Friday, May 12, 2006

Ficción, Libertad y Alternativa



Leo en El País de 9 de mayo de 2006 (Cultura, p. 47, recuadro a firma de Fietta Jarque. Estocolmo) que organizado por el Instituto Cervantes y la Universidad de Lund se celebró la semana pasada en la capital sueca, durante tres días, un congreso dedicado a la obra de Mario Vargas Llosa. En el Auditorio del Kulturhuset tuvo lugar, además, una conversación entre el autor hispano-peruano –Arequipa, Perú 1936, nacionalizado español en 1993- y su traductor al sueco, Peter Landelius, donde aquél subrayó como fundamental el que la ficción estimula el deseo de libertad. “Al terminar de leer un gran libro volvemos a nuestra realidad común y descubrimos qué poca cosa somos. Nos hace sentirnos inconformes e insatisfechos y ése es el gran motor del progreso humano. Somos otra cosa cuando volvemos a la realidad”, afirmó.
En Cartas a un joven novelista, Ariel /Planeta, Barcelona, 1997, hallaremos un mayor desarrollo de esta idea. La narrativa de ficción es portadora de una “entraña sediciosa”, de una “rebeldía” que, incluso si “muy relativa” y “bastante pacífica”, produce un resultado no inocuo: “quien se abandona a la elucubración de vidas distintas de aquella que vive en la realidad manifiesta de esa indirecta manera su rechazo y crítica de la vida tal como es, del mundo real, y su deseo de sustituirlos por aquellos que fabrica con su imaginación y sus deseos. ¿Por qué dedicaría su tiempo a algo tan evanescente y quimérico –la creación de realidades ficticias- quien está íntimamente satisfecho con la realidad real, con la vida tal como la vive? (pp. 11-12). Y añade: “esa disidencia con la vida real, con el mundo tal como es [… ] sería la recóndita razón que empuja a una mujer o a un hombre a desafiar al mundo real mediante la simbólica operación de sustituirlo con ficciones [… ] reemplazando aquél en sus ficciones por otro construido a imagen y semejanza del que su disidencia hubiera preferido” (pp. 26-27).

Pero aún es posible ir más adelante. Emplear la ficción para explorar la capacidad de remover la realidad, para dar cuenta de que nada es irremovible. Susan Sontag (New York, 1933-2004) lo entendió así al escribir: “¿Qué sentido tiene convertir acontecimientos reales en historias si no se puede cambiar todo, en especial el final? ¿Y qué sentido tiene contar historias, sin no es remover el anhelo que todo el mundo cobija por una vida alternativa? (In America, Farrar Straus Girioux, New York, 2000, p. 171).
José Calvo González

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