Friday, December 29, 2006

Que aunque neglo, gente somo, por José Calvo González


El año 1984 y con el título de Gozos para la Navidad de Vicente Núñez publicó Pablo García Baena en el sello editorial Hiperión diez “juguetes navideños”, evocativos de las composiciones cantadas en las iglesias durante los octavarios del Niño recién nacido. De entre ellos, uno, “Espiritual negro”, recreaba el género del villancico de guineos, de tanta popularidad en nuestra Península y los territorios americanos de la Corona española durante el s. XVII. Entre sus estrofas se lee: “Negra, vente pa Belena./ ¿Pues qué pasa, Magalena?/ Pasa el carnaval de Río,/ samba y frío;/ pasa el rey don Baltasara,/ chirimía y algazara/ con nuestros primos del Congo, / mambo y bongo,/ asándar de Tombutú”. En la nostalgia infantil del poeta cordobés “oscura era la Virgen Pura/ y el Niño de Cañadú,/ miel morena”. No vendré a rectificar sus añoranzas. Pero otro poeta cordobés, el primero de todos, Góngora, retrató en dos de sus letrillas sagradas, Mañana sa Corpus Christa (1609) y ¡Oh, que vimo, Mangalena! (1615), compuestas ambas para la Fiesta del Santísimo Sacramento, una vivencia menos dulcificada (Letrillas, ed. Robert Jammes, Ediciones Hispano-americanas, Paris, 1963).
Hoy el olor de la esclavitud negra en España y sus colonias parece desvanecido. Tal vez el tiempo sea ciertamente una forma de reparación, y ha trascurrido mucho desde los días en que D. Luis las escribió. Pero el tiempo es también, casi siempre, demasiado impuntual; le es propio el retardo, que viene a ser un a modo de recordatorio para expiaciones imperfectas. Ahora las calles de numerosas ciudades están en prórroga. Porque, como en los siglos de esclavitud, abundan figurantes y extras africanos en el casting de reyes Baltasares y su séquito de pajes. Y así, creo, no empacha hacer algo de memoria.
Los letristas y músicos españoles y novohispanos del Renacimiento y del Barroco, animados por la Iglesia, crearon un amplísimo repertorio de “villancicos de negros”, en una Navidad exigentemente blanca; o lo que es igual, prejuiciosa, discriminatoria y marginadora. Muy pocos asumieron una respuesta de respeto tendente a incluirles desde la igualdad diferenciada: uno fue Góngora sin duda, y en América, principalmente la mejicana Sor Juana Inés de la Cruz, religiosa carmelita, dramaturga y poetisa. La mayoría ignoraba lo que en la actualidad llamamos “lenguaje políticamente correcto”. En aquel entonces la “corrección política” aún no estaba inventada; es decir, lo impuesto en esa tendencia ocupada en poco más que malabares lingüísticos no era moda todavía. Es por eso que el mérito de sus excepciones resulta enorme, pues, en efecto, afrontaron el fondo de desigualdad e intolerancia que existía hacia la raza negra, incluso al margen y por encima de su condición de esclavos, planteando una reorganización e inversión profundas. Los versos gongorinos aprovechan y transcriben a romance dos fragmentos del Cantar de los Cantares del Rey Salomón (I. 5 y 6) donde la sulamita dice: “Nigra sum, sed pulchra […]“, “Nigra sum, sed formosa, filiae Jerusalem, ideo delexit me rex” (“Soy morena, pero hermosa”, y “Aunque negra, soy hermosa, oh hijas de Jerusalén, después que el Sol me miró”). En su villancico de negro fechado a 1604 declara: “que aunque samo negra,/ sá hermosa tú”. A su eco, la monja poetisa (Obras completas, t. 2, Villancicos y letras sacras, FCE, México, 1976) en el Villancico VIII de los que se cantaron en la S.I. Metropolitana de Méjico para la Purísima Concepción de 1676, y también en el VIII por la Asunción de ese mismo año, dirá: “Aunque Neglo, blanco somo”, y “So molena/ con las Soles que mirá”. Ninguno sin embargo tan asertivo como el cantado en los Maitines del Gloriosísimo Padre San Pedro Nolasco el día 31 de enero de 1677: “que aunque neglo, gente somo”.
A la base de ellos está la inequívoca voluntad de poner voz a los sin voz; voceo a la callada demanda de las minorías en la pretensión de universalidad de los derechos. Ideológicamente el villancico se convierte allí en consciente instrumento de disconformidad frente a la discriminación racial, lo que supone en oído musical, asimismo, su resemantización en términos cercanos a la canción protesta.
Con todo, no corrió igual suerte otro grupo humano al que la lírica popular del villancico continuó tratando desde el prejuicio y la marginación, también durante el s. XVIII. Es el grupo de “los otros” que entre nosotros (es decir, los no-otros) fue siempre la etnia gitana. Los gitanos han sido nuestros negros, nuestros moriscos, nuestros particulares judíos. Y así, en definitiva, gitanos representaron entre nosotros, por extensión, a toda clase de marginales. Nunca obtuvieron aceptación ni merecieron tolerancia. Una tropa de gitanos ante el Portal de Belén “al Niño desnudo/ que encuentran, sin vestirse ni un pañal,/ el alma le roban,/ que otra cosa no hallan, que robar” (villancico de Lucena, 1694). Algún villancico hubo incluso que, no obstante hacer favor y defensa a la causa de su Libertad, mantuvo intacto el reparo de marginalidad social deducida de su irreductible condición delincuente, porque, sometidos o libres, siempre los gitanos, actúan “robando, a fuer de Gitanos, /la clemencia del Señor” (Zaragoza, 1727).
De cuando en cuando, el deleite de la excelencia musical del género villancesco de los s. XVII y XVIII, interpretado en catedrales y capillas de España y la América colonial, deja entreoír intencionados mensajes de racismo, intolerancia y exclusión. De cuando en cuando la tradición nos aborda con la infame memoria de esa “otra” Navidad. De cuando en cuando, el pasado es continuo y el presente sucesivo.

Sunday, December 24, 2006

Marranos, terneras y la democracia estadounidense, por Peter Singer


En medio de todos los titulares que hablaban de que los demócratas habían obtenido el control del Congreso de los Estados Unidos, un resultado electoral importante paso casi inadvertido. Aunque subrayó los defectos del sistema político estadounidense, me devolvió la fe en la compasión de los estadounidenses comunes y corrientes.
En Arizona, los ciudadanos pueden someter un proyecto de ley al voto popular directo si reúnen un número suficiente de firmas. Este año, uno de los asuntos que figuraban en la boleta era una ley para prohibir que se atara o confinara a una marrana preñada o a una ternera criada para carne de manera que le impidiera al animal darse vuelta libremente, echarse y extender por completo sus extremidades.
Los que saben poco sobre la cría industrial moderna pueden preguntarse por qué sería necesaria esa legislación. Bajo los métodos de cría que eran universales hace 50 años y que siguen siendo comunes en algunos países actualmente, todos los animales tienen espacio para darse vuelta y estirar sus extremidades.
Sin embargo, hoy en día alrededor del 90% de las marranas de cría –las madres de los cerdos que se crían y matan para obtener carne, tocino y jamón—pasan la mayor parte de sus vidas encerradas en jaulas que miden aproximadamente 60 cms. por 2.2 metros. No pueden darse vuelta, echarse con sus patas extendidas por completo o dar más de un paso hacia delante o hacia atrás. A otras marranas se les mantiene atadas con cuerdas cortas que también les impiden darse vuelta.
A las terneras se les encierra de manera similar durante toda su vida en establos que no les permiten darse vuelta, echarse o estirar sus extremidades. Estos métodos son esencialmente recursos para ahorrar trabajo –facilitan el manejo de los animales y permiten a las granjas que tienen miles o decenas de miles de animales contratar un número reducido de trabajadores menos calificados. También impiden que los animales desperdicien energía moviéndose y peleando.
Hace varios años, tras las protestas de las organizaciones de protección de los animales, la Unión Europea encargó a su Comité Científico Veterinario un informe sobre estos métodos. El Comité constató que los animales sufren al no poderse mover con libertad y al no tener absolutamente nada que hacer en todo el día. Por supuesto, el sentido común habría llevado a la misma conclusión.
A raíz del informe, la UE fijó fechas después de las cuales quedaría prohibido confinar así a esos animales. En el caso de las terneras, la fecha, 1 de enero de 2007, ya casi ha llegado. Los establos individuales para marranas, que ya son ilegales en el Reino Unido y Suecia, quedarán prohibidos en toda la UE a partir de 2013. También se están adoptando gradualmente medidas para mejorar el bienestar de las gallinas ponedoras, a las que generalmente se mantiene apretujadas en jaulas de alambre sin espacio para extender sus alas.
En los Estados Unidos no se prevé ninguna medida nacional de ese tipo. Antes, cuando mis amigos europeos me preguntaban por qué los Estados Unidos están tan retrasados con respecto a Europa en materia de bienestar de los animales, yo no tenía una respuesta. Si me presionaban, tenía que admitir que la explicación podría ser que los estadounidenses se preocupan menos por los animales que los europeos.
Entonces, en 2002 los defensores del bienestar de los animales incluyeron en las boletas electorales de Florida una propuesta para prohibir los establos para las marranas. Para sorpresa de muchos, obtuvo la aprobación del 55% de los votantes. El mes pasado en Arizona, a pesar de una oposición bien financiada del sector agroindustrial, la prohibición de las jaulas pequeñas para marranas y terneras también fue aprobada con un apoyo del 62%.
Ni Florida ni Arizona son estados particularmente progresistas –ambos votaron por George W. Bush y no por John Kerry en 2004. Por eso los resultados indican firmemente que si a todos los estadounidenses se les diera la oportunidad de votar sobre el encierro de marranas preñadas y terneras en lugares tan pequeños, la mayoría votaría en contra. Parece que a los estadounidenses el bienestar de los animales les importa tanto como a los europeos.
Por eso, para explicar la diferencia entre Europa y los Estados Unidos en materia de bienestar de los animales, debemos fijarnos en los sistemas políticos. En Europa, las preocupaciones de los electores sobre el bienestar de los animales han podido influir sobre los miembros de los parlamentos nacionales y los miembros del Parlamento Europeo, lo que ha dado como resultado legislaciones nacionales y directrices de la UE que responden a esas preocupaciones.
En contraste, en los Estados Unidos las preocupaciones similares no han tenido un efecto observable sobre los miembros del Congreso. No hay ninguna legislación federal sobre el bienestar de los animales de granja –y muy pocas legislaciones estatales. Eso, yo creo, se debe a que el sector agroindustrial da decenas de millones de dólares a los representantes del Congreso que buscan reelegirse. El movimiento por el bienestar de los animales, a pesar del amplio apoyo popular, no ha podido competir en la esfera del cabildeo político y las donaciones a las campañas.
En la política estadounidense el dinero cuenta más que la opinión de los electores. La disciplina partidista es débil y los representantes deben reunir ellos mismos la mayoría de los fondos que necesitan para su reelección, y eso sucede cada dos años en el caso de los miembros de la Cámara de Representantes. En Europa, donde la disciplina partidista es rígida y los partidos, no los candidatos, son quienes financian las campañas, el dinero juega un papel menor. En los Estados Unidos, una nación que se enorgullece de sus tradiciones democráticas, no sólo salen perdiendo las marranas y las terneras.
(Trad. de Kena Nequiz)
Peter Singer es profesor de bioética en la Universidad de Princeton y su obra más reciente, escrita junto con Jim Mason, es The Way We Eat: Why Our Food Choices Matter.
Copyright: Project Syndicate, 2006. www.project-syndicate.org

Robert Walser, la locura del escritor invisible, por Toni Montesinos

El autor suizo apareció muerto sobre la nieve en el jardín del manicomio de Herisau el día de Navidad de 1956.
La biografía del suizo Robert Walser (1878-1956) es uno de esos casos en los que la vida y la obra se mezclan con una personalidad particular -desequilibrada, romántica y tierna- y un destino tan extraño como atractivo. Walser quiso pasar inadvertido por la existencia, ocupando puestos secundarios, trabajos ignominiosos en los que, sobre todo, desarrollar su capacidad de observación. Escribió mucho, quince libros, y su éxito fue extraordinario en los años en que ofreció sus narraciones, sólo en el periodo 1904-1925. Luego, vendría el silencio, el ingreso en el manicomio de Herisau, y una muerte bella y rara, de repente sobre la nieve, un día de Navidad. Para quien aún no conozca la trayectoria de Walser -gracias a la editorial Siruela, sus obras se han ido abriendo hueco en los últimos años, obteniendo un enorme interés- es el escritor que más se parece a Kafka, tal vez también a Pessoa. O éstos son los hijos naturales de una actitud frente a la vida muy especial: la de negarse, enclaustrarse, parapetarse tras un empleo mediocre para, en la soledad de los propios pensamientos, ir escribiendo ajenos a los designios del mundo. Microgramas En su adolescencia, Walser trabajó de botones; después se trasladaría a Berlín, donde viviría entre 1905 y 1913 y asistiría a un curso para aprender a servir en casas aristócratas -fue sirviente seis meses en un castillo de la Alta Silesia-; luego, en Zúrich, sería criado de una rica mujer judía. Le esperaban una librería, un archivo, un banco, una compañía de seguros... Una vida gris, pero también una literatura excelsa. Así lo vio, en su momento, Kafka, entusiasmado por la novela «Los hermanos Tanner» (1907), o Hermann Hesse, que quedó fascinado tras leer «Los cuadernos de Fritz Kocher» (1904). Décadas después, autores tan relevantes para las letras germanas como Robert Musil y Walter Benjamin valoraron la obra de Walser, al que recuperaron del olvido que había provocado el silencio de sus últimos años. De hecho, deja de escribir en 1925 tras el relato «El bandido» -la historia de un hombre enamorado de una camarera que el autor, al parecer, no pensaba publicar-, aunque durante los dos años siguientes continúe redactando pequeñas piezas que, precisamente ahora, han sido rescatadas con el título «Escrito a lápiz. Microgramas» (Siruela), en dos volúmenes, y después de una tarea infinita. Esta labor consistía en descifrar la letra microscópica de Walser, una tarea que los editores tardaron quince años en realizar pero que ha dado frutos formidables: gran cantidad de escritos narrativos, poéticos y teatrales. En ese periodo, pues, Walser se aleja de la escritura mientras va padeciendo sus primeras crisis depresivas. Su afición ahora es caminar por Berna y Ginebra, a veces toda la noche, de ciudad en ciudad. Intenta torpemente suicidarse, y al fin su hermana Lisa pone cartas en el asunto: lo ingresa en el hospicio de Waldau en 1929, a los cincuenta y un años. Después, lo trasladarán al asilo de Herisau, donde permanecerá hasta que le sorprenda la muerte en pleno paseo. Walser no escribe nada allí, incluso se siente bien, fuera del mundo, pasando desapercibido de forma absoluta. Así lo encuentra una especie de mecenas deseoso de recuperar sus obras, Carl Seelig, que empieza a visitarlo en 1933. Las conversaciones, las caminatas que emprenden juntos, llevarán a Seelig a escribir «Paseos con Robert Walser», un documento precioso de la vida del autor. El editor Jesús García Sánchez escribió en 1984: «Walser habla de cosas a veces inmencionables. En ocasiones ni siquiera lo hace de modo directo, basta con aludir a ellas. Para describir en “Jakob von Gunten” a Sacht, uno de sus compañeros en el siniestro Instituto Benjamenta, centro donde se forman los criados, dice: “Tiene un rostro blanquísimo y unas manos largas y delgadas, que expresan un sufrimiento espiritual sin nombre”». Walser se identificaba con Hölderlin, el poeta alemán que también pasó una larga temporada en un manicomio. En un sitio así uno podía consagrarse a las pequeñas cosas, a deambular, a soñar, a cumplir a rajatabla con una vida alejada de las reglas sociales, los empleos y las obligaciones. Dice Seelig que Walser estaba «pálido como una muchacha un poco anémica» cuando fue encontrado en la nieve, en Navidad, hace cincuenta años.
Publicado en el diario LA RAZÓN (Madrid), 24.XII.2006.

