda, era un bartlebly? Es muy cierto que a este libro no siguió otro. Pero su poesía nunca renegó, nunca descreyó de la palabra. Poema del manicomio es prueba del pavor a la cosificación: “Tuve miedo y me regresé de la locura/ Tuve miedo de ser/ una rueda/ un color/ un paso”. En el Poema del mar y de ella se lee: “y el mar venía lleno en tus palabras”. Y en Poema un “Para ti tengo impresa una sonrisa en papel Japón (…) déjame que bese tu voz/ Tu voz/ que canta en todas las ramas de la mañana”. Además, ninguna desolación verbal traman los poemas, aunque en alguno pueda ser mimbre la nostalgia: “Junto a ti mi deseo es un niño de leche” (Compañera), o “un niño echa el agua de su mirada/ y en un rincón/ la luna crecerá como una planta” (Jardín). Entre los versos-ola de Mar flota un recuadro tipográfico que enuncia: “Se prohíbe estar triste”. De entusiasta convicción es también la gozosa metáfora en la semblanza más personal y biográfica: “Tengo 19 años/ y una mujer parecida a un canto”. En Oquendo ardía la llama viva de la exultación del verbo, que es avidez por la esperanza.
Definitivamente, el efecto Bartleby –la paralización del deseo- no ha sucedido en Oquendo.


Publicado en diario El Mundo. El Mundo Málaga (Málaga), Suplemento de Cultura ´Papeles de la Ciudad del Paraiso´, núm. 10, ed. de 23 de febrero de 2007, p. 14.

