Thursday, May 04, 2006

El cuento de la buena pipa. De una fábula de fumadores y sobre el talismán del narrador

Todos hemos oído alguna vez El Cuento de la buena pipa, que es una entre las muchas vaviantes de los "Cuentos de nunca acabar".


El cervantólogo y folclorista sevillano Francisco Rodríguez Marín (1855-1943) hace referencia al "cuento de la buena pipa, o pipita" en sus Cantos Populares Españoles recogidos, ordenados e ilustarados por.... (1882-1883), Francisco Alvarez y Cía, Sevilla, 5 t. (Hay ed. facsímil de Eds. Atlas, Madrid, 1981), al t I n. 20 pp. 129-130, presentándolo como aquél que con el fin de entretener y burlar la extremada curiosidad de los niños contiene el siguiente diálogo madre e hijo: “¿Quieres que te cuente el cuento de la buena pipita? -Sí. -Yo no digo que digas sí, sino que si quieres que te cuente..., etc. -No. -Yo no digo que digas no, sino que si quieres..., etc.”. Y a continuación menciona otros semejantes en Italia, colectados por el garibaldista Giussepe Pitré (+ 1841), e incluidos en sus Canti Popolari Siciliani, Pedone Lauriel, Palermo, 1870-1871, 2 vols., al vol. II, p. 32; así, por ejemplo, en el lago de Como (“Gli era ôna vôlta ôn om/ Ch’ el stava appôr al dom/Cônt ônt schioppett in spala: /Ho de cüntála?”), y en el Veneto (“La storia de sior Intento,/Che dura multo tempo,/Che mai no se destriga:/Vole’ che ve la diga?”).
Al hilo de lo anterior yo voy a permitirme sugerir otra interpretación. Prefiero entender que El cuento de la buena pipa es, en realidad, una fabula de fumadores que sirve de ilustración a la pedagogía narrativa: “El cuento de la buena pipa” narra acerca del aceduado ritmo del que hay que dotar al relato oral, aludiendo para ello a la gestualidad de los fumadores de pipa. La enseñanza es que el cuento se ha de contar con parsimonia semejante a la del lento ceremonial en el que un fumador de pipa prepara su fumada. Introducir en la cazoleta de la pipa la carga de hebras de tabaco, en pequeña proporción, con tres aportes sucesivos, y utilizando el atacador para prensar, y en adelante someter la primera de ellas a una presión ligera, de fuerza similar a la que ejerciera el dedo de un niño, de un abuelo para la segunda, de un hombre en la última. Seguidamente se enciende el fósforo de madera que produce la ignición, y en la aspiración inicial, muy pausada, da comienzo la combustión del nivel de tabaco que fue puesto más arriba, trasladándose al que está debajo y llegando al que quedó en el fondo. Sucede entonces la delectación de la fumada, con los ojos entrecerrados, y poco más tarde el ligero y moroso abandono de la pipa entre los dedos… Todo ese pautado ritmo y el precioso cuidado con el que el proceso se desevuelve me recuerda al narrador que administra la respiración del relato mientras va consumiendo la anécdota y contando la historia… Unas pocas hebras de tabaco, creciente intensidad de la fumada, profundización en la historia que se cuenta, momentánea deriva y vuelta retomar el hilo del relato cuando éste ya parece estar casi apagado…
Un texto de Walter Benjamín (1892-1940) completa esta intuición: “Pensé en la pipa del capitán, aquella pipa que vaciaba golpeándola cada vez que empezaba una historia y volvía a sacudir cuando callaba, pero que entretanto dejaba que se consumiera apaciblemente. Tenía la embocadura de ámbar, pero su cabeza era de cuerno engastado en plata. Había pertenecido a su abuelo y creo que era el talismán del narrador. Hoy en día estas cosas ya no existen, porque todos esos chismes no duran ahora lo que debieran. Quien usa un cinturón de piel hasta que termina cayéndose a pedazos, siempre encontrará que con el correr del tiempo alguna historia ha quedado prendida en él. La pipa del capitán debía conocer muchas.” Walter Benjamin, “El pañuelo”, en Historias y relatos, trad. de G. Hernández Ortega, Península, Barcelona, 1997, pp. 43-44.
José Calvo González
( Las imágenes corresponden a "Chico con pipa" [Picasso 1905], y al dibujo que Vincent van Gohg tituló como "Head of Fisherman with a Son´wester")

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