Friday, December 22, 2006

Las «Misiones pedagógicas»

Una muestra revive las «Misiones pedagógicas»El Conde Duque homenajea el proyecto que nació de la Institución Libre de Enseñanza, por Juan Carlos Rodríguez-
Madrid- Una misión pedagógica para las «Misiones pedagógicas». Esta redundancia define con precisión la exposición que en el Centro Cultural Conde-Duque homenajea y «quiere dar a conocer a un público más amplio» las que fue «una de las experiencias más innovadoras de nuestra reciente historia», según Eugenio Otero, profesor de Historia de la Educación de la Universidad de Santiago y comisario de la muestra. Entre 1931 y 1936, las «Misiones pedagógicas» llevaron a la España más rural el «aliento del progreso y los medios para participar en él», como lo definió en 1931 su promotor, Manuel Bartolomé Cossío, el principal colaborador de Francisco Giner de los Ríos, quien había concebido paralelamente a la Institución Libre de Enseñanza la creación de «misiones ambulantes». Aquel «aliento de progreso» que llegó a 7.000 pueblos en 196 circuitos no eran más (ni menos) que libros -600.000, entre 5.522 bibliotecas-, teatro, cine, guiñol, música y pintura. Dentro de este último apartado, destacan algunos de los cuadros que constituyeron el Museo del Pueblo, proyecto itinerante en donde Luis Cernuda, por ejemplo, explicaba obras del del Prado a través de copias firmadas, entre otros, por Ramón Gaya. En la muestra se pueden ver «La infanta Doña Margarita de Austria», de Velázquez; «Retrato del príncipe Carlos», de Sánchez Coello; «Fusilamientos del 3 de mayo», de Goya, y «El sueño de Jacob», de Ribera. Juan Ramón, María Zambrano La exposición, organizada por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales -que homenajea su 75 aniversario- en colaboración con la Fundación Francisco Giner de los Ríos, la Residencia de Estudiantes y el Ayuntamiento de Madrid reconstruye la memoria de los «marineros del entusiasmo», que fue como Juan Ramón Jiménez llamó a los «misioneros», entre ellos a María Zambrano. «Fueron a enseñar pero se encontraron una España rural inédita, que vivía de espalda a la República, y de la que aprendieron mucho», dijo Otero.
Publucado en LA RAZÓN (Madrid), 22. XII.2006

Tuesday, November 28, 2006

Contra la tortura


Manifiesto contra las torturas
Un grupo de intelectuales apoya un texto contra una ley estadounidense que “justifica y propicia la práctica de la tortura”
ELPAIS.com - Madrid - 28/11/2006
Un grupo de reconocidos intelectuales y académicos, como Gabriel García Márquez, José Saramago, Juan Goytisolo o Álvaro Mutis, han apoyado un Manifiesto de rechazo a la ley estadounidense Military Commissions Act of 2006 porque “justifica y propicia la práctica de la tortura”.
El Manifiesto, que apela al respeto de la dignidad humana y a su integridad física y espiritual, está incluido en el libro Contra la tortura, que incluye también cinco ensayos en los que se plantean cuestiones sobre las consecuencias para todo el mundo, y en especial para América Latina, de la ley estadounidense. Una de las preguntas planteada es si hay diferencia entre los actos de tortura del pasado y los métodos utilizados por soldados estadounidenses en la prisión iraquí de Abú Ghraib.
La elaboración del texto, que se presenta en la Feria del Libro de Guadalajara (México) corresponde a Pilar Calveiro (Politóloga, México, D.F.) ,Carlos Castresana (Fiscal, Madrid), Rita Laura Segato (Antropóloga, Brasilia), Margarita Serje (Antropóloga, Bogota) y Eduardo Subirats (Escritor, Princeton).
Entre los intelectuales que han apoyado este manifiesto se encuentran Gabriel García Márquez (Premio Nobel de Literatura 1982, Aracataca), Adolfo Pérez Esquivel (Premio Nobel de la Paz 1980, Buenos Aires), José Saramago (Premio Nobel de Literatuara 1998, Lisboa), Juan Goytisolo (Escritor, Marrakech) y Carlos Monsiváis (Escritor, México).
Imagen: Prisionero, de Francisco de Goya 1806. Musée Bonnat. Bayone (France)

Saturday, November 18, 2006

¿El fin del secularismo?, por Ralf Dahrendorf




Cuando se celebraba el fin de la ideología –primero en los años 50 y luego, más enfáticamente aún, en los años 90-, nadie previó que la religión, el flagelo de la política en la primera mitad del siglo XX, volvería a desempeñar ese rol con venganza. Daniel Bell y Raymond Aron escribieron sobre el fin de la ideología fascista y comunista con la esperanza de que entraríamos en una era de pragmatismo en la que la política sería objeto de discusión y debate, no de creencia y de opiniones absolutas. Había llegado a prevalecer el enfoque que tenía Karl Popper de la política, en el que primaba la razón y el discurso crítico. Y, después de la caída del comunismo, cuando el fin de la historia parecía cercano, se pensó que la política ideológica había desaparecido para siempre.
Sin embargo, la historia no termina y siempre está llena de sorpresas. El fin de la historia de Francis Fukuyama y El choque de civilizaciones de Samuel Huntington aparecieron apenas con tres años de diferencia en los años 90 y una década más tarde el retorno de la religión a la política es visible para que todos lo veamos –y muchos lo padezcan.
Esos libros no son meramente un discurso académico, sino que reflejan los acontecimientos reales. Para cuando las falsas religiones de las ideologías totalitarias habían sido derrotadas, las religiones reales –así parecía- se habían alejado de la escena política. En algunos países, la lealtad formal a la fe religiosa estaba simbolizada en gestos y ritos. Sin embargo, nadie le daba demasiada importancia a que los presidentes norteamericanos de diferentes credos prestaran juramento ante Dios y el país. En Westminster, cada sesión parlamentaria comienza con oraciones cristianas presididas por personas que pueden ser cristianas o judías o no creyentes. No todas las democracias fueron tan estrictas como Francia en su secularismo formal, pero todas eran seculares: la ley es fruto del pueblo soberano y no de algún ser o entidad sobrehumanos.
Sin embargo, de pronto este compromiso secular ya no es tan claro. Los fundamentalistas religiosos sostienen que la ley debe basarse en la creencia en un ser supremo, o incluso en la revelación. El fundamentalismo cristiano en Estados Unidos ha llegado a dominar segmentos importantes del Partido Republicano. En Europa, el Vaticano hizo lobby para que se reconociera a Dios en el preámbulo del propuesto Tratado Constitucional Europeo. Israel, desde hace mucho tiempo, evita que se redacte una constitución, porque sus ciudadanos seculares temen que los judíos ortodoxos quieran imponerles sus valores.
De la misma manera, la sharia, la ley islámica, ingresó a la vida política en su versión menos iluminada en democracias jóvenes como Nigeria, para no mencionar a Irán. El fundamentalismo islámico –Islamismo– se expandió en todos los países en los que hay cantidades significativas de musulmanes.
¿Por qué la religión regresó a la política secular y democrática?
La razón principal tal vez sea que los países iluminados del mundo dejaron de estar seguros sobre sus valores, incluso del Iluminismo mismo. Se expandió un relativismo moral que lleva a muchos a aceptar los tabúes de todos los grupos religiosos en nombre de la tolerancia y el multiculturalismo. No se publican las caricaturas de Mahoma y no se monta la ópera Idomeneo de Mozart para no ofender las sensibilidades religiosas; y cuando, finalmente, se produce la publicación y la puesta en escena, se vuelven una demostración casi destinada a ofender. Uno puede entender que los creyentes iluminados en el Islam (de los cuales hay muchos) encuentren perturbador que el mundo en el que quieren vivir, en realidad, sea frágil y vulnerable.
El retorno de la religión a la política –y a la vida pública en general- es un desafío importante para el régimen de la ley implementada democráticamente y las libertades civiles que la acompañan. La respuesta de parte de las comunidades iluminadas, por ende, es importante. Tal vez esté bien que el uso de símbolos religiosos se haya vuelto objeto de debate público, aunque creo que usar pañuelos en la cabeza y hasta velos forma parte de la libertad individual tanto como usar los casquetes judíos y las cruces cristianas.
Sin embargo, hay cuestiones mucho más trascendentes –sobre todo, la libertad de expresión, incluso la libertad de decir y escribir cosas que fastidian, y hasta perturban, a muchos–. Por el bien del discurso iluminado, los límites del libre discurso deberían ser lo más amplios posibles. En el mundo libre, a la gente no se la obliga a leer un diario o a escuchar un discurso que no le gusta, y se puede oponer sin temor a lo que dicen quienes ejercen posiciones de autoridad.
El contra-Iluminismo tan de moda hoy se puede ir fácilmente de las manos. Quienes están comprometidos con la libertad deben aprender a valorarla y defenderla ahora, no sea cosa que algún día tengan que pelear para recuperarla.
Project Syndicate/Institute for Human Sciences, 2006
(Trad. de Claudia Martínez)

Thursday, November 16, 2006

Un día para filosofar, por Koichiro Matsuura

Hoy, 16 de noviembre del 2006, la Unesco celebra una vez más junto a la comunidad internacional el Día Mundial de la Filosofía. ¿Con qué objeto? Para fomentar y promover, en un espíritu de diálogo e intercambio, un amplio debate de ideas sobre cómo ha evolucionado, cómo ha circulado y cómo se ha compartido el saber contemporáneo.
Hoy día sabemos hasta qué punto el funcionamiento diferenciado de las sociedades y las culturas aboga en favor de la escritura de una historia ya no lineal sino más abierta a la pluralidad de las memorias, las prácticas y las representaciones. Se trata de un programa político y de investigación de primordial importancia, que instaura el hecho de la diversidad como base de nuestra comprensión del funcionamiento de las sociedades.
La filosofía, junto a las demás ciencias humanas y sociales, desempeña una función esencial para ayudarnos a comprender de modo más satisfactorio la complejidad de nuestro mundo, conjunto activo y disimétrico de interacciones, transferencias e intercambios. Puede cumplir esa función interrogando de manera lúcida y exigente nuestras construcciones sociales de la realidad, nuestros mundos imaginarios, nuestros mitos y nuestros símbolos. Puede hacerlo también explicando los dispositivos y mecanismos de racionalidad que dan origen a las guerras, los conflictos y los sufrimientos, sin reducirlos a fatalidades.
De hecho, hoy día es responsabilidad nuestra, sobre todo a la hora de los debates renovados sobre la coexistencia de las culturas y las civilizaciones, dotarnos de los medios de pensar conjuntamente la identidad y la diferencia, máxime si queremos construir memorias compartidas y futuros comunes.
Juntos y distintos, debemos en efecto esclarecer nuestra capacidad de conjugar mundos imaginarios colectivos con recorridos singulares, y contribuir al surgimiento de comunidades de historia y de memoria libremente consentidas, abiertas a las relaciones interculturales y el respeto del otro.
Este día debe celebrarse bajo el signo del diálogo y el encuentro, y servir así para establecer o restablecer entre comunidades y naciones vínculos filosóficos e intelectuales a veces rotos, otras veces olvidados. Se trata de un reto al que la filosofía y las ciencias humanas han respondido ya en numerosas ocasiones durante la historia, y que es necesario afrontar de nuevo.
Este año en Marruecos, que acoge generosamente un gran número de actos y debates, así como en la totalidad de los países participantes en la celebración del Día Mundial de la Filosofía, tengo la certeza de que los filósofos acudirán una vez más a la cita, para evidenciar esas perspectivas de reflexión y de acción que tanto necesitamos hoy día.
Koichiro Matsuura es Director General de la Unesco
(Publicado en el diario La Prensa (Managua. Nicaragua), 16 de noviembre de 2006).

Tuesday, November 14, 2006

No son ripios. Derecho y Literatura.

Don Luis de Gongora y Argote (1561-1627)


Luis de Góngora y Argote (1662), atribuido a Diego Rodríguez de Silva y Velázquez.
Museo Nacional del Prado. Madrid


CONTRA LOS ABOGADOS (1624)

Oh, tú de los bachilleres,
que siempre en balde has leído
y más pleitos has perdido
que una muchacha alfileres:
médico en derechos eres,
pues no has tomado a proceso
pulso, que en el buen suceso
hayan tu ciencia ostentado
la cera del demandado
o las cadenas del preso.


CONTRA LOS MISMOS (1624)

¡Oh Jurisprudencia! ¡Cuál
por esos lodos has visto
con caperucilla un mixto
de médico y colegial!
Peticiones a real
hace de su misma mano,
y cual si fuera Ulpïano
informaciones a tres,
y aun con esto dicen que es
carísimo en Cristo hermano.

En Luis de Gongora y Argote, Letrillas, ed. Robert Jammes, Ediciones Hispano-Americanas, Paris, 1963.

Monday, November 13, 2006

Cultura judicial. Memoria de Nuremberg

Los juicios de Nuremberg, en el banquillo 60 años después. El Círculo de Bellas Artes reconstruye el célebre proceso con el archivo del juez Kaplan, por Javier Ors.