Monday, February 19, 2007

El Tribunal Constitucional y Haydn. Por Francisco Sosa Wagner

El diario El Mundo ed. de 19 de febrero, publica el artículo que a continuación reproduzco.
El Tribunal Constitucional y Haydn.
El Tribunal Constitucional procura algunas alegrías, especialmente a quienes ante él pleitean con éxito, pero también es habilidoso a la hora de proporcionar grandes tribulaciones al país. En estos momentos, hay un magistrado que no podrá intervenir en un asunto de importante magnitud, pero ya se anuncia que es probable que lo mismo le ocurra a otro si se pone en marcha un nuevo procedimiento de recusación. Este espectáculo me recuerda a una sinfonía de Joseph Haydn, la 45, que se llama precisamente La despedida, y en la que el tunante del compositor vienés hace ir abandonando la orquesta, uno a uno, a todos los instrumentistas, no sin que antes interpreten un solo, hasta que el escenario queda vacío y con las luces apagadas. El solo de un magistrado bien podría ser la redacción como ponente de una sentencia.Aunque fue Georg Jellinek quien propuso, a finales del siglo XIX, la creación de un Tribunal Constitucional en el Imperio austrohúngaro, lo cierto es que el padre reconocido de esta criatura es Hans Kelsen: a él se debe su puesta en funcionamiento en la Austria -ya mutilada- posterior a la Primera Guerra Mundial. Kelsen, siempre cercano a la socialdemocracia, fue un hombre honesto y una buena persona, como bien sabemos quienes nos hemos dedicado a explicar las vidas y las obras de los maestros alemanes del Derecho Público. Tan buena persona era que formuló la Teoría Pura del Derecho. Es decir, este hombre creía que en el universo había algo puro y, encima, que tal pureza se podía aplicar a la teoría del Derecho. Mayor ingenuidad no cabe, aunque es preciso reconocer que escribió páginas memorables.Sin embargo, él mismo tuvo ocasión de vivir en propia carne la inevitable contaminación en que se mueve el Derecho, cuando fue desposeído del cargo vitalicio de magistrado de su Tribunal Constitucional. Su destitución se debió a un enfrentamiento con la poderosa Iglesia católica austriaca, muy influyente a lo largo de la Historia en la regulación del matrimonio. Llegó un momento -bastante esperpéntico- en el que convivían en el Derecho austriaco dos principios antagónicos: el católico de la indisolubilidad, y el absolutista (regalista) de la competencia de la Administración para proporcionar determinadas dispensas que afectaban a un vínculo indisponible fuera de la Iglesia. Y todo ello, complicado con la posterior intervención de los jueces civiles.Kelsen aprestó sus bien trabadas entendederas jurídicas para superar esta incongruencia pero, en el camino, se encontró con una terrible campaña desatada contra él desde los medios católicos. El partido socialcristiano en el poder decidió entonces la reforma de la composición del Tribunal para que los magistrados, en lugar de ser elegidos por el Parlamento, lo fueran por el presidente de la República a propuesta del Gobierno, pero para ello era necesaria una reforma constitucional, imposible sin los votos socialistas. Éstos se negaron a colaborar y el partido socialcristiano, que no se paraba en barras, amenazó a los socialistas con recortar la autonomía de Viena, único reducto donde éstos ejercían aún el poder político. Los socialistas cedieron entonces, a cambio, además, de dos puestos (de un total de 14) en el nuevo Tribunal.El presidente del partido ofreció a Kelsen ocupar uno de los asientos reservados a la oposición. Kelsen se negó a ser magistrado de un partido político y además reprochó a los socialistas haberse prestado a un juego sucio y extremadamente peligroso. El resultado de este triste episodio es que Kelsen abandonó Viena y se trasladó a Colonia, donde pronto se toparía con los nazis que le desposeyeron de su cátedra, y comenzó un vagabundaje azaroso que acabaría en Estados Unidos.No es éste lugar para perseguir la posterior andadura de Kelsen. Si la traigo a colación es para advertir que la politización de los tribunales constitucionales en Europa ha sido una constante desde sus mismos orígenes.¿Cómo puede sorprendernos, pues, lo que ocurre en España? Entre nosotros se advierte que, como casi siempre ocurre, hay una fachada y una realidad. La fachada son las previsiones constitucionales para la designación de los magistrados, la realidad es que los partidos políticos se reparten los puestos a cubrir, en función de su respectivo respaldo electoral. Si avanzamos un paso más en esa realidad, nos encontramos con la evidencia de que los citados partidos como tales -a través de sus órganos estatutarios- tampoco intervienen, sino que su voluntad es desnudamente suplantada por un número reducido de muñidores que son quienes acaban decidiendo la composición de ese tribunal llamado a juzgar cuestiones delicadísimas. Esto lo sabe todo el mundo, otra cosa es que las conveniencias y el tartufismo obliguen a explicaciones más presentables. Además, con las previsiones que empiezan a colarse en los Estatutos reformados, algunas comunidades autónomas -Cataluña o Andalucía, por ejemplo-, podrán intervenir en este ameno juego, aunque al final todo conducirá otra vez a unas pocas personas que, encima, serán las mismas de toda la vida (como las que van al Cielo) pues suele tratarse de seres que, cual fantasmas acreditados y con trienios, acaban apareciéndosenos una y otra vez.Lo sorprendente es que este enjuague -porque enjuague es- desemboque en el nombramiento de unos profesionales de primera categoría, en general, catedráticos y jueces muy acreditados en sus respectivas carreras. Ha ido cambiando el perfil desde la constitución del primer TC hasta hoy, pero la constante de la alta preparación técnica se mantiene.¿Dónde anida, entonces, el fallo? A mi juicio, en el hecho de que, con demasiada frecuencia, se propende a buscar para el oficio de magistrado al jurista cortesano. Por tal entiendo aquel que tiene, en su biografía, lazos y especiales relaciones con la clase política en su más alto nivel, que ha practicado con ellos de alguna forma el tacto de codos. Y, si no se halla este elemento en su pasado, pronto lo incorpora, resultando así un jurista cortesano sobrevenido.Una consecuencia de ello es la naturalidad con la que se aplica la denominación de progresista-conservador a estos grandes juristas y la naturalidad con la que ellos mismos la asumen en las votaciones que son comprometidas. Sabemos que tales etiquetas simplistas y manipuladoras son apropiadas tan solo para un mitin. Pero sabemos también que el mitin es la bazofia de la vida democrática. Y, sin embargo, ahí están tales etiquetas, sobrepuestas a unos profesionales serios, cuando tan solo deberían ser aptas para consumo de beocios titulados.La solución por consiguiente es evitar al jurista cortesano y para ello la única solución es sacar al Tribunal Constitucional de Madrid. Es preciso seleccionar juristas que estén dispuestos a trabajar en las quietudes de una ciudad modesta española. Por eso, cuando hablo de modificar su sede, no me refiero a trasladarla a Valencia, Barcelona o Sevilla. Se trata de buscar una ciudad sin AVE, sin avión y sin obispo (aunque esta última exigencia podría dulcificarse motivadamente). Me arriesgo a proponer nombres: Teruel, Soria, Mérida, y por ahí seguido, lugares que además agradecerían verse honrados de esta manera. Una ciudad en la que ni siquiera haga falta el coche oficial porque las distancias son cortas y se cubren a pie. De manera que el magistrado, cuando tenga que viajar a Madrid, como en esas ciudades no suele haber ni tan siquiera tren, se verá obligado a tomar el autobús de línea y darse así un pequeño baño de masas, que también entona la musculación mental.Esta solución suprimiría de la lista de candidatos a un montón de juristas, precisamente a los cortesanos, y colocaría por el contrario en línea de salida a jueces y catedráticos -cuanto más jóvenes, mejor- que estén dispuestos a ejercer su oficio en una ciudad donde el tiempo se multiplica y el aire está menos inficionado. Dispuestos, pues, a ejercer su oficio libres de la cercanía de la clase política que -no nos engañemos- tiende a ir a lo suyo. Es decir, libres de su aliento que, aunque bien intencionado, suele ser codicioso.Ésta es la fórmula existente en Alemania, donde el Tribunal Constitucional no se halla en una gran urbe, sino en una de tipo medio: Karlsruhe. Antigua capital del Gran ducado de Baden, hoy es una ciudad más -muy bella, ciertamente- del land de Baden-Württemberg. Los alemanes, en achaques federales, no son mal ejemplo y, a buen seguro, entre nosotros, esta fórmula hará las delicias de los verdaderos partidarios de la descentralización y del equilibrio territorial.
Francisco Sosa Wagner es Catedrático de derecho Administrativo en la Universidad de León.

