Sunday, May 07, 2006

"Descerrar". Sobre la idea de "Nueva Hispanidad emergente".

Hace tiempo que escribí sobre algo que guarda relación con las últimas entradas. Fue un artículo de prensa, aparecido en la sección “Tribuna” del diario Málaga Hoy en edición de 11/10/2004. Lo titulé “12-O: Nueva Hispanidad emergente”. Decía entonces:
“Según parece, la celebración que el calendario reserva al Día de la Hispanidad da oportunidad para que la ingeniería del ocio erija otro año más un enorme puente vacacional. Sin embargo, el disfrute de esta fiesta no debería distraernos del sentido de la conmemoración, ni su posible actualidad más deseable. Atrás, definitivamente, el resabio imperialista de otro tiempo, y los estirados desfiles y la seriedad de las solemnidades que lo exaltaban, de tanta semejanza muchas veces a las exequias de un cadáver histórico, verdaderamente rígido, hoy la voluntad de honrar la idea de la Hispanidad ha de proponerse en una dimensión y un entusiasmo bien diferente.
Si no estoy en un error, la recordación en este día trae memoria de la España que tuvo el arresto de entregarse con brío a la apertura al mundo, cuando lo conocido de éste mostraba extraordinaria pequeñez y mezquindad. Fue un enérgico abrirse al mundo, donde consumió fuerzas de enteras generaciones. A su presencia y al balance de esa empresa secular, con capítulos no todos acertados y en episodios a veces del todo errados, el mundo se descerró.
Hoy, no obstante, el mundo se ha llenado de cerrojos, de accesos cada día más difíciles de franquear. Los signos de clausura son inconfundibles y alarmantes. Y en él, también España los muestra y los produce. Se me objetará aduciendo que son muy diversas las formas en que igualmente ahora nos hacemos presentes en el mundo. No negaré ninguna, pero en la mayoría de ellas está poco clara, cuando no ausente, la voluntad por recoger y aprovechar la autenticidad del antecedente. Y es que nosotros deberíamos ser los primeros, por pura coherencia, en incorporar e integrar la tradicional idea de Hispanidad en una nueva Hispanidad, y favorecerla antes que en cualquier otra parte, en la parcela misma del espacio mundial que directamente habitamos: el propio territorio.
Los regueros de inmigración que de todo el planeta confluyen en nuestro suelo actúan hoy ampliando y refundando el valor de la Hispanidad. Así, la Hispanidad del futuro se está ya configurando entre nosotros, sin todavía comprender ni el verdadero alcance del fenómeno, ni tampoco su profundo significado. Porque no es sólo que el “viejo solar de la Madre Patria” reciba y acoja, como en un efecto bumerán, de ida y vuelta, la diáspora hispanoamericana. Es mucho más que eso. Tomar conciencia de la nueva Hispanidad emergente es borrar las lindes entre razas y naciones, superar la banal miniatura de una globalización meramente económica y sobreponerse a los miserables temores de una identidad amenazada, esa torva sospecha que tanto tensiona nuestras ciudades contemporáneas.
De ese modo, la Hispanidad del siglo XXI volvería a ser el renovado afán y el ejercicio de abrir el mundo que se cierra, abriendo la anchura del mundo en nosotros mismos. El mérito de la tradición, su fulgor, está en la capacidad de sobrevenir el futuro. De lo contrario, cualquier herencia recibida acaba siendo sólo una secuencia sin continuidad, una melancolía, y más pronto que tarde muere, como muere un animal cansado y ciego. Para actualizar el espíritu universalista de la Hispanidad tradicional desde esa emergente Hispanidad se hará necesario mucho respeto cultural, abundantes dosis de tolerancia cívica y fraternidad social sincera. Sólo sobre ellas descansará, firme, la base de la Hispanidad cosmopolítica. En ello puede estar y consistir nuestro aporte fundamental a la construcción de un porvenir más abierto en lo nacional, en lo europeo y a escala mundial. Ese es el Nuevo Mundo de convivencia -los múltiples mundos que están en el nuestro- que aún permanece apenas explorado.
La nueva Hispanidad emergente puede suministrar una positiva y fértil respuesta de integración en la diversidad a las transformaciones sociológicas planteadas de presente por los procesos de cambio, y asimismo a la aparición de conflictos derivados de la incorporación de diferentes colectivos de población y costumbres heterogéneas. No implicará una renuncia a la entraña histórica del hispanismo, sino la dinamización de su imagen y estilo a través de la inserción de los entornos humanos e idiosincrasias que a diario, efectivamente, lo está vitalizando y enriqueciendo. Es pertinente, además de justo, insistir sobre esta dimensión. El ambicioso proyecto de la Hispanidad cuyo generoso empeño el 12-O recuerda y festeja merece, como ofrenda de mejor homenaje, renovar el compromiso de actitudes y sensibilidades que en otro tiempo buscó hacer del Mundo un lugar más abierto. Diseñar y contribuir a desplegar el ensanche del actual representa hoy la tarea crucial y más valiosa en la deseable trayectoria de la Hispanidad del siglo XXI. José Calvo González”.

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