Seis meses después de que Alemania firmara, el 8 de mayo de 1945, su capitulación incondicional, comenzó en Nuremberg el primer proceso contra el nazismo. Un Tribunal Militar Internacional, encabezado por EEUU, Reino Unido, Francia y la Unión Soviética, y compuesto por cuatro jueces, cuatro fiscales y otros tantos sustitutos inició la causa por crímenes contra la paz (agresión y violación de tratados), crímenes de guerra (asesinatos, deportación de civiles, ejecución de rehenes, destrucción de pueblos y ciudades sin motivo, incautación de bienes) y crímenes contra la humanidad (esclavitud, exterminio). En el banquillo, 24 acusados. Entre ellos: Hermann Göring, comandante de la Luftwaffe; Rudolf Hess, lugarteniente del Führer; Joachim Ribbentrop, ministro de Asuntos Exteriores; Karl Dönitz, designado como el sucesor del líder del Tercer Reich, y Albert Speer, el arquitecto del Führer. El juicio se prolongó hasta el 1 de octubre de 1946, y durante este tiempo, hubo 403 sesiones públicas, se citaron para declarar a 166 testigos, se distribuyeron 143 declaraciones escritas y se analizaron miles de pruebas. Documentos y pruebas.
Sesenta años después, la Fundación José María Castañé inaugura este miércoles, en la Sala Juana Mordó del Círculo de Bellas Artes, la exposición «El proceso de Nuremberg. El archivo Kaplan», comisariada por el historiador César Vidal, que muestra una selección de documentos que pertenecieron al juez norteamericano Benjamín Kaplan*. Una recopilación de pruebas y documentos, reunidos entre agosto de 1945 y octubre de 1946, que sirvieron para demostrar la culpabilidad de los principales dirigentes nazis, y de sus organizaciones, en los distintos delitos que se cometieron durante la Segunda Guerra Mundial. Es un conjunto de declaraciones juradas, fotografías, interrogatorios y administración vinculada al desarrollo del juicio, que fue donado a esta institución por su fundador y que ahora, por primera vez, se enseña al público. La elección de esta ciudad, capital del hitlerismo y acrópolis de su esteticismo belicoso, como sede para el primer proceso internacional de la edad moderna fue, sin embargo, por causas externas y no simbólicas. Contaba con un espacioso Palacio de Justicia en la avenida Fürther Strasse y una prisión anexa que cumplía con los requisitos necesarios de seguridad para custodiar a los encausados. Así, en la sala 600 del Tribunal del Pueblo, se inició un juicio que acaparó la atención mundial y que Stanley Kramer inmortalizó en una película («Vencedores o vencidos», de 1961, con Spencer Tracy y Burt Lancaster). En Nuremberg no sólo empezaron las sesiones de este primer gran juicio sino que también se ejecutaron las penas impuestas. Entre los inculpados existían tres ausencias notorias: Adolf Hitler, Joseph Goebbels y Heinrich Himmler. Los tres se habían suicidado. Y uno de los acusados fue juzgado «in absentia»: Martin Bormann. Durante este proceso se presentaron como evidencias incriminatorias las matanzas indiscriminadas llevadas a cabo por los nazis en los campos de concentración y todo el horror del Holocausto. Por supuesto, muchos de los asistentes eludieron, de una forma u otra, su responsabilidad en esos hechos, como se deduce de la lectura de «Las entrevistas de Nuremberg», de Leon Goldensohn (Taurus). Hay casos llamativos, como el de Karl Dönitz, al que Hitler nombró su sucesor, y que, al igual que Ribbentrop, alegó tener la primera noticia durante el proceso de Nuremberg, o el de Rudolf Höss, comandante del campo de concentración de Auschwitz, que, tras señalar que «yo personalmente no asesiné a nadie», se refirió a su sentimiento de culpa: «Ahora, me hace pensar que no fue correcto hacerlo». Los había como Göring, que adujo sus intenciones de ayudar a las familias judías y que, con todo su descaro, llegó a afirmar: «Si un judío me pedía ayuda, yo se la daba». Los había, incluso, que aducían que gracias a ellos se pudo evitar más asesinatos, como Rich von Bach-Zelewsmi, miembro de la SS, que explicó: «Fue bueno que unos cuantos tipos decentes como yo tuviéramos influencia en las SS, porque de ese modo evitamos cosas terribles». Los había, también, rotundos: Otto Ohlendorf, de la Oficina Central de Seguridad del Reich, no vaciló al referirse al peligro que podía suponer un menor judío. «En el niño vemos al adulto», respondió. Jacques Bernard Herzog, ex sustituto del Procurador General francés ante el Tribunal Militar Internacional de Nuremberg, pronunció, en 1949, la conferencia «Recuerdos del proceso de Nuremberg», en la Universidad de Chile.
Risas forzadas.
Una reflexión valiente de esos meses en la que comentaba el proceso y el trabajo acelerado de los jueces: «Todos (refiriéndose a los dirigentes nazis) escuchaban a sus acusadores y a los defensores congelados, por decirlo así, en una especie de silencio, y en una inmovilidad que sólo dejaba de observar estrictamente Göring, animado a veces por inclinaciones fingidas o sacudido por risas forzadas». Las palabras que dedica al comandante en jefe de la Luftwafe, que se suicidó después de conocer su condena (pena de muerte), da la medida de su personalidad «arrogante»: «Yo no lo vi bajar la vista sino una vez durante diez meses: con ocasión de la proyección de un filme realizado por las autoridades norteamericanas con motivo de la liberación de los campos de concentración. Después de haber soportado las horribles visiones con mirada insensible, terminó por ocultar sus ojos ante una imagen particularmente odiosa, dejando así constancia de su vergüenza». De sus intervenciones en el tribunal, Herzog escribió: «Él hablaba a Alemania, hablaba a la Historia». El juicio que reserva para otro de los asistentes es demoledor: «Ribbentrop es, de todos los inculpados, aquel del cual he conservado la peor impresión. Tan empequeñecido moralmente como menoscabado físicamente, no ha vacilado en achacar la responsabilidad de ciertos actos a sus subordinados». Del ánimo de Hess dijo: «Un estado demencial por similación de locura». Herzog concluyó que «la identidad de las personalidades criminales hitleristas demuestra que más allá de las responsabilidades individuales, el sistema era, en sí, generador de criminalidad». Y medita, a continuación, sobre el precedente que asentó este juicio: «La sentencia descansa a este respecto sobre una idea-fuerza, la de la supremacía del Derecho Internacional sobre los derechos internos». Luego prosigue: «De este proceso se desprende un Derecho Internacional nuevo, cuyo objetivo activo no es solamente el Estado, sino también el individuo considerado como miembro de una sociedad interestatal». Y por eso apeló, en aquellos años, por una «jurisdicción internacional permanente», «darle una ley» y «la organización de la Sociedad Internacional». Herzog advirtió algunos riesgos del camino emprendido en los juicios de Nuremberg, pero termina con unas últimas palabras elocuentes: «Depende de nosotros que la sentencia perdure como una “experiencia” característica de una época agitada por la sucesión de las agresiones de la violencia y de las reacciones del derecho, o bien, que llegue a ser un precedente que asegure, por un sobresalto de la conciencia universal, el triunfo del derecho sobre la violencia».
Publicado en el diario La Razón (Madrid), 13 de noviembre 2006

*El archivo del juez norteamericano Benjamín Kaplan se compone de 30 carpetas que integran 309 documentos, abarcando 2.014 páginas, 35 imágenes y tres mapas. Son textos fueron reunidos para el uso de los fiscales del juicio, e incluyen pruebas determinantes sobre los campos de concentración, trabajo forzado y exterminio, así como los experimentos que se llevaron a cabo con seres humanos.

Monday, November 06, 2006

Sobre Derecho y Literatura: Harry Potter, de JK ROWLING


- William P. MacNeil, “Kidlit as Law and Lit: Harry Potter and the Scales of Justice, 14 (3) Law & Literature (2002), pp. 545- 564.
- Paul R. Joseph /Lynne E. Wolf, "The Law in Harry Potter: A System Not Even a Muggle Could Love", 34 (2) The University of Toledo Law Review (2003), pp. 193-202.
- Susan Hall, "Harry Potter and the rule of law: The central weakness of legal concepts in the wizard world" , en Giselle Liza Anatol (ed.), Reading Harry Potter: Critical Essays, Praeger, Westport, Conn./London, 2003, pp. 147-162.
- Joel Fishman, “Punishment in Harry Potter Novels, Harry Potter and the Law”, 1 Texas Wesleyan Law Review, 2005, pp. 452-456.
- Aaron Schwabach, “Harry Potter and the Unforgivable Curses: Norm Formation, Inconsistency, and the Rule of Law in the Wizarding World”, 11 Roger Williams University Law Review (2006), pp. 309-351.
- Benjamin H. Barton, “Harry Potter and the Half-Crazed Bureaucracy”, 104 Michigan Law Review (2006), pp. 1523-1538.
- Julie D. Cromer, "Harry Potter and the Three-Second Crime: Are we Vanishing the De Minimis Doctrine from Copyright Law?" [forthcoming], 36 (2) New Mexico Law Review (2006).
- Jeffrey E. Thomas (ed.), Harry Potter and the Law, Texas Wesleyan Law Review (2006) [forthcoming]. Disponible SSRN: http://ssrn.com/abstract=829344. Contenidos:
Jeffrey E. Thomas: "Introduction: The Significance of Harry Potter"; James Charles Smith: "Family Life and Moral Character"; Danaya C. Wright: "Collapsing Liberalism's Public/Private Divide: Voldemort's War on the Family"; Benjamin H. Barton: "Harry Potter and the Miserable Ministry of Magic"; Aaron Schwabach: "Unforgivable Curses and the Rule of Law"; Joel Fishman: "Punishment in the Harry Potter Novels"; James Charles Smith: "Status, Rules and the Enslavement of the House-Elves"; Daniel Austin Green: "Excuse, Justification, and Authority"; Timothy S. Hall: "Magic and Contract: The Role of Intent"; Jeffrey E. Thomas: "Rule of Man (or Wizard) in the Harry Potter Narratives"; Andrew P. Morriss: "Making Legal Space for Moral Choice", y Timothy S. Hall: "Harry Potter and Dick Whittington: Similarities and Divergences".

Wednesday, October 25, 2006

El ojo lapislázuli

Rafael Perusino
Tiziano Poussin
Tintoretto Greco
Velázquez Rubens
Patinir Murillo
Tiépolo Goya
Picasso

J.C.G

Picasso. 125 aniversario.

"Escondía colores nunca vistos..."

Rafael Alberti, Los 8 nombres de Picasso y
No digo más que lo que no digo (1966-1970),
Edit. Kairós, Barcelona, 1970


Azul

"Venencia del azul Tiziano en oro
(...)
Azul azufre alcohol fósforo Greco
Greco azul ponzoñoso cardenillo
(...)
Dijo el azul un día:
- Hoy tengo un nuevo nombre, Se me llama
Azul Pablo Ruiz Azul Picasso"

Rafael Alberti, A la pintura. Poema del color y la línea,
Madrid, Alianza, 1989, pp. 27-30

Monday, October 09, 2006

Nostalgias caligráficas II, por J.C.G.

Con ocasión de la anterior entrada, reproduzco dos precedentes en este mismo blog ...



Caligrafías. More aphoristico I y II (16. Jun. 2006)

La letra atada copia una cuerda de presos

La letra atada cumple condena a cadena

... con añadido ahora de nuevas nostalgias caligráficas.



Caligrafías III. Cápsula interrogativa
La letra atada, ¿se toma de la mano o se muerde la cola?

Caligrafías IVEl niño, muy asustado, apaleó la letra cursiva creyéndola una culebra caligráfica.

Califrafía marcialLa letra vertical pone firme la escritura

A sus manos
La escritura manuscrita se transmite manualmente

J.C.G.

Nostalgias Caligráficas I.


Reproduzco del diario El País (Madrid), el siguiente reportaje.



Caligrafía de ayer y de siempre
Una estafa fortuita convirtió los míticos 'Cuadernos Rubio' en un éxito editorial que triunfa en las librerías al cabo de 50 años

NEUS CABALLER - Valencia
EL PAÍS - 09-10-2006
Al tiempo que la economía sigue creciendo a un ritmo vertiginoso, se están produciendo en los últimos meses en China graves retrocesos en los derechos humanos, como vienen denunciando organizaciones humanitarias internacionales. Todo ello coincide con una purga, que aún no ha concluido, de altos cargos provinciales y municipales acusados de corrupción. La más reciente y destacada ha sido la del secretario del Partido Comunista de Shanghai, la capital financiera, y miembro del Politburó, Chen Liangyu. Son señales de unos tiempos inciertos a poco menos de dos años de la celebración de los Juegos Olímpicos de verano en Pekín. Su designación como sede fue presentada por sus promotores chinos como una ocasión para estimular las democratización del inmenso país.
Sin embargo, los síntomas van en sentido contrario a esas esperanzas. Así se deduce de la proliferación de casos de violaciones de derechos humanos denunciados por organizaciones internacionales, de las restricciones al uso de Internet y a la libertad de información de las agencias extranjeras. E incluso la propia coyuntura preolímpica ha dado motivo a operaciones expeditivas de desplazamientos de población e internamiento de vagabundos y mendigos en campos de reeducación, a la vieja usanza. Todo ello refleja las debilidades de un régimen de partido único y las contradicciones de un sistema con un grave desfase entre el desarrollo económico y el político.
La destitución del líder del partido en Shanghai es debido a un caso de nepotismo y desvío de cientos de millones de yuanes del fondo municipal de pensiones para invertirlos ilegalmente en el sector inmobiliario.Aun cuando sea lógica y justa la destitución de Chen, el episodio permite también una lectura en clave de lucha dentro del partido entre quienes defienden la necesidad de atenuar los graves desequilibrios de riqueza regionales y los que, por el contrario, sostienen la validez de esa fórmula a toda costa, que ha beneficiado sobremanera a las provincias meridionales de Shanghai y Cantón.
La primera la abandera Hu Jintao, presidente y líder del partido, junto a su primer ministro, Wen Jiabao; la segunda, los seguidores del ex presidente Jiang Zemin. La batalla no está ni mucho menos resuelta pese a que las primeras señales apuntan a que el probable vencedor será Hu, que quiere llegar al congreso del partido, a finales del próximo año, con la capacidad suficiente para colocar a sus hombres de confianza en el Politburó. Pero nada excluye que el guión se tuerza en algún momento, porque la historia enseña que en el Imperio del Medio todo es posible.