Wednesday, February 07, 2007

Juicio en Francia sobre las viñetas de Mahoma

GRAN EXPECTACIÓN POR UNA CAUSA QUE NO TIENE PRECEDENTES
Comienza el juicio en Francia sobre las viñetas de Mahoma en un semanario satírico
El Tribunal Correccional de París juzga si las viñetas son injuriosas contra los musulmanes
Una cincuentena de intelectuales firma una declaración de apoyo a 'Charlie Hebdo'
EFE
PARÍS.- El Tribunal Correccional de París ha empezado, en medio de una gran expectación, el juicio por la publicación de varias caricaturas del profeta Mahoma por el semanario satírico francés 'Charlie Hebdo'.
Numeroso público se agolpaba en la puerta de la sala judicial, en medio de una notable presencia policial y de bastantes periodistas, algunos de los cuales procedentes de medios árabes y de Dinamarca, país en el que se publicaron primero las caricaturas objeto de controversia.
Este juicio, el primero de estas características que se celebra en Francia, está presidido excepcionalmente por el presidente del Tribunal de Gran Instancia de París, Jean-Claude Magendie, y es resultado de una denuncia presentada por la Unión de Organizaciones Islámicas de Francia (UOIF) y por la Gran Mezquita de París. Alegan que se trata de un posible delito de "injurias públicas contra un grupo de personas en razón de su religión".
Las caricaturas aparecieron en un número especial que publicó 'Charlie Hebdo' en febrero de 2006, con 11 de sus 16 páginas dedicadas a los dibujos de Mahoma que había sacado en septiembre de 2005 el diario danés 'Jyllands-posten'.
La portada del semanario francés, firmada por el dibujante Cabu, mostraba a Mahoma que lloraba mientras aseguraba que "Es duro ser amado por tontos". En el interior había dibujos del profeta con un turbante del que salía la mecha de una bomba y otro en el que decía a los terroristas kamikazes que dejasen de inmolarse ya que no quedaban más vírgenes en el paraíso.
El rector de la Gran Mezquita de París y presidente del Consejo Francés del Culto Musulmán, Dalil Boubakeur, ha asegurado que el objetivo de la querella es crear un cortafuegos judicial "para proteger a los musulmanes de los abusos insultantes". La prensa francesa dedica hoy amplio espacio al juicio y el rotativo 'Libération' reproduce las caricaturas que son el centro de la controversia judicial.


