Sunday, August 20, 2006

¡Ojo, al ojo! Abre los ojos





Ha corrido mucha agua bajo el Puente de Londres desde que Bentham lo cruzó la última vez. Menos bajo los de París, aunque en cantidad muy abundante, desde que Foucault atravesara por cualquiera de ellos de una a otra ribera del Sena. Los recordaba a ambos estos días con motivo de la sentencia de un juez federal en EEUU declarando ilegales las escuchas telefónicas sin orden judicial que ha venido realizando la maquinaria de la NSA norteamericana. Del británico, en especial, su inquisitivo Panoptico, no menos velado sin embargo. Del galo sus reflexiones sobre "ver sin ser visto", característica del omnisciente poder estatal.
Ahora la instalación de circuitos televisivos de vigilancia en lugares de trabajo, centros comerciales y vías urbanas se extiende como una mancha de aceite. Mi impresión es que este lubricante es como el santolio para la unción de derechos en situación terminal. Desde luego hay jurisprudencia que sostiene la escrupulosa constitucionalidad de la instalación de esos aparatos de grabación, y el legislador ha procedido a regular la finalidad, tiempo de archivo y destrucción de las filmaciones. Pero nada de eso evita a muchos ser susceptibles, más allá de sentirse incómodos.
Porque, claro, pienso yo que el verdadero problema de esas cámaras no está en la recogida de las imágenes indiscretas, sino precisamente de las discretas.
José Calvo González

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