Saturday, October 07, 2006

Occidente e islam, por Mário Soares

El terrorismo global es un flagelo que está poniendo en cuestión lo que queda del orden mundial (que aún perdura) y que, debido a su carácter imprevisible, nadie puede saber cuándo, cómo ni dónde ataca. El combate contra el terrorismo es, por lo tanto, un imperativo moral y político de capital importancia, que no puede ni debe ser descuidado por los Gobiernos responsables.
Con todo, no puede ser éste un combate ciego, en el que se corra el riesgo de fustigar a poblaciones inocentes o de recurrir a la utilización de medidas de seguridad excesivas que no duden en atentar contra las garantías de los ciudadanos, los derechos humanos y el derecho internacional. Porque, en ese caso, estaremos poniendo en cuestión los valores esenciales que cimientan nuestras sociedades democráticas y les confieren credibilidad política y autoridad moral. Estaremos, sin querer, siguiendo el juego del propio terrorismo.
La lucha contra el terrorismo no puede ser concebida como una "guerra" -y mucho menos como una "guerra preventiva"- entre Occidente y el islam. Porque la simplificación de los conceptos de Occidente e islam es reductiva, peligrosa y, en última instancia, falsa, en la medida en que no toma en consideración la complejidad de los valores que representan y nos conducen a cometer groseros errores (como ya ha ocurrido) y a deslizarnos, paulatinamente, casi sin que nos percatemos, hacia una guerra de tipo religioso, que significaría un retroceso de varios siglos en la historia de la civilización. Sería lo peor que podría sucedernos.
Es posible que algunos valores del llamado Occidente no sean tan universales como juzgábamos a finales del siglo pasado, tras el colapso del universo comunista. A pesar de todo, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada por las Naciones Unidas, por unanimidad, en 1948, junto a las diversas cartas de derechos que la completaron en las décadas siguientes, sigue representando la mayor contribución jurídica y política para lo que Leopold Senghor llamaba la "civilización de lo universal".
La complejidad del islam, su muy excepcional historia y civilización, que tantas valiosas aportaciones ha dado al propio Occidente, antes y después de ese momento de convergencia y de diálogo histórico único que supuso Al-Andalus, la variedad irreductible de sus diferentes corrientes religiosas, aconsejan no confundir el islam con el fundamentalismo global ni tampoco con los llamados países árabes moderados, que, a pesar de ser aparentemente dóciles en relación a Occidente, no pasan de feroces dictaduras o de intolerables teocracias. Por lo demás, el fundamentalismo global no es exclusivo del Islam. Con mayor o menor violencia, no podemos olvidar los fundamentalismos cristiano, judaico o hindú, sólo para citar los más conocidos.
De lo que puede concluirse que el fundamentalismo global no tiene únicamente raíces religiosas, sino también geopolíticas y sociológicas que mucho tienen que ver con el subdesarrollo, con vastas zonas de desempleo, con el hambre, con la cultura de la violencia, que todos los días se insinúa en las televisiones del mundo entero, con la criminalidad internacional organizada y con la humillación, tan ostentosa, del capitalismo financiero y especulador y de los paraísos fiscales.
Por otro lado, Occidente no es hoy un todo compacto ni, mucho menos, homogéneo. La hegemonía de los Estados Unidos -autotitulado imperio benigno- bajo la Administración Bush, se halla en plena carrera hacia un desastre político, económico y sociológico de proporciones inimaginables. La Unión Europea, incapaz de definir una estratégica autónoma en relación con los Estados Unidos, peca por omisión e incapacidad de intervención, carente de un liderazgo con autoridad moral y verdadera dimensión política. Latinoamérica -o Iberoamérica- el tercer polo occidental, está hoy, en el contexto mundial, en acelerada transformación, indecisa entre un radicalismo de raíz populista (mestizo o indígena) y un reformismo moderado de molde más o menos socialdemócrata. Ojalá sean capaces de entenderse entre sí...
Pero el mundo es mucho más vasto que Occidente y el Islam y se halla también en rápido proceso de cambio. Los llamados países emergentes -China, India, Rusia, Brasil, Suráfrica, Indonesia- están al acecho del momento exacto que les ofrezca mejores oportunidades de afirmación. Es natural.
Sólo con una reforma de las Naciones Unidas, de gran calado, que pueda apostar por una especie de alineamiento mundial, podrían encararse -con posibilidades de éxito- los grandes desafíos mundiales: la paz, la eliminación del terrorismo, la erradicación de la pobreza, las amenazas ecológicas que afectan al Planeta, el establecimiento de una reordenación mundial que suponga para los pueblos de la Tierra mayor igualdad, mayor libertad y mayor solidaridad, en el marco de un mundo más justo y humano. El resto no será más que mera retórica, destinada al olvido en el mismo instante en el que los discursos sean pronunciados.
Trad. de Carlos Gumpert
Mário Soares es ex presidente y ex primer ministro de Portugal.
Publicado en diario El País (Madrid), Opinión, ed. de 7-10-2006

Thursday, October 05, 2006

Havel escribe sus memorias, por Monika Zgustova


Václav Havel cumple hoy 70 años. La publicación de sus memorias -hasta ahora sólo en checo, pero con múltiples traducciones en marcha- viene a sumarse a esta efeméride. En esas memorias, como en una personalísima confesión, el ex presidente checo contesta las preguntas de un entrevistador que hurga en las profundidades de su conciencia. Y el antiguo disidente deja hablar esa conciencia, confesando sus dudas e incertidumbres sobre sí mismo, su país y el mundo contemporáneo, además de reflexionar sobre los errores que ha podido cometer durante los últimos 17 años dedicados a la política, cosa que nunca haría un político. Así pues, sigue considerándose ante todo un ciudadano y un intelectual.
¿Qué es la política para Havel? El ex presidente checo la entiende como en la época del nacimiento de la democracia, en la antigüedad griega: como un servicio a la comunidad. Esa comunidad es el mundo entero, pero sobre todo su país, desmoralizado y envenenado tras cuatro décadas de comunismo, como todas las sociedades postotalitarias de la Europa del Este.
Havel es un escritor que, tras la caída del comunismo, fue elegido presidente de Checoslovaquia y, después de la independencia de Eslovaquia, de la República Checa. Luchador por la libertad en los tiempos del totalitarismo, muchas veces encarcelado, ocupó durante 13 años el Castillo de Praga como presidente de su país. Otro escritor y ciudadano de Praga, Franz Kafka, puso en evidencia que nadie conserva su identidad mientras trilla su camino hacia el Castillo. ¿Ha sido capaz el ex presidente checo de resistirse a los poderes del Castillo? ¿Ha sabido conservar su carácter de intelectual capaz de decir las cosas más osadas, el de un pensador disidente que alerta las conciencias?
Sí, ha sido siempre un político a contracorriente y un hombre quijotesco. Últimamente mantiene su disidencia ante una concepción política que, tras los excesos fatales de todas las utopías, se ha instalado en el gélido trono del gestor, en el fundamentalismo de las magnitudes económicas y de las leyes del mercado. Havel desaprueba lo que ocurre en su país, donde percibe "una desmoralización general". Así lo dice: "Cuando uno regresa tras una larga ausencia, siente que se encuentra en un país de arribistas y nuevos ricos poscomunistas". ¿Pero qué hizo él para impedir tal embrutecimiento?
El ex presidente, partidario del concepto griego de "cuidar el alma", se concentró en vigilar, según sus palabras, "el clima moral de la sociedad", en guiar a su país durante el tiempo de la transición hacia la democracia, ese tiempo de la depresión postotalitaria. Havel observa con asombro el tiempo que la sociedad poscomunista necesita para adaptarse a las nuevas condiciones de vida y la profundidad de las raíces que la era comunista echó en las mentes de los que la padecieron. En su libro apunta que entre los muchos males que se produjeron tras la caída del comunismo hubo uno especialmente significativo: "Sin un marco judicial eficaz, se implantó una rápida y masiva privatización en la cual participó y sigue participando de modo significante la antigua nomenclatura y las empresas comunistas de la época anterior. Ellos poseían las informaciones y los contactos necesarios para convertirse en el núcleo de la nueva clase empresarial. Esta clase tiende ahora a unir el poder económico con el político y el mediático, creando lo que suelo llamar capitalismo mafioso o democracia mafiosa. Cada uno a su manera, todos los países poscomunistas padecen de este mal".
¿Podía haber cambiado esas tendencias cuando fue presidente?, se pregunta sin cesar en sus memorias. "Sí, posiblemente", admite. "Si hubiera dado un paso distinto en otra dirección, hoy todo se acercaría más a mis ideales. ¿Pero cómo saber que aquello hubiera sido posible"?
Havel también es crítico con Europa, en un intento de mejorarla. Según él, hay que fundar una Europa basada en el principio de la solidaridad humana, una Europa que se regiría según imperativos morales, distinta a la que se ha hecho célebre exportando guerras mundiales y cientos de millones de víctimas, conquistando continentes y exterminando culturas indígenas. Para él, Europa necesita reflexionar más sobre sí misma y hacer un ejercicio de autocrítica. "Temo que Europa aún no ha aprendido su lección de la historia. Vuelven a aparecer los mismos comportamientos que dos veces en el siglo XX han impulsado las grandes catástrofes. La autocrítica y la reflexión sobre uno mismo deberían servir como punto de partida para un aprendizaje y un futuro mejor, no como camino hacia la pasividad, la depresión y el nihilismo". Y añade: "La Unión Europea a veces padece esa vieja enfermedad europea: la tendencia a tolerar el mal, incluso las dictaduras, si caen en su zona de intereses. Algunos políticos que no han experimentado personalmente el nazismo o el comunismo no quieren aprender".
Tampoco Estados Unidos se salva de su crítica. Hace unos años, ya habló en Washington de lo que ese país representa para el resto del mundo: "Estados Unidos es la concentración simbólica de lo bueno y lo malo que caracteriza nuestra civilización", afirmó. "Desde el florecimiento de la ciencia y la tecnología, y del bienestar que esto conlleva, pasando por la profundidad de la libertad ciudadana, hasta el culto ciego al crecimiento económico continuo y al consumo ininterrumpido, al precio de la destrucción del medio ambiente y del dictado de lo material, el totalitarismo del consumo y de la publicidad, al precio de sacrificar la unicidad humana a la uniformidad del ruido cotidiano de la banalidad televisiva".
Sin embargo, Havel no es un pensador de la derrota, no es un especulador de la amargura sino alguien que siempre inventa soluciones viables. El verdadero arte de la política, según él, es el de saber conquistar la opinión de la gente cuando se trata de alguna cosa beneficiosa, por más desagradable que ésta pueda resultar desde el punto de vista de los intereses inmediatos.
¿Pero cómo se siente él personalmente tras 13 años en la política de máximo nivel? "Yo ya soy otro, ya no soy aquel que fui cuando escribía mis obras de teatro y organizaba reuniones clandestinas de la disidencia. Soy más viejo, estoy más enfermo y más cansado", confiesa. "He perdido gran parte de mi libertad debido a mi obligación de expresarme de modo demasiado diplomático para mi gusto. ¿Y qué he recibido a cambio? Una sola cosa: ser participante directo de las grandes transformaciones de nuestro mundo y poder influir en ellas. Cosa que considero un enorme don del destino". Éste es Havel a los 70 años de edad.
Monika Zgustova es escritora; su última novela es La mujer silenciosa (Acantilado).
Publicado en el diario EL PAÍS (Madrid). Opinión, ed. de 5-10-2006 .

Tuesday, October 03, 2006

Libertad y Seguridad. La fragilidad de los derechos. Bibliografía

Tras la edición de Libertad y seguridad. La fragilidad de los derechos (Málaga, 2006, 144 pp. ISBN: 84-611-0927-9; 978-84-611-0927-2), que incluye las Actas de Comunicaciones presentadas a las XXª Jornadas Sociedad Española de Filosofía Jurídica y Política, celebradas en Málaga los días 11 y 12 de marzo de 2005, y cuya coordininación me ha correspondido, traigo aquí dos recomendaciones bibliográficas relacionadas con el tema:
Consuelo Ramón Chornet / Romualdo Bermejo García (eds.), Derechos y libertades ante las nuevas amenazas a la seguridad global (Publicaciones de la Universitat de València-Tirant lo Blanc, València, 2006, 276 pp., ISBN: 84-370-6191-1). Síntesis: El lema "Derechos y libertades ante las nuevas amenazas a la seguridad global", más que una expresión coyuntural, representa una de las dimensiones características del nuevo siglo. Contiene análisis sobre la alternativa acerca de un nuevo orden o un nuevo Derecho internacional, la justificación del recurso a la fuerza e incluso a la guerra, y las consecuencias sobre el derecho internacional humanitario y su vigencia, los avances y retrocesos en la lucha contra la impunidad, en particular a propósito de los crímenes de guerra, la aportación de la UE y de la OTAN a la seguridad, o la función de las ONGs en la taera de la diplomacia humanitaria.
Mª José Bernuz Beneitez y Ana Isabel Pérez Cepeda (coord.), La tensión entre Libertad y Seguridad. Una aproximación sociojurídica (Servicio de Publics. de la Universidad de La Rioja (Col. Jurídica, 22) , 2006, 334 pp. (ISBN: 84-96487-09-1). Sintesis: Se aborda un tema tradicional en un contexto renovado: el de la tensión entre la libertad y la seguridad. De un lado, el liberalismo político o el contractualismo, que parten de una cierta ponderación de ambos valores, aparecen como referencias ya clásicas. De otro lado, se puede avanzar que la expansión del terrorismo a nivel nacional e internacional, la consolidación de la sociedad del riesgo, la invasión de una cultura punitiva, el incremento de los índices de alarma social, así como de la violencia estatal o individual se perfilan como ejes imprescindibles en el análisis de las transformaciones del estado y de la realidad jurídica y social actual. En esta situación parece normal que la opción social, política y jurídica sea la de elevar la seguridad a la condición de derecho esencial, incluso a costa de que ello suponga un recorte de las libertades. Además, podemos observar –no sin cierta alarma– cómo sociedades teóricamente estables y con sistemas democráticos más o menos consolidados han pasado de pedir protección contra el poder a pedir protección del poder público. Por ello, las diversas aportaciones que integran este volumen colectivo ponen de relieve, y nos recuerdan desde diferentes perspectivas, las consecuencias de una demanda incondicional de la seguridad, que se resumen en la pérdida de libertad y de libertades. En el fondo de todas las colaboraciones que se presentan en este libro late la vieja pero constantemente olvidada cuestión de cuánta libertad estamos dispuestos a ceder a cambio de qué nivel de seguridad y a qué precio. La confrontación que, desde diferentes perspectivas, plantea este libro tiene hoy mucho sentido, tanto en nuestro país por su propia evolución política en la consolidación de la democracia en las últimas décadas, como también en los países que viven democracias más o menos firmes. En tanto que estados donde el recurso a la violencia como instrumento en manos de los ciudadanos y al servicio del poder público resulta un ‘espectáculo’ diario que fomenta la inseguridad y coarta las libertades individuales en la vida cotidiana, el debate sobre la ponderación de la libertad y la seguridad resulta necesario.

Monday, October 02, 2006

Autocustodia

“Lleno de mí, sitiado en mi epidermis”.