Portadas de algunas ediciones especiales de 'Charlie Hebdo'. (Foto: AFP)
En la prensa aparecen páginas de publicidad pagadas por la organización Reporteros sin Fronteras (RSF) con una frase: "Con 'Charlie Hebdo', nos negamos a callarnos". "No esperemos a que nos quiten la información para defenderla", dice el anuncio, que muestra a un hombre que intenta gritar mientras una mano pretende taparle la boca.
El secretario general de RSF, Robert Menard, que asiste al juicio, declaró a Efe antes del comienzo que "los que han puesto la denuncia se equivocan, pues quieren dar la impresión de que se les trata de forma diferente, y el Islam es una religión más y ha de ser tratada de la misma manera que el resto". Menard recordó el carácter satírico de la publicación denunciada y subrayó que Francia es un país laico, donde la religión es en ocasiones "objeto de burla".
El dirigente de RSF aseguró que la libertad de expresión es "dura de aceptar" y mostró su confianza en que la publicación no sea condenada, porque "se corre el riesgo de que se ponga en marcha una especie de auto-censura en los medios". En su opinión, el rector de la mezquita parisina se ha visto obligado a tomar esa iniciativa "por miedo a ser sobrepasado por una parte de la comunidad islámica más intransigente".
La publicación en septiembre de 2005 de las caricaturas de Mahoma por el diario danés generó protestas y graves incidentes en diversas partes del mundo por parte de los musulmanes, cuya religión prohíbe la representación gráfica del profeta.
Declaración de apoyo a 'Charlie Hebdo'
En vísperas del juicio, una cincuentena de intelectuales firmó una declaración de apoyo a 'Charlie Hebdo' publicada en el diario 'Libération', que también publicó en su día las caricaturas de Mahoma en apoyo al diario danés 'Jyllands-posten', pero que, sin embargo, no ha sido objeto de denuncia.
El juicio que se abre este miércoles en el Tribunal Correccional de París es de "extrema importancia", advierten los firmantes, entre los que se encuentran los escritores Taslima Nasreen y Michel del Castillo, los filósofos Elisabeth Bandinter y Bernard-Henri Lévy o el dibujante René Pétillon. Reclaman "el derecho a poder criticar a todas las religiones sin excepción", incluso en este contexto geopolítico en el que muchos incitan a la "prudencia".
La libertad de expresión y el laicismo "necesitan ser reafirmados más que nunca", subrayan, al destacar que los "demócratas del mundo entero, especialmente los musulmanes, esperan encontrar en Europa y en Francia en especial un espacio laico donde la palabra no esté trabada por la dictadura ni el integrismo".
También la asociación de defensa de la prensa Reporteros Sin Fronteras (RSF) salió en defensa de 'Charlie Hebdo' al denunciar las "intimidaciones" que ha sufrido el rotativo y al afirmar que "el espacio público debe estar abierto al diálogo y a la polémica". Según una encuesta de TNS que publica la revista religiosa 'Pelerin', más de tres cuartos de los franceses (79%) consideran "inaceptable" las burlas contra una religión.

