Monday, June 05, 2006

El Sésamo de los Libros


La condición y el destino de los libros son el fervor y la ambición que alimenta la palabra semilla. Los cuentos populares están repletos de semillas maravillosas. Puede ser un grano de cebada –como en el cuento de Andersen que trata acerca de la soledad de una anciana, mencionado por Ernst Bloch en El principio de esperanza, que Felipe González Vicén tradujo en 1979- del que habrá de brotar un tulipán, que luego de ser besado hace surgir una niña miniatura, bautizada como Florecilla. La historia funciona también como apólogo relacionado con la relatividad de la oposición y el equilibrio de proporciones entre dos espacios, el mundo minúsculo y la inmensidad, tema asimismo del Micrómegas de Voltaire, o recurso del irónico Swift en Gulliver. Pueden ser también las semillas de aquellas habichuelas mágicas que escalan hasta el cielo. Está igualmente el caso del mínimo Garbancito, niño-semilla, que pudo enormes hombredades. Y podría prolongarme en mil y un ejemplos… El silo extraordinario de Las Mil y una Noches (hermosísima la versión de Gustavo Weil en 1956), metáfora-granero de los infinitos cuentos, alberga no obstante la más pequeña y poderosa entre todas las simientes que ahora recuerdo. En la historia de Alí Babá y los cuarenta ladrones hallaremos la del sésamo, dando a comprobar la extraordinaria intensidad de lo diminuto. Todo su fabuloso relato actúa a través de la palabra que nombra una semilla. La de sésamo, de tan menudísima, apenas parece sólo una semilla exigua. Pero hace suficiente en la cocina literaria para la excelencia de sabores que causan pasmo al paladar. La mágica pronunciación de lo pequeño, su invocación, el ejercicio de traer lo pequeño a presencia en nuestra existencia, convoca la maravilla. Sésamo, una palabra párvula, capaz sin embargo de abrir lo grande y aún contenerlo. Pues Sésamo es el nombre de la Gran Montaña que esconde un íntimo caudal precioso, a la vez que como nominación de una semilla casi insignificante, la clave -"¡Ábrete, Sésamo!"- que conduce a su interior y lo desentraña. Al fin Sésamo se nos descubre y, en efecto, desvela su secreto. El tesoro de los cuarenta ladrones, de los escritores como ladrones de vidas: el tesoro la Literatura. He aquí la fantástica epifanía del Sésamo de los libros, que da paso a una quinta dimensión; el mundo de la Literatura. Y Sésamo, un libro, cualquier libro, hasta el más ínfimo de los libros, es la llave verbal de la puerta que abre a lo maravilloso. Y así, en realidad, todo libro formula un prodigio.
José CALVO GONZALEZ
(Publicado en el diario El Mundo Málaga, ed. de 5 de junio de 2006, p. M6)

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