José Gorostiza (México, 1901-1973), “Muerte sin fin”, en Muerte sin fin y otros poemas, FCE, México, 1983, p. 107 (Col. Lecturas Mexicanas 13)

Thursday, September 28, 2006

La ventaja a medias de la selección genética, por Peter Singer


El avance del conocimiento, muchas veces, es una ventaja a medias. En los últimos 60 años, la física nuclear ha sido un ejemplo obvio de esta verdad. En los próximos 60 años, la genética puede ser otro.
Hoy, compañías emprendedoras ofrecen, a cambio de un honorario, brindarnos información sobre nuestros genes. Dicen que este conocimiento nos ayudará a vivir más y mejor. Podríamos, por ejemplo, hacernos chequeos adicionales para detectar señales tempranas de las enfermedades que más riesgo tenemos de contraer o alterar nuestra dieta para reducir ese riesgo. Si nuestras probabilidades de una vida prolongada no son buenas, podríamos comprar más seguro de vida o incluso jubilarnos antes y así tener suficiente tiempo para hacer lo que siempre quisimos hacer.
Los defensores de la privacidad se esforzaron, con cierto éxito, para impedir que las compañías de seguro exigieran pruebas genéticas antes de emitir un seguro de vida. Pero si los individuos pueden llevar a cabo las pruebas que se les prohíben a las compañías de seguro, y si quienes reciben información genética adversa entonces compran seguro de vida adicional sin revelar las pruebas que se realizaron, están engañando a otros tenedores de seguros de vida. Las primas tendrán que aumentar para cubrir las pérdidas y quienes tengan una buena prognosis genética pueden rescindir su seguro de vida para evitar subsidiar los engaños, haciendo que las primas suban aún más.
Todavía no hace falta que nos alarmemos demasiado. La Oficina de Responsabilidad Gubernamental de Estados Unidos (GAO) envió muestras genéticas idénticas a varias compañías que realizan estas pruebas y obtuvo una respuesta muy variada y básicamente inútil. Pero, a medida que la ciencia mejore, habrá que enfrentar el problema del seguro.
Elegir a nuestros hijos plantea problemas éticos más profundos. Esto no es nuevo. En los países desarrollados, las pruebas de rutina que se les practican a las mujeres embarazadas de más edad, combinadas con la disponibilidad del aborto, redujeron significativamente la incidencia de patologías como el síndrome de Down. En algunas regiones de la India y de China donde las parejas están ansiosas por tener un hijo, el aborto selectivo ha sido la máxima expresión de sexismo y se lo ha practicado a tal extremo que está alcanzando la mayoría de edad una generación en la que los representantes masculinos enfrentan una escasez de parejas femeninas.
La selección de los hijos no necesariamente tiene que ver con el aborto. Desde hace varios años, algunas parejas en riesgo de transmitir una enfermedad genética a sus hijos utilizaron la fertilización in vitro. Mediante este mecanismo, se producen varios embriones, se los somete a una prueba para detectar en ellos el gen defectuoso y se implantan en el útero de la mujer sólo aquellos que no lo tienen. Ahora las parejas están utilizando esta técnica para no transmitir genes que impliquen un riesgo significativamente elevado de desarrollar ciertas formas de cáncer.
Como todos acarreamos algunos genes adversos, no hay una línea definida entre seleccionar en contra de un chico con riesgos por encima de lo normal de contraer una enfermedad y seleccionar a favor de un chico con perspectivas de salud inusualmente promisorias. Por lo tanto, la selección genética inevitablemente avanzará hacia el mejoramiento genético.
Para muchos padres, nada es más importante que ofrecerle a su hijo el mejor arranque posible en la vida. Compran juguetes costosos para maximizar el potencial de aprendizaje de su hijo y gastan mucho más en escuelas privadas o profesores particulares después de clase con la esperanza de que él o ella obtengan buenas calificaciones en los exámenes que determinan el ingreso a universidades de elite. Tal vez no pase mucho tiempo hasta que podamos identificar los genes que mejoran las posibilidades de éxito en esta búsqueda.
Muchos condenarán esto como un resurgimiento de la “eugenesia”, la visión, particularmente popular a principios del siglo XX, de que se deberían mejorar los rasgos hereditarios a través de la intervención activa. De modo que, de alguna manera, y en manos de regímenes autoritarios, la selección genética podría asemejarse a los males de las formas anteriores de eugenesia, con su defensa de políticas oficiales odiosas y seudo-científicas, particularmente las referidas a la “higiene racial”.
En las sociedades liberales regidas por el mercado, en cambio, la eugenesia no será impuesta coercitivamente por el Estado para el bien colectivo. Más bien, será el resultado de la elección paterna y el accionar del mercado libre. Si esto deriva en que la gente sea más sana y más inteligente, con mejores capacidades para resolver problemas, será algo positivo. Pero incluso si los padres toman decisiones que son buenas para sus hijos, podría haber peligros además de bendiciones.
En el caso de la selección del sexo, es fácil ver que las parejas que eligen independientemente lo mejor para sus hijos pueden producir un resultado que deja peor parados a sus hijos que si nadie pudiera elegir su sexo. Algo similar podría pasar con otras formas de selección genética. Como la altura superior al promedio tiene correlación con el ingreso superior al promedio, y en la altura, claramente, hay un componente genético, no es irrisorio imaginar que las parejas elijan tener hijos más altos. El resultado podría ser una “carrera armamenticia” genética que derive en chicos cada vez más altos, con costos ambientales significativos generados por el consumo adicional requerido para alimentar a seres humanos más grandes.
Sin embargo, la implicancia más alarmante de este modo de selección genética es que sólo los ricos pueden permitírselo. La brecha entre ricos y pobres, que ya es un desafío para nuestras ideas de justicia social, se volverá un abismo que la simple igualdad de oportunidades no podrá achicar. Ese no es un futuro que cualquiera de nosotros aprobaría.
Pero evitar este resultado no será fácil, ya que requerirá que la selección para el mejoramiento genético no esté disponible para nadie o esté al alcance de todos. La primera opción requeriría coerción y, dado que los países no aceptarán que otros cuenten con una veta competitiva, un acuerdo internacional para renunciar a los beneficios que pueda aportar el mejoramiento genético. La segunda opción, el acceso universal, exigiría un nivel sin precedentes de asistencia social para los pobres y decisiones extraordinariamente difíciles sobre qué subsidiar.
(trad. de Claudia Martínez)
Peter Singer es profesor de bioética en la Universidad de Princeton
Copyright: Project Syndicate, 2006

Sunday, September 24, 2006

América Latina: pensamiento y realidad, por Alejandro Serrano Caldera


En los días comprendidos entre el 13 y el 16 de septiembre se realizó en Buenos Aires, en la Universidad Nacional Tres de Febrero, el VIII Congreso Internacional de Estudios Latinoamericanos, en el que un grupo de filósofos, sociólogos, antropólogos, juristas, economistas y lingüistas, convocados a la reflexión y debate y provenientes de diferentes países de América Latina, se dieron a la tarea de pensar nuevamente la región a partir de temas como la interculturalidad, la educación, la política, la integración, la historia de las ideas, todo ello a partir de un enfoque filosófico a través del cual reconstruir conceptualmente la realidad latinoamericana, el desarrollo de su pensamiento y las perspectivas que a ambos se ofrecen en el presente y en el futuro inmediato.
Como parte de las actividades del Congreso se realizó en el Centro Cultural Borges la presentación de libros, enciclopedias y revistas entre los que cabe mencionar, Semillas en el Tiempo, el latinoamericanismo filosófico contemporáneo y la edición conmemorativa del 40 aniversario del Anuario de Filosofía Argentina y Americana del Instituto de Filosofía del mismo nombre, ambos de la Universidad de Cuyo, Mendoza, Argentina; fueron presentados, además, los tres volúmenes de Pensamiento Crítico Latinoamericano, que contiene estudios sobre ontología, metafísica, política, ética, positivismo, postmodernidad, postcolonialismo, praxeología, psicología latinoamericana, racionalidad, simbolismo y teoría crítica, entre otros temas. Se presentó también la Revista de Filosofía, de la Universidad Nacional de Costa Rica, y en esa tarde de libros, presentaciones y comentarios, tuve el agrado de presentar mi libro, Los Filósofos y sus Caminos, aparecido recientemente en Nicaragua.
En el encuentro se pudo apreciar de manera directa el inmenso trabajo intelectual que se realiza en América Latina, y el debate constante en la región en relación con temas fundamentales de su historia, identidad, cultura y posibilidades de desarrollo. Sin embargo, cabe preguntarse, ¿hasta qué punto el pensamiento latinoamericano incide o ha incidido significativamente en el desarrollo histórico de la región? ¿Hasta dónde las reflexiones y propuestas de sus pensadores tienen el peso y la influencia que sería de desear en el acontecer político, económico, social y cultural de los países de Latinoamérica?
Podría pensarse que en el momento actual y pese a la calidad de sus pensadores y a su vasta producción intelectual, la incidencia del pensamiento en la formación de la realidad latinoamericana es insuficiente. Quizás habría que poner el mismo énfasis en el pensamiento crítico, en la reconstrucción racional de la realidad y en la teoría política, que el puesto en el extraordinario esfuerzo referido a la historia de las ideas.
Sin perjuicio de las características particulares de cada país y de las diferencias que entre cada uno de ellos existe, hay rasgos comunes que se repiten negativamente: la dificultad de consolidar la democracia y el Estado de Derecho, el déficit de legalidad y de legitimidad, la conciencia crepuscular acerca de las instituciones, el caudillismo que llena, de mala manera, el vacío que deja el tejido legal, el círculo vicioso de la violencia recurrente y la concepción de la historia más como guerra civil que como diálogo, para usar las palabras de José Coronel Urtecho.
Pienso que la historia política de América Latina debe estudiarse a través de tres hipótesis o aproximaciones de interpretación:
Primera, la separación entre el derecho y la realidad. Sobre este punto se han expresado en numerosos ensayos los escritores mexicanos Carlos Fuentes y Octavio Paz, este último señalando la existencia de un universo jurídico separado del universo real; Fuentes, haciendo ver en su ensayo, Tiempo Mexicano, la separación esquizoide entre el derecho y la realidad.
Segunda, en el texto jurídico está expresada deliberadamente una intención contraria a lo que realmente quiere hacerse. En este sentido, se establecen en la Constitución declaraciones de principios que no piensan cumplirse. Se dice lo que no se hace para hacer lo que no se dice. Esta deliberada ambigüedad ha constituido la clave del ejercicio político latinoamericano.
Tercera, esta estrategia está en el origen mismo de la fundación de las repúblicas latinoamericanas. El poder en las nuevas naciones no fue para los capitanes ilustrados de la Independencia, Bolívar, San Martín, Sucre... sino para las oligarquías criollas que llenaron el vacío dejado por la Corona española en lo que al poder político se refiere, quedando, por otra parte, intactos los privilegios y la mentalidad dominante de la Colonia. El caso de Centroamérica y el de Nicaragua específicamente, no fueron una excepción a esta regla general.
Por ello el drama político latinoamericano consiste no sólo en el hecho de la debilidad de sus instituciones, sino sobre todo en la circunstancia de que los Estados naciones y las repúblicas que surgieron de la Independencia fueron fundadas sobre la mentira construida deliberadamente para mantener las cosas en la misma situación, creando así la tradición del engaño, mientras se anunciaban los cambios en las constituciones, leyes y discursos.
El vacío que dejó el poder autoritario y confesional de la Colonia fue sustituido por la retórica constitucional del liberalismo ilustrado y de las tendencias conservadoras que se diferenciaban de la anterior en el laicismo del Estado y la educación, el matrimonio civil y el divorcio. La Constitución Política ocultaba el escenario de una realidad en el que los bandos de la vieja y nueva oligarquía luchaban por el poder en las interminables guerras civiles que han llenado de dolor y sangre las páginas de nuestras historias republicanas. Al autoritarismo vertical de cruz y espada sucedió la anarquía.
Ésta ha sido nuestra historia. A pesar de ello no se puede negar que, en medio de todo, hay un esfuerzo constante de la teoría y la práctica para superar ese estado de cosas, y que a pesar de las caídas y retrocesos, de los cantos de sirenas y de toda suerte de demagogia algo se ha avanzado, en un lento y difícil caminar que va abriendo poco a poco los senderos de la democracia y del Estado de Derecho.
La filosofía de la historia y la filosofía política deberían hacerse cargo de que la globalización neoliberal ha distorsionado el camino, sumido a los pueblos en una miseria mayor a la vez que ha hecho posible que la demagogia populista y la autocracia de los poderes personales vuelvan a ser una posibilidad, y en algunos casos una realidad, en el horizonte de los pueblos latinoamericanos.
La globalización ha globalizado el capital financiero especulativo y fragmentado la precaria unidad de las sociedades y los pueblos. Se fragmenta lo jurídico de lo político, (el poder político utiliza el derecho como instrumento), la economía de la sociedad y el Estado de la sociedad civil.
Esto produce como consecuencia una crisis múltiple: de representatividad (los representantes no representan a los representados); de legalidad (la ley deviene en instrumento del poder y no en sistema de límites al poder); de legitimidad (la ley no representa la voluntad general sino los intereses dominantes del poder político, económico y financiero); de la conciencia de la institucionalidad (la sociedad no percibe a la institución como la causa y el cauce del poder, sino como un instrumento en manos del poder para legitimar y legalizar sus acciones de facto).
Además, se debilita la soberanía y el Estado pasa a ser parte de un tejido transnacional y se separa cada vez más de la propia sociedad de la que proviene en tanto se integra como vigilante y guardián de los intereses de las redes de poder mundial.
Para poder pensar en una democracia estable y en la consolidación de un verdadero Estado Social de Derecho deben tenerse en cuenta las causas internas y externas que han creado esa realidad concreta y difícil. A pesar de la globalización neoliberal y diría, precisamente por eso, es imprescindible una acción conjunta y consciente de reestructuración de las rupturas entre el Estado, la sociedad y el mercado; la construcción de una ética de los valores que constituya, como dice Joan Prats Catalá, un criterio moral para la acción colectiva; orientar el esfuerzo conjunto a establecer las bases que hagan posible la gobernabilidad democrática; integrar en objetivos comunes los esfuerzos múltiples y dispersos que ejercitan cotidianamente los nuevos sujetos y movimientos sociales.
Todo ello para procurar una verdadera concertación, un diálogo real entre los sectores políticos, económicos y sociales, que sea diálogo y no monólogo por turnos, que permita construir un nuevo contrato social que siente las bases racionales, morales y legales de las nuevas sociedades nacionales y de la sociedad latinoamericana.

Alejandro Serrano Caldera es filósofo y jurista nicaragüense

Publicado en diario La Prensa (Managua. Nicaragua), 24 de septiembre de 2006. Sección Opinión

Suiza e inmigración. Sobre la creación de dos categorías de seres humanos


Suiza aprueba una de las leyes más restrictivas de Europa para frenar la inmigración
La nueva norma abre las puertas de par en par a los europeos y las cierra definitivamente a los extracomunitarios

AGENCIAS/ELPAIS.es - Ginebra
Suiza ha aprobado hoy en referéndum y por una abrumadora mayoría del 70% el endurecimiento de sus leyes de Asilo y Extranjería, que básicamente abren las puertas del país helvético a los extranjeros europeos y la sellan la entrada a los extracomunitarios, salvo a aquellos que posean un alto nivel de estudios o formación profesional. El último recuento dice que aproximadamente el 70% de los votantes de los 26 cantones que integran la Confederación Helvética han dicho sí a esta ley, cuya dureza ha suscitado una de las mayores polémicas de los últimos años en Suiza.
La nueva ley sobre refugiados prevé penas de hasta cinco años de prisión y más de 300.000 euros de multa para quienes dieran albergue a extranjeros con una orden de expulsión en firme. Igualmente, pretende eliminar todas las ayudas sociales, incluidas las de emergencia, a todos los extranjeros cuya demanda de asilo sea considerada improcedente. Entre otras medidas de fuerza, la ley propone también penas de hasta dos años de cárcel para los recalcitrantes y los extranjeros que se nieguen a abandonar el territorio de propia voluntad. La ley exige además que todo demandante de asilo pueda presentar una identificación válida (pasaporte o DNI) dentro de las 48 horas posteriores a su demanda.
En cuanto a los extranjeros, la nueva ley, que reemplaza a la actual de 1931, ha optado por abrir sus puertas a la libre circulación dentro del Espacio Schengen y restringirlo de manera radical a los extranjeros extracomunitarios. La postura que mantienen los partidarios de la ley es que la UE y Europa del Este deberían ser más que suficientes para proporcionar a Suiza la mano de obra necesaria en los empleos de baja cualificación.
La reunificación familiar para los no comunitarios será posible para los niños de hasta 12 años, a fin de permitir "la plena integración de los menores en la sociedad suiza". Pasada esa edad, en principio, las demandas de reunificación pueden ser rechazadas, aunque no así para los europeos, que pueden pedir la reunificación familiar hasta los 21 años. Esto hace que numerosos críticos hablen de "un doble rasero inmoral y una discriminación rayana en la ilegalidad".
Con más de un 20% de extranjeros, Suiza ha sido tradicionalmente un país de inmigración, en el que existen hoy más de 100.000 trabajadores clandestinos de los que más del 30% estarían ocupados en negro en el servicio doméstico. En Suiza viven unos 100.000 españoles a los que las nuevas leyes no van a afectar.
Los detractores
Los detractores, entre los que se encuentran la izquierda, las iglesias y numerosos movimientos sindicales y sociales, ven en estas leyes "un endurecimiento innecesario de una ley que ya es muy dura" y "la creación de dos categorías de seres humanos: los europeos y los no europeos".
"La cuestión no es si las leyes serán aprobadas o no", comentó a EL PAIS Alain Rebetez, antes de conocer el resultado del referéndum, "sino por cuánto margen. Una victoria cercana al 70% [lo que finalmente ha sucedido]provocaría que estas leyes sean aplicadas con un rigor sin precedentes".
Similar es la postura del Partido Socialista, que ha hecho campaña contra estas leyes y acepta resignado a la derrota. Claudine Godat, portavoz del PS, considera que "estas leyes no solucionan nada y crean la posibilidad de que sean pasadas por muchas peticiones de asilo legítimas". La aplicación de la ley sobre los refugiados "puede dejar literalmente en la calle y sin recursos a más de 9.000 personas", ha agregado Godat.
Lucienne Girardier-Serex, pastora de la Iglesia protestante, considera que "en tanto que creyente, ayudar al necesitado forma parte de mi cultura y de mis raíces bíblicas". La religiosa afirma que "si por proteger a alguien en situación desesperada arriesgo una pena de cárcel o multa, bienvenida sea".
El analista Rebetez concluye: "Desde hace décadas, la cuestión de la inmigración y los refugiados es central en la política suiza y ha creado las bases del movimiento populista del caudillo de derechas Christophe Blocher, líder de la UDC".