Retrato judicial de la violencia doméstica

INFORME DEL CGPJ ELABORADO CON SENTENCIAS
Retrato judicial de la violencia doméstica: asesinos sin problemas de droga o mentales
El estudio fue elaborado con fallos de 2001 a 2005 y se concluirá en cuatro meses
En el 79,31% de los casos el domicilio común o el de la víctima fue escenario del crimen
El 64% de las víctimas eran madres y en el 12% de los casos sus hijos vieron el crimen
ELMUNDO.ES
MADRID.- Seis mujeres han muerto en algo más de un mes a manos de la persona con la que compartieron parte de su vida. Son los nombres que el 2007 añade a la lista negra de víctimas de la violencia doméstica, una lacra de la que hoy el Consejo del Poder Judicial ha ofrecido una nueva perpectiva, la cara, también amarga, que ofrece una vez juzgados los crímenes. En un novedoso informe, elaborado en base a 147 sentencias entre 2001 y 2005, se ofrece un dato clarificador del asesino: los hombres no matan a sus parejas o ex parejas movidos por el desequilibrio psíquico o por la influencia de las drogas o el alcohol.
Ocho jueces, dos letrados, dos vocales del Poder Judicial y un experto en medicina forense han dibujado en un minucioso informe la radiografía de la violencia doméstica en España a petición de la presidenta del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género y Vocal del CGPJ, Montserrat Comas d’Argemir, que deseaba disponer de una visión general de los asesinatos y homicidios cometidos dentro de la pareja una vez juzgados y sentenciados. El CGPJ ha adelantado algunas de las conclusiones de este informe, el primero de estas características que se realiza en España y que concluirá en un plazo aproximado de cuatro meses.
El documento desmitifica el tópico de que el autor de los asesinatos ha matado a su pareja o ex pareja movido por una alteración mental o a causa de una adicción al consumo de drogas o de alcohol. Sólo en un 5,44% de los casos se consideró como atenuante la alteración psíquica. Como eximente, en su versión completa e incompleta, se tuvo en cuenta sólo en un 2,04% y en un 6,80% de las sentencias respectivamente.
En lo que se refiere al consumo de bebidas alcohólicas y drogas, la circunstancia atenuante tan sólo se ha apreciado en un 3,40% de las resoluciones dictadas, mientras que la eximente incompleta se ha admitido en un 2,04% de las sentencias.
El Poder Judicial confirma con datos aplastantes que las víctimas del terrorismo doméstico tienen nombre de mujer. El 94,4% de los asesinatos y homicidios habidos en el periodo de referencia fueron cometidos por hombres. Del total de 147 sentencias, el 96,5% fueron condenatorias y el 3,40 absolutorias y no constan, prácticamente, denuncias previas a los hechos, pese a que en algunas sentencias se recoge la existencia de agresiones o amenazas anteriores.
Cerca de la mitad de los crímenes (el 51,07%) se produjeron cuando existía vínculo matrimonial y en el 48,93% de los casos la relación afectiva era de convivencia de hecho o de noviazgo. El escenario del crimen fue el domicilio común o el de la víctima en ocho de cada diez casos (un 79,31% ). Seis de cada diez víctimas (un 64,28%) dejaron huerfános y en el 12,59% de los casos los pequeños fueron testigos presenciales del crimen.
En esta batería de datos que dibuja una de las mayores lacras sociales de este país también figura que el asesino es el 73,10% de los casos español y en el resto, un 26,9%, es extranjero. Cuando se mira hacia las víctimas la proporción que aparece es similar:el 70,42% son españolas, las restantes el 29,58%, extranjeras.