Sunday, May 21, 2006

Bajo la quilla del cayuco, tal vez. Refugee Blues


Refugee Blues

Dicen que esta ciudad llegó a los diez millones
unos en agujeros y otros en mansiones;
pero no tiene sitio, mi amor, para nosotros.

Tuvimos una patria que creíamos bella:
todavía en el atlas te encontrarás con ella,
pero ir no podemos, mi amor, ya no podemos.

Allá en el cementerio del pueblo sigue el tejo
dando flor cada año aunque sea muy viejo.
No hacen igual, mi amor, los viejos
pasaportes.

El cónsul golpeó la mesa de repente:
“Sin pasaporte, están muertos civilmente”.
Pero estamos aún vivos, mi amor, estamos vivos.

Los de aquel comité me atendieron corteses
y me dijeron: vuelva dentro de doce meses.
¿Pero hoy dónde iremos, mi amor,
hoy dónde iremos?.

En el mitin oí al orador gritar:
“Nos quietarán el pan si consiguen entrar”;
hablaba de nosotros, mi amor, sí,
de nosotros.

Me pareció que el cielo retumbaba muy fuerte;
era, en Europa, Hitler pidiendo nuestra muerte;
nos tenía en la cabeza, mi amor, en la cabeza.

Vi un caniche con ropa que un broche sujetaba,
vi una puerta entreabierta por la que un gato entraba;
pero no eran, mi amor, judíos alemanes.

Bajé al puerto, en el muelle me puse a contemplar
que nadaban los peces en libertad,
solamente a tres metros, mi amor, sólo a tres metros.

Vi, en el bosque, a los pájaros posados en las ramas;
no tenían políticos y a sus anchas cantaban:
no eran la humanidad, mi amor,
la humanidad.

He soñado con casas que tenían mil pisos:
mil ventanas, mil puertas tenía un edificio.
pero ninguna nuestra, mi amor, ninguna nuestra.

Bajo la nieve estaba de pie yo en un gran llano
que miles de soldados andaban rastreando:
iban a por nosotros, mi amor, a por nosotros.

W.H. Auden, Otro tiempo (1940), ver. de A. García, Pre-Texctos, Valencia, 2002, pp. 195-197

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