Publicado en el diario EL PAIS, ed. de 24 de septiembre de 2006. Sección Internacional.
Foto: Musulmanes rezando durante del Ramadan en Lucerna

Monday, September 11, 2006

LIBERTAD Y SEGURIDAD. LA FRAGILIDAD DE LOS DERECHOS (IV). El 11 de septiembre y el nuevo autoritarismo, por Ralf Dahrendorf

Cinco años después de los ataques a las Torres Gemelas en Nueva York y al Pentágono en Washington, el “11 de septiembre” ya no es sólo una fecha más. Ha entrado a la historia como el comienzo de algo nuevo, una nueva era tal vez, pero en cualquier caso un tiempo de cambios. También se recordarán los ataques terroristas en Madrid y Londres y otros lugares, pero es el “11 de septiembre” el que se ha convertido en una frase hecha, casi como “agosto de 1914”.
¿Pero es realmente una guerra lo que empezó el 11 de septiembre de 2001? No a todos les satisface esta idea estadounidense. Durante el apogeo del terrorismo irlandés en el Reino Unido sucesivas administraciones británicas hicieron todo lo posible para no concederle al IRA la idea de que se estaba desarrollando una guerra. Una “guerra” hubiera significado aceptar a los terroristas como enemigos legítimos, en cierto sentido como iguales en una lucha sangrienta donde se aceptan ciertas reglas.
Ésta no es ni una descripción correcta ni una terminología útil en el caso de los ataques terroristas que se pueden describir mejor como criminales. Al llamarlos guerra -y señalar un oponente, normalmente Al Qaeda y su líder, Osama Bin Laden- el gobierno de Estados Unidos ha justificado cambios internos que, antes de los ataques del 11 de septiembre, hubieran sido inaceptables en cualquier país libre.
Muchos de estos cambios se plasmaron en la llamada Ley Patriota. Aunque algunos de los cambios sólo afectaron a regulaciones administrativas, el efecto general de la “Ley Patriota” fue erosionar los grandes pilares de la libertad como el Habeas Corpus, el derecho a recurrir a un tribunal independiente cuando el Estado priva a un individuo de su libertad. Desde el principio, la cárcel en la Bahía de Guantánamo en Cuba se convirtió en el símbolo de algo insólito: el encarcelamiento sin juicio de “combatientes ilegales” a quienes se priva de todos sus derechos humanos.
El mundo ahora se pregunta cuántos más de estos humanos no humanos hay y en cuántos lugares. Para todos los demás, se proclamó un tipo de estado de emergencia que ha permitido la interferencia del Estado en los derechos civiles esenciales. Los controles en las fronteras se han convertido en un calvario para muchos y las persecuciones policíacas ahora agobian a un buen número de personas. Un clima de miedo ha hecho la vida difícil para cualquiera que parezca sospechoso, especialmente para los musulmanes. Esas limitaciones a la libertad no tuvieron mucha oposición del público cuando se adoptaron. Al contrario, con mucho, fueron los críticos y no los que apoyaban estas medidas quienes se vieron en problemas. En Gran Bretaña, donde el primer ministro Tony Blair apoyó por completo la actitud estadounidense, el gobierno introdujo medidas similares y hasta ofreció una nueva teoría. Blair fue el primero en argumentar que la seguridad es la primera libertad. En otras palabras, la libertad no es el derecho de las personas a definir sus propias vidas, sino el derecho del Estado a restringir la libertad personal en nombre de una seguridad que sólo él puede definir. Éste es el inicio de un nuevo autoritarismo.
El problema existe en todos los países afectados por la amenaza del terrorismo, aunque en muchos no se ha hecho tan específico. En la mayoría de los países de Europa continental el “11 de septiembre” sigue siendo una fecha estadounidense. Hay incluso un debate -y en efecto algunas pruebas- con relación a la pregunta sobre si el involucrarse en la “guerra en contra del terrorismo” ha aumentado de hecho la amenaza de los ataques terroristas. Los alemanes ciertamente usan este argumento para mantenerse fuera de las acciones siempre que sea posible.
Sin embargo, esta postura no ha impedido que se extienda algo para lo que se ha adoptado una palabra en alemán: Angst. Una ansiedad difusa está ganando terreno. La gente se siente preocupada, especialmente cuando viaja. Ahora de cualquier accidente de tren o de avión se sospecha primero que haya sido un acto de terrorismo. Por lo tanto, el 11 de septiembre ha significado, directa o indirectamente, una gran sacudida, tanto a nivel psicológico como a nuestros sistemas políticos. Si bien la lucha contra el terrorismo se lleva a cabo en nombre de la democracia, la misma ha conducido de hecho a un marcado debilitamiento de la democracia debido a la legislación oficial y a la ansiedad popular. Una de las características preocupantes de los ataques del 11 de septiembre es que es difícil ver su propósito más allá del resentimiento de los perpetradores contra Occidente y sus costumbres. Pero las características claves de Occidente, la democracia y el Estado de Derecho, han recibido un golpe mucho peor a manos de sus defensores que de sus atacantes.
Por encima de todo, se necesitan dos cosas para restaurar la confianza en la libertad dentro de las democracias afectadas por el legado del 11 de septiembre. Debemos asegurarnos de que la legislación pertinente para enfrentar los retos del terrorismo sea estrictamente temporal. Algunas de las limitaciones actuales al Habeas Corpus y las libertades civiles tienen cláusulas de extinción que limitan su validez. Los parlamentos deben reexaminar todas esas reglas con regularidad.
En segundo lugar, y más importante, nuestros dirigentes deben tratar de calmar la ansiedad del público en vez de aprovecharse de ella. Los terroristas con los que actualmente estamos en “guerra” no pueden ganar, porque su visión oscura nunca obtendrá legitimidad popular. Razón de más para que los demócratas se levanten para defender nuestros valores, en primer lugar actuando en concordancia con ellos.
Trad. de Kena Nequiz

Ralf Dahrendorf, ex Comisario Europeo de Alemania, es miembro de la Cámara de los Lores británica, ex Rector de la London School of Economics y ex Decano del St Antony’s College de Oxford.
Copyright: Project Syndicate/Instituto para las Ciencias Humanas, 2006.

LIBERTAD Y SEGURIDAD. LA FRAGILIDAD DE LOS DERECHOS (III). 12 de Setembro, por Joana Amaral Dias

O mundo mudou depois do 11-9-2001. Mudou para pior. Os objectivos a que a Administração Bush se propôs foram gorados. Ben Laden não foi capturado e a invasão do Iraque, para além de ter sido justificada com uma estridente patranha, é um rotundo fracasso. Os EUA enfraqueceram os seus laços e a sua diplomacia. Sobretudo a sua autoridade moral. Embora o núcleo da Al-Qaeda tenha sido lesado, a organização pulverizou-se. Assistimos à sua mimetização, à proliferação de pequenas al-qaedas, capazes de perpetrar mais barbaridades. Mesmo na Europa, que, à excepção do Reino Unido de Blair, se distanciou da inábil estratégia estado-unidense. Cinco anos depois dos medonhos atentados às Torres Gémeas, a causa jihadista conquista cada vez mais poder político e, na "guerra contra o terrorismo", o nosso próprio mundo tornou-se menos livre e menos seguro. O Ocidente trocou uma larga fatia das suas liberdades pela segurança e corre o risco de perder ambas. Entre a videovigilância e o controlo da Internet, chegou-se a um ponto intimidador de muitos dos direitos e garantias fundadores das nossas democracias. Mas os métodos de detenção, interrogatório e tortura utilizados pelos EUA - agora confirmados pelo próprio Bush depois de os ter negado - mostram que o Ocidente se aproxima do fundamentalismo que pretende combater. Prisioneiros em pé e sem dormir durante quarenta horas; enclausuramento em quartos gelados; cabeças embrulhadas em celofane e submersas em água, só podem levar-nos a perguntar: até onde estamos dispostos a ir? Qual o nosso próprio limite? E a lamentar e condenar quem está determinado a defender os valores das nossas democracias, subvertendo e espezinhando esses mesmos valores. A revista Atlantic Montlhy sentenciava, lucidamente, que não são os actos de terrorismo que estão a destruir os EUA. São antes as suas respostas ao terrorismo que o fazem. A "guerra contra o terrorismo" parece corroborar as acusações de Ben Laden - a humilhação dos muçulmanos e apropriação dos seus recursos. Os métodos utilizados em Guantánamo ou no Iraque aproximam-nos do fanatismo. E, ainda assim, há quem insista no "choque de culturas", cavando o fosso e consumando, escrupulosamente, o sonho terrorista. É assim que este 12 de Setembro ameaça tornar o "nosso mundo" numa civilização do passado.

Joana Amaral Dias es psicóloga [genecanhoto@mail.com]

Publicado en Diário de Notícias (Lisbia), ed. de 11 de septiembre de 2006

Homenaje a las Víctimas de todos los "11-S". Zona Cero & Arco Iris

Sunday, September 10, 2006

11-S y ficción literaria. Martin Amis

En la literatura del 11-S destacarán pronto como novedades editoriales en España la novela de John Updike, Terrorist (Alfred A. Knopf, New York, 2006, 310 pp.) y el libro de relatos de Martin Amis The House of Meetings (Jonathan Cape, London), cuya aparición en lengua inglesa está prevista para el próximo 28 de septiembre. En él se incluye el relato que lleva por título "The Last Days Of Muhammad Atta"; una ficción narrativa de lo que ese terrorista hizo, pensó y vivió días antes de subir al avión que luego estrellaría contra las Torres Gemelas. Un auténtico viaje a la mente del criminal.

El diario bonaerense Clarín, en su ed. impresa de 10 de septiembre de 2006 publica en exclusiva para la Argentina la traducción esa impactante y polémica ficción, que aquí reproduzco.


Ninguna prueba física, documental o analítica aporta una explicación convincente de por qué (Mohamed) Atta y (Abdulaziz al) Omari viajaron en auto hasta Portland, Maine, desde Boston en la mañana del 10 de septiembre, solo para regresar a Logan en el Vuelo 5930 la mañana del 11 de Septiembre. Informe de la Comisión 11/9.
El 11 de septiembre de 2001, abrió los ojos a las 4:00 h, en Portland, Maine; y comenzó el último día de Mohamed Atta. ¿Cómo era la escena en que despertó? Una habitación en un hotel, del tipo designado como "económico" en su guía -un nivel por encima de "básico". Era un Repose Inn, parte de una cadena. Pero no era como los otros Repose Inns en los que se había alojado: en establecimientos higiénicos, con mucha actividad. Este lugar era pesado y solemne, laberíntico y tan viejo como la mayor parte de su clientela. Y era barato. Bueno. El acolchado de nylon pesado como un chaleco de plomo; un televisor grande cuadradote sobre la cómoda enfrente; y la heladera blanca abollada -donde, como si nada, el motivo por el cual Mohamed Atta estaba en Portland, Maine, estaba enfriándose en un estante... La particular frugalidad de esas últimas semanas era parte de un combate devocional que estaba llevando adelante. Igual que los otros, asistía a sus oraciones, pagaba sus limosnas, se lavaba a menudo, comía poco. (Pero no era como los demás.) Unos días antes, sus fondos operativos adicionales —unos veintiséis mil dólares— habían sido girados sobriamente de vuelta al intermediario en Dubai.Se bajó de la cama y llamó a Abdulaziz, que ya estaba dando vueltas, y ya rezando quizá, en el cuarto de al lado. Después al baño: el trabajo de la ablución, la tortura de la excreción, el tormento de la depilación. Accionó el botón de la ducha y se quitó los calzoncillos. Entró y se sometió a la caricia húmeda y fría de la cortina de plástico sobre la pantorrilla y el muslo. Luego, pasó un tiempo increíblemente largo tratando de sacar un pelo del jabón. La hebra forastera no dejaba de cambiar de forma —signo de interrogación, símbolo de infinito— pero no se movía; y el jabón, no más grande que una caja de fósforos cuando empezó, apenas existía cuando terminó. Después, como sucede a veces en estos hoteles viejos, enormes y esencialmente bienintencionados y generosos, el chorro de agua se entrecortó y pasó, en un instante, de una destilación tibia a un chorro fundido; y mientras luchaba por salir del cuadrado patinó sobre un saché de champú y se cayó pesada y abruptamente sobre su cóccis. Tuvo que incorporarse bañado en vapor y se raspó la cabeza contra el umbral metálico dentado de la ducha. Después de un rato, lentamente se puso de pie y permaneció así, con las manos en las caderas, los ojos solo apenas cerrados, la cabeza gacha, esperando recuperarse. Se secó con una toalla blanca delgada y detectó un padrastro reluciente.Acto seguido, emitiendo un suspiro de una lobreguez sin reserva, se desplomó en el inodoro. Ni siquiera se molestó en hacer sus muecas habituales, y en distenderse y temblar, en pare porque sentía la cabeza peligrosamente embotada. Más conspícuamente, no movía el intestino desde ma yo. En general, la parte superior de su cuerpo era increíblemente esbelta, de todas las horas en el gimnasio con los sauditas "musculosos"; pero ahora había un solemne montículo donde antes estaban sus abdominales, tan orgulloso y tieso como un embarazo de cuatro meses. Tampoco era ésa la única secuela. Sentía un dolor afiebrado y constante, no en las vísceras sino en la parte inferior de la espalda, en la depresión pélvica, y en el escroto. Con un intervalo de pocos minutos tenía que esperar un interludio de náuseas, mientras los jugos gástricos no utilizados burbujeaban en el pozo de su garganta. Su aliento olía a río contaminado. Aún faltaba lo peor: afeitarse. Afeitarse era lo peor porque lo obligaba forzosamente a la contemplación de su cara. Miró para abajo mientras se rasuraba las mejillas pero luego apareció el mentón y allí estaba, revelada por la navaja en franjas verticales: la cara de Mohamed Atta. Un año antes, después de Afganistán, se había despedido de su barba. Hirsuta y oblonga y levemente ladeada, había tenido el efecto de suavizar los rasgos disgustados de su boca, y había ocultado totalmente el ánimo franco de su mandíbula de abajo adelantada. Por dentro estaba controlado, pero su cara era de alguna manera incontinente, o al menos eso pensaba Mohamed Atta. El odio, el odio por todo, estaba esculpido en ella, desde adentro. Le parecía increíble que todavía lo dejaran caminar por las calles, mucho más entrar en un edificio o abordar un avión. Otro día, un día más, y no lo dejarían. ¿Cómo no lo señalaban, cómo no se encogían de miedo, cómo no salían corriendo? Y sin embargo a esa cara, a esa altura ya casi cómicamente malvada, pronto le sonreiría, e incluso le dedicaría una aparente atención (su pasaje era business) la azafata predestinada. Una hipótesis. Si se bajaba de la operación de los aviones, y ésta seguía adelante sin él (o si de alguna manera sobrevivía), nunca podría volver a viajar por aire en Estados Unidos ni en ninguna otra parte —no por aire, no por tren, no por barco, no por autobús. El perfil no tendría por qué ser racial; sería facial simplemente. Ningún hombre, ninguna mujer en su sano juicio aceptarían quedar confinados en su proximidad. Con esa cara, día a día más gangrenosa. Y ese nombre, el nombre con el cual viajaba, también una promesa de venganza: Mohamed Atta.En la última década, solamente un ser humano había experimentado un placer obvio al poner los ojos en él, y ése era el Jeque. Había ocurrido en su encuentro de presentación, en Kandahar, donde, en apenas unos minutos, el Jeque lo había designado jefe de operaciones. Mohamed Atta sabía que lo primero que le preguntaría era si estaba dispuesto a morir. Pero mientras lo decía, el Jeque sonreía, casi con ojos de amor. "La pregunta está de más", comenzó. "Ya veo la respuesta en tu cara".
El horario de salida del vuelo local de Colgan Air a Logan eran las seis. O sea que tenía una hora. Se vistió (la camisa azul marino, los pantalones negros) y se paró frente a la cómoda, torpemente, con las piernas separadas. Tenía delante dos documentos. Bostezó, luego estornudó. Mientras se afeitaba, Mohamed Atta, por primera vez en su vida se había cortado el labio (el inferior); a una velocidad sorprendente el corte se había arreglado como una imitación convincente de una cicatriz fría. Más excepcional todavía, también había cortado levemente la voluta carnosa de su fosa nasal derecha, liberando una reserva de sangre aparentemente inagotable; no podía parar de levantarse para ir a buscar más pañuelos dejando atrás una estela de papeles salpicados. Sentía que los temas de recurrencia y prolongación ya estaban empezando a asociarse con su último día. El Documento Nø. 1 apareció desplegado en su laptop. Era su testamento, redactado en abril de 1996, cuando los pensamientos del grupo habían pasado a concentrarse en Chechenia. Dos amigos marroquíes, Mounir y Abdelghani, ambos devotos, habían sido sus testigos, o sea que había incluido una cantidad considerable de fórmulas santurronas. Cualquier cosa vieja serviría. "Durante mi funeral, quiero que todos mantengan silencio porque Dios dijo que le gusta el silencio en tres ocasiones, al recitar el Corán, durante el funeral y al estar prosternado". ¿Prosternado? ¿Lo había escrito mal? Otra disposición le saltó a los ojos y su entrecejo se frunció aún más: "La persona que lave mi cuerpo cerca de mis genitales debe usar guantes en las manos para no tocarlos." Y esto: "No quiero que ninguna mujer embarazada o persona que no esté limpia venga a decirme adiós porque no lo apruebo". Bueno, esas ansiedades ahora eran académicas. Nadie le diría adiós. Nadie lo lavaría. Nadie tocaría sus genitales.Había otro documento sobre la superficie de la cómoda, una libreta de cuatro páginas en árabe, armada por la oficina de información de Kandahar (y atada con una cinta mugrienta). Les habían dado una a cada uno; los otros pronto sacarían sus ejemplares personales y menearían la cabeza y se balancearían y murmurarían una hora tras otra. Pero Mohamed Atta no era como los otros (y pagaba su precio por eso). Recién empezaba a verlo. "Átese bien los cordones de los zapatos y use medias ajustadas que se adhieran a los zapatos y no sobresalgan". Consideró que era un consejo atinado. "Que cada uno de ustedes afile su cuchillo y mate a su animal y obtenga consuelo y alivio de su matanza". Una referencia, presumiblemente, a lo que pasaría a los pilotos, los primeros oficiales, los asistentes de vuelo. Dicen que algunos de los sauditas habían matado sanguinariamente ovejas y camellos en Khaldan, el campo de adiestramiento cerca de Kabul. Mohamed Atta no esperaba disfrutar esa parte: el uso ejemplar de los cortantes. Se imaginó a las mujeres, con sus uniformes y sus camisas de cuello abierto. No pensaba que le gustaría; no esperaba que le muerte le gustara en esa forma.Entonces volvió a sentarse y sintió la inminencia de las náuseas: se iba acumulando y luego se diseminaba dentro de él. Su mente, en la medida que era separable de su cuerpo, estaba cerca de la "tranquilidad total" ensalzada y recomendada por Kandahar. Un tipo muy diferente de hombre de treinta y tres años tal vez habría sentido la misma seguridad extasiada contemplando una tarde en un departamento prestado con su verdadero amor (y obsesión sexual). Pero la mente de Mohamed Atta y su cuerpo no eran separables: ésa era la dificultad; era el problema mente-cuerpo -en su caso, fantásticamente agudo. Mohamed Atta no era como los otros, porque estaba haciendo lo que estaba haciendo por la razón esencial. Los otros estaban haciendo lo que estaban haciendo por la razón esencial, también, pero habían alcanzado la sublimación, por medio del ardor jihadi; y sus cuerpos habían sido convencidos por esta disposición y se habían sumado. Comían, bebían, fumaban, sonreían, roncaban; subían los escalones de a dos. El cuerpo de Atta no se había sumado. «él estaba haciendo lo que estaba haciendo por la razón esencial y nada más que por la razón esencial."Purifica tu corazón y límpialo de toda mancha. Olvida y sé indiferente a lo que es llamado Mundo". Mohamed Atta no era religioso; no era particularmente político. Se había aliado a los militantes porque la jihad era, en muchas dimensiones, la idea más carismática de su generación. Unir ferocidad y rectitud en una sola palabra: no había nada que pudiera rivalizar con eso. Se conformó a eso e hizo las cosas que impresionaron a sus pares; coleccionó citas, obras de caridad, peregrinaciones, teorías conspirativas y así sucesivamente, como otros coleccionaban autógrafos o latas de cerveza. Y eso se ajustaba a su carácter. Eliminando todas las estupideces sobre la fe, el fundamentalismo se ajustaba a su carácter, y casi con una precisión siniestra. Por ejemplo, la actitud hacia las mujeres: le resultaba sumamente armoniosa la mezcla de hostilidad extrema y de cautela extrema. Además, le gustaba la idea de la hermandad, aunque por supuesto despreciaba absolutamente al contingente actual, particularmente a sus colegas pilotos: Hani (el Pentágono) a quien apenas conocía, pero Marwan (la otra Torre Gemela) lo sacaba de quicio y casi lo fascinaba el nivel de su desprecio por Ziad (el Capitolio)... El adulterio castigado con azotes, la sodomía con sepultura en vida: a Mohamed Atta esto le parecía bien. Y también adhería en el odio por la música. Y el odio por la risa. "¿Por qué nunca se ríen?" solían preguntarles a él y a los otros. Ziad respondía, "¿Cómo puede uno reírse cuando hay gente muriendo en Palestina?" Mohamed Atta nunca se reía, no porque se muriera gente en Palestina sino porque nada le parecía gracioso. "Lo que llaman Mundo". También eso le hablaba a él. El mundo siempre le había parecido una ilusión, una burla irreal. "El tiempo entre tú y tu casamiento en el cielo es muy breve". Ah, sí, las vírgenes: seis docenas, la mitad de una gruesa. Había leído en una revista de noticias que "vírgenes", en el libro sagrado, era una mala traducción del arameo. Debía decir "uvas". Se preguntaba vagamente si el equívoco tendría algo que ver con "sultana", que significaba (a) una uva pequeña sin semilla, y (b) la esposa o concubina de un sultán. Abdulaziz, Marwan, Ziad y los otros: no se sentirían demasiado complacidos si al llegar a Jardín, encontraban un paquetito rojo de Sun-Maid Sulanas (Contenido medio 72). Mohamed Atta, con dos títulos de arquitectura, su excelente Inglés, su excelente Alemán: Mohamed Atta no creía en las vírgenes no creía en el Jardín. (¿Cómo iba a creer en semejante paraíso inverosímil y desalentadoramente fálico? «Él era un apóstata: eso era exactamente. No esperaba el paraíso. Lo que esperaba era el olvido. Y, es extraño decirlo, no encontraría ninguna de las dos cosas. Empacó. Se detuvo un momento y se inclinó sobre la heladera abollada, luego se irguió y caminó hacia la puerta.
En su descenso, el ascensor, en una sucesión de pacientes sufrimientos, paró en el piso undécimo, el décimo, el noveno, el octavo, el séptimo, el sexto, el quinto, el cuarto, el tercero y el segundo. Personas mayores, vacilantes y con expresiones de desconfianza, entraban y salían; cuando lo hacían, uno de los suyos oprimía el botón puerta-abierta con un pulgar marfánico, insolente. Y a esa hora, además: casi no había luz. Mohamed Atta se horrorizó brevemente ante la idea de que todos eran amantes, que volvían temprano a sus camas. Pero no: tenía que ser la falta de sueño, el insomnio de la edad, las vigilias tempranas de la edad. Sus esfuerzos por mantenerse vivos, en cualquier caso, le parecieron esencialmente innobles. Se había sentido igual en el hospital la noche anterior, cuando había ido a ver al imán... Consultando su reloj cada diez o quince segundos, decidió que este viaje hacia abajo era tiempo muerto, todo lo muerto que puede llegar a estar el tiempo, como hacer cola, o una luz roja interminable, o mirar estúpidamente el equipaje en la cinta de un aeropuerto. Allí estaba, de pie, cercado por la palidez y la decadencia, y martirizado por complejas revulsiones. Abdulaziz lo esperaba bajo la débil luz y la música ambiental del hall. Silenciosos, en ayunas, se incorporaron a la fila del checkout. Pasó más tiempo muerto. Mientras ajustaban el paso y avanzaban en lo que quedaba de la noche hasta el estacionamiento, Mohamed Atta, con un espíritu no muy generoso, consideró a su colega. Ese saudita musculoso en particular tenía un aspecto de ternero fláccido como el de Ahmed al Nami —el chico lindo del pelotón de Ziad. Por otro lado, Abdulaziz, con su cara levemente africana, sus ojos infantiles, era fácil de dominar, de una manera casi insultante. Tenía esposa y una hija en el sur de Arabia Saudita. Pero eso influía tan poco en él que era como decir que tenía una camioneta en el sur de Arabia Saudita. También había llevado a cabo, increíblemente, ciertos deberes devotos en su mezquita local. Y sin embargo, era Abdulaziz quien llevaba la navaja, Abdulaziz quien estaba listo para aplicarlo a la carne de la auxiliar de a bordo. Cuando llegaron al auto, Abdulaziz dijo unas pocas palabras en plegaria a Dios, agregando, con cierta intención de desenvoltura.
"Bueno. Empecemos nuestros ´estudios de arquitectura´".
Muhammad Atta sintió que su cuerpo experimentaba un sobresalto involuntario. "¿Quién te lo dijo?", dijo. "Ziad".
Cargaron el auto y se instalaron en los asientos delanteros. Abdulaziz en principio no tenía por qué estar al tanto del código del objetivo. "Derecho", era el Capitolio. "Política", era la Casa Blanca. En las charlas con el Jeque había habido una competencia fuerte por "arquitectura" (el World Trade Center) y "artes" (el Pentágono), pero no se habían puesto de acuerdo respecto de un tipo de objetivo totalmente distinto, a saber "ingeniería eléctrica". Eso era la planta nuclear que Mohamed Atta había visto en uno de los vuelos de entrenamiento cerca de Nueva York. En una actitud desconcertante, el Jeque había retirado su bendición —pese a la posibilidad presumiblemente atractiva de transformar amplias franjas de costa oriental en un cementerio de plutonio para los siguientes setenta milenios (o sea, hasta el año 72001). Pero Mohamed Atta sintió un dilema moral, una silenciosa sugerencia de que ese gesto podía ser considerado exorbitante. Fue el primero y único indicio de que, en su guerra cósmica contra los enemigos de Dios, había algún tipo de límite máximo. Mohamed Atta se preguntaba a sí mismo con frecuencia: ¿El "Jeque" estaba dispuesto a morir? A lo largo de sus conversaciones había aflorado que pese a estar visiblemente reconciliado con el eventual martirio (no lo haría de otra manera, etcétera) el Jeque sentía muy poca atracción personal hacia la muerte; y muy pronto sería además famoso, profetizaba Mohamed Atta, por la obstinación con que la eludía.
Esos encuentros y discusiones —con el Jeque y posteriormente con su emisario yemení Ramzi bin al-Shibh— perdían ahora peso y valor en la mente de Mohamed Atta, opacados por la indisciplina de Ziad, por la promiscuidad de Ziad (y, si Abdulaziz sabía, entonces, todos los sauditas sabían). Volvió a pensar en su histórica conversación con Ramzi, por teléfono, la tercera semana de agosto.
"Nuestros amigos están ansiosos por saber cuándo comienza tu curso".
"Sería más interesante estudiar ´derecho´ cuando se reúna el Congreso."
"Pero no deberíamos postergarlo. Con tantos estudiantes nuestros en Estados Unidos..."
"Está bien. Dos ramas, un trazo oblicuo y una amapola".
Ramzi volvió a llamarlo y dijo, "Para dejar todo claro. ¿El once del nueve?"
"Sí", confirmó Mohamed Atta. Y fue la primera persona en el mundo que lo dijo, que lo dijo de esa forma: "Once de septiembre".
Había guardado el secreto hasta el 9 de septiembre. Ahora, por supuesto todos lo sabían: el día había llegado. Estaba impaciente por su conversación telefónica con Ziad, que estaba prevista para las 7:00 h. Ziad seguía afirmando que no se había decidido entre "derecho" y "política". Parecía "derecho". Como objetivo, la casa del Presidente había perdido gran parte de su atractivo cuando establecieron, hasta donde pudieron, que el Presidente no estaría allí.
Para ese momento, el Presidente se aprestaba a correr, a la mañana temprano, en Sarasota, Florida, donde Mohamed Atta había aprendido a volar, en Jones Aviation, en septiembre de 2000.
El dolor de cabeza empezó durante el viaje al Aeropuerto Internacional de Portland. En los últimos meses se había convertido en una especie de experto en dolores de cabeza. Y sin embargo ahora le parecía que aquellas jaquecas iniciales apenas merecían considerarse tales: "esto" era un dolor de cabeza. Al principio atribuyó su virulencia a su accidente en la ducha; pero después el dolor le subió hasta la coronilla y se estableció, como una anguila eléctrica, de un oído al otro, de un ojo al otro, y después los dos. Tenía dos dolores de cabeza, no uno, y aparentemente estaban en guerra. El auto, un Nissan Altima, era flamante, recién salido de fábrica, y le había parecido una especie de premio el 10 de septiembre, pero ahora su aire cerrado al vacío sabía a mareo y al olor de los barcos por debajo de la línea de flotación. De pronto, su visión se pixeló con pequeños enjambres de puntos ciegos. De modo que tuvo la necesidad de hacerse a un lado y decirle a un sorprendido Abdulaziz que tomara el volante.
El nivel de tránsito parecía desmesurado. Estadounidenses, ya en plena actividad... Más allá de atormentar a su pasajero con miradas regulares de preocupación, Abdulaziz manejaba con su habitual atención supersticiosa, asaltado por pequeños miedos, ese día. Mohamed Atta se esforzaba por no moverse en su asiento; camino al estacionamiento, diez minutos antes, se había esforzado por no correr; en el ascensor, otros diez minutos antes, se había esforzado por no gemir ni gritar. Siempre se estaba esforzando por no hacer algo.
Eran las 5:35. Y en ese momento empezó a reflexionar en el desvío a Portland: una empresa pueril, tal como lo veía ahora. Su grupo era competitivo no solamente en devoción sino también en impulso nihilista, en despreocupación nihilista; y se le había ocurrido que sería decididamente sofisticado pasear de un extremo de Logan al otro con menos de una hora. Por otro lado, también estaba la perspectiva, irritante como nunca para el corazón, de su conversación con Ziad. Pero la razón para ir a Portland había sido fundamentalmente frívola. No lo habría hecho si Internet, el 10 de septiembre, no le hubiera garantizado tantas veces que el 11 de septiembre sería una mañana radiante.
Y no se solazó con la idea de que ya era, después de todo, 11 de septiembre, y que se podía llegar a los aeropuertos sin mucho tiempo de anticipación.
"¿Hiciste las valijas vos mismo?"
La mano de Mohamed Atta trepó hasta su ceño.
"Sí", dijo.
"¿Las has tenido todo el tiempo"
"Sí".
"¿Alguien te pidió que le llevaras algo?"
"No. ¿El vuelo sale a horario?"
"Tendrías que hacer tu conexión."
"¿Y las valijas siguen de largo?"
"No. Tendrá que volver a despacharlas en Logan."
"¿Quiere decir que voy a tener que pasar por todo esto de nuevo?"
Más allá de cualquier otra cosa que haya logrado el terrorismo en estas últimas décadas, es indudable que produjo un claro aumento del aburrimiento mundial. No tomó mucho tiempo hacer y responder esas tres preguntas —unos quince segundos. Pero esas preguntas y respuestas sobre el tiempo muerto eran repetidas, sin ninguna variación, cientos de miles de veces por día. Si la operación con los aviones salía adelante como estaba previsto, Mohamed Atta legaría más, quizá mucho más tiempo libre a nivel planetario. Era adecuada, quizás, y no paradójico, que el terror promocionara también marcadamente su opuesto más obvio. El aburrimiento.
Resulta que Mohamed Atta era un recluta del Sistema de Inspección Previa de Pasajeros por Computadora (CAPPS su sigla en inglés). Lo cual significaba que su bolso despachado no sería acomodado hasta que él no abordara el avión. Eso era en Portland. En Logan, un aeropuerto "Categoría X" como Newark Liberty y Washington Dulles, y supuestamente más seguro, tres de sus sauditas musculosos serían inspeccionados por CAPPS, con las mismas consecuencias irrelevantes.
Mohamed Atta y Abdulaziz se presentaron en el mostrador del checkpoint. No les revisaron los bolsos; la vara manual no los rayó ni los lastimó. La mochila infantil de Abdulaziz con los cortantes y el aerosol paralizante, pasaron por el túnel del amor. Justo antes de abordar, otra nube de náusea envolvió a Muhammad Atta, como un montón de pequeños secuaces confabulados. Esperó que pasaran, pero no lo hicieron, y en cambio se coagularon en su buche. Mohamed Atta fue al baño de hombres y largó una braza de bilis verdosa. Seguía limpiándose la boca sucia cuando salió a la pista y subió los escalones temblorosos de metal.
El Colgan 5930 no solamente estaba atrasado: era también un avión de propulsión abierta con diecinueve plazas e iba lleno. Penosamente, tuvo que acomodarse al lado de una gorda rubia con una enfermedad en el cuero cabelludo y, encima, un bebé, cuyo increíble llanto ella trataba en vano de aplacar colocándolo reiteradamente sobre el pecho. Entre una pulsación y otra, cuando era capaz, por instantes, de un pensamiento continuo, imaginaba que la rubia era la azafata predestinada.
El avión se elevó con entusiasmo, sin nada de la dificultad tecnológica que caracterizaría el ascenso del American 11.
Había ido a Portland, Maine, para su diálogo con el imán.
El hospital, donde estaba internado moribundo, era un edificio mediano descascarado en el centro: una empresa más entre todas las demás empresas. Adentro también, Mohamed Atta no había tenido la sensación de ingresar en una atmósfera de atención vocacional —simplemente la practicidad estadounidense, sin suavizar la voz, las pisadas, sin la suavidad de las mínimas sonrisas de las recepcionistas... Camino a la guardia, avanzó a través de la calidez húmeda de cenas a medio comer o intactas y el olor sordo más pesado de las drogas. El imán estaba dormido en su cama, formando una especie de hueco, como si hubieran ahuecado un canal del tamaño del imán en el colchón. Mohamed Atta observó que tenía los labios gris oscuro, como los labios de los perros. El tiempo muerto pasaba. En un momento, el imán se despertó y descubrió la mirada sin humor de Mohamed Atta. Suspiró sin contenerse. Los dos retrocedieron: a la mezquita de Falls Church, en Virginia.
"¿Tiene una cita para mí?" preguntó el imán, imprevistamente alerta.
"Es de las tradiciones. El Profeta dijo, ''Aquel que se mate con un cuchillo será atormentado con ese cuchillo en los fuegos del Infierno... Aquel que se arroje de una montaña y se mate se arrojará a sí mismo a los fuegos del Infierno por los siglos de los siglos... Quien se mate de la manera que fuere en este mundo será atormentado de esa manera en el Infierno''.
"Siempre hay excepciones. No debemos olvidar que estamos en la tierra del descreimiento", dijo el imán y siguió enumerando los crímenes de los estadounidenses.
Eran por demás conocidos para su visitante, que consideraba reales los motivos de queja.
Según cómo se contara, Estados Unidos era responsable por una razón u otra de muchas millones de muertes. Pero Mohamed Atta no estaba convencido de una equivalencia moral. Algunos sistemas de armamentos afirmaban ser precisos; el poder no era preciso. El poder era siempre un monstruo. Y nunca había habido un monstruo de la dimensión de Estados Unidos. Cada vez que se daba vuelta mientras dormía arrastraba desastres que aplastaban pueblos. Eran errores y perversidades y crueldades calculadas; y no había ningún reconocimiento, ninguno. No obstante, Estados Unidos no derrochaba ingeniosidad en sus esfuerzos por matar a los inocentes.
"¿Es una instalación enemiga?" preguntaba con agudeza el imán.
Mohamed Atta no respondió. Dijo simplemente, "¿Lo tiene?"
"Sí. Y lo necesitarás".
La mano del imán, para la mirada lejos de comprensiva de Atta, parecía y sonaba como la garra delantera de una langosta resonando contra el laminado de la mesa de noche; se abrió el armario, como un puente rebatible. Lo que había adentro era igual a una botella medio vacía de 16 onzas de Volvic.
"Tómalo, no al despertarte, sino cuando sientas que tu prueba está cerca. Ahora bien. Tuviste la amabilidad de decir que describirías tu iniciación".
Se era el intercambio: quería que le hablara del Jeque. Recién en ese momento, el imán abruptamente se puso de costado, de cara a Mohamed Atta, y por un instante su postura evocó repulsivamente la de un niño que se apresta a escuchar un cuento antes de dormirse. Pero ese abandono no era sino parte de una maniobra más amplia del imán. Se echó hacia atrás e incorporándose de tal manera que algunos pelos, por lo menos, quedaron en la almohada.
Mohamed Atta había supuesto irreflexivamente antes que trazaría para el imán una imagen tranquilizadora, idealizada incluso, del Jeque —el visionario de dedos alargados en la cima de la montaña que sin embargo, en toda su humildad y su apertura, seguía siendo un simple guerrero de Dios. Ahora se recompuso. Nunca en su vida había dicho lo que pensaba. El olor de las drogas era particularmente fuerte junto a la pileta amarilla, a medio metro de su nariz.
"Tuve varios encuentros con él", dijo, "en el campo de Faruq, en Kandahar. Y en las Granjas Tarnak. Es hechizante - eso es. Cuando habla de la derrota de los rusos... Oírselo decir, no fue Occidente el que ganó la Guerra Fría. Fue el Jeque. Pero necesitamos terriblemente ese hechizo, ¿no? La fascinación del éxito."
"Pero los éxitos son reales. Y esto es sólo el comienzo".
"Sus esperanzas de victoria dependen de la participación activa de la superpotencia", dijo Mohamed Atta.
"¿Qué superpotencia?" "Dios. De ahí la crisis actual". "¿Es decir?"
"Viene del dolor religioso, ¿no le parece? Durante siglos, Dios ha castigado a los creyentes y recompensado a los infieles. ¿Cómo explica esa indiferencia?"
O su enemistad, pensó, mientras abandonaba la cabecera del enfermo y la guardia. Consideraba también que podría ser así, subconscientemente, por supuesto: si la oración y la devoción habían fracasado —fracasado tan claramente— tal vez fuera tiempo de cambiar de lealtad y convocar a los otros poderes.
En Logan, él y Abdulaziz eran los únicos pasajeros en el carrusel que supuestamente tomaban el vuelo de conexión desde Portland. Y el carrusel estaba en silencio y detenido. Mirar una cinta con equipaje real dando vueltas de pronto resultaba algo bastante estimulante. Mientras tanto, las anguilas o rayas de aguijón en su cabeza libraban un combate a muerte en la zona ubicada exactamente detrás de sus oídos. A veces, por momentos interminables, podía tomar distancia del dolor y simplemente "escucharlo". Era música en su siguiente fase evolutiva, más allá de la atonal. Y constató por qué siempre había odiado la música; de todo tipo, hasta la melodía más emoliente, había entrado en su mente como dolor. Usando todas las reservas, continuó mirando las tablillas de caucho negro durante otros treinta segundos, otro minuto, luego dio media vuelta, y Abdulaziz lo siguió.
"¿Hizo las valijas solo?"
"¿Qué valijas? Ya me tomé la molestia de explicar..."
"Señor, sus valijas estarán en nuestro próximo vuelo. Tengo que hacer las preguntas sobre seguridad, señor".
Estos estadounidenses esa forma que tienen de decir "señor". Lo mismo podrían decir "hermanito"."¿Empacó usted?"
Oh, la miseria de la recurrencia, como el ascensor del hotel haciendo su antigua reverencia en cada piso, como el pelo extraño en el jabón cambiando de forma a través de una sucesión de alfabetos, como el (necesariamente) monótono gong en el interior de su cabeza. Ya antes había pensado que su mal, si es que se podía llamar así, era simplemente el mal del aburrimiento, un aburrimiento desenfrenado, donde todo el tiempo era tiempo muerto. Como si su vida entera consistiera en responder esas mismas tres preguntas, diciendo "Sí" y "Sí" y "No".
"¿Y alguien le pidió que le llevarla algo?"
"Sí", dijo Mohamed Atta. "Anoche, en el restaurante libanés, un mozo nos pidió que le lleváramos un enorme radio despertador a su primo en Los Angeles".
Su sonrisa fue amplia y breve. "Es gracioso", dijo.
Caminaron hasta la Puerta 32 y después se retiraron para ir al shopping. Con un gesto le dijo a Abdulaziz que fuera a buscar a sus compatriotas. Mohamed Atta se sentó frente a un café y se preparó para la llamada a Ziad. Ziad: el chico de la playa y fantasma de las discos de Beirut el borracho y bohemio, ahora con sus exaltaciones y postraciones, sus cantos y gemidos, su manera de balancearse y hamacarse... Confundir a Ziad, enviarlo a su muerte con un corazón lleno de duda: ésa era la razón de la delegación a Maine.En Alemania, en una oportunidad, Ziad había dicho que las prometidas en el Jardín estarían "hechas de luz". En un fuerte contraste, por lo tanto, con la oscuridad y la pesadez de sus hermanas terrestres, en particular la pesadez y la oscuridad de Aysel Senguen —la turca alemana o la alemana turca de Ziad. Mohamed Atta había visto a Aysel solamente una vez (piernas descubiertas, brazos descubiertos, cabello descubierto) en la librería médica en Hamburgo y no había olvidado su cara. Ziad y Aysel eran su experimento de control para la vida vivida según el amor sexual; y durante muchos meses los dos habían poblado sus insomnios. Sabía que Aysel había venido a Florida en enero (y que había acompañado escandalosamente a Ziad a la escuela de vuelo); también se había sentido oscuramente conmovido por el hecho de que el testamento de Ziad era una carta para ella. Y se preguntaba constantemente cómo se juntaban sus cuerpos, cómo seguramente ella se abría a él, con toda su pesadez y oscuridad... Mohamed Atta había decidido que el ardor romántico y religioso provenían de partes contiguas del ser humano: las partes que él no tenía. No obstante, Ziad, como aniquilador del "derecho" (y aniquilador del vuelo United 93), estaba debidamente equipado para el asesinato en masa. Sólo "aproximadamente" contiguas, entonces: Ziad podía decir que lo hacía por Dios, y muchos le creerían, pero no podía decir que lo hacía por amor. No lo hacía por amor, ni por Dios. Simplemente lo hacía por la razón esencial, igual que Mohamed Atta.
"¿Todo bien en Newark Liberty?"
"Todo bien. Estamos en una zona estéril. ¿Vio a su apreciado imán?"
"Sí. Y me dio el agua".
Trad. de Cristina